Por Guillermo Aguirre González
El objeto
Los habitantes de Bello, prestos a celebrar cien años de vida municipal, pueden preguntarse sobre todos los aspectos de la vida en sociedad; pero dentro de ellos el aspecto político debe resaltarse porque, ante la mirada desprevenida y común del ciudadano aparece un hecho sorprendente: la democracia no progresa. Este hecho no es exclusivo de Bello. Es un hecho nacional que puede leerse en lo local.
Se dice que este estado de la democracia tiene causas. Entre ellas: murió al nacer. Ha sido manipulada desde el ori- gen. Ha sido patrimonio de los pudientes coloniales convertidos en burgueses republicanos. O fue y es una democracia minada por la acción paraestatal. Esta última causa, se puede desarrollar desde planos teóricos y materiales, visibles tanto en lo nacional como en lo local. Las prácticas políticas dentro de la vida republicana se han dirigido a mantener el predominio del modelo de disputar al Estado el monopolio de la fuerza.
La historia republicana de Colombia se puede leer desde el asedio del Estado por ejércitos de particulares o de grupos armados. Las guerras civiles del siglo XIX; la violencia política del siglo XX y la confrontación entre guerrilla, paramilitares, autodefensas y narcotraficantes de 1980 a 2012, son procesos de larga o mediana duración, transversalizados por poderes armados en disputa con el Estado.
El presente escrito se dedica a mostrar la existencia de este acontecer nacional, en el territorio de la municipalidad o en el espacio local de Bello. Para ello se hace el siguiente recorrido: apreciación de las aspiraciones económicas de los habitantes; recurso filosófico político de las prácticas de poder; el devenir de los poderes en disputa con el Estado y sus expresiones en Bello.
El bienestar personal se lleva de calle las instituciones
El estar dispuesto a tolerar un poder distinto al Estado municipio, se explica por el primado de la compraventa de todo, incluyendo las afinidades políticas. Esta disposición se trata con ayuda de una obra del sociólogo Jaime Osorio.1 Este autor considera que en la sociedad capitalista imperante las personas viven en la ambición del tener cada vez más, por eso se deben plantear y apreciar las relaciones individuo – colectivo como un problema a resolver desde las ciencias sociales con análisis globales, sin aplastar lo local y los mismos individuos.
Las relaciones sociales se presentan como relaciones económicas. La generalidad de los individuos piensa que lo único válido es la compraventa de cosas y fidelidades; pero detrás de lo económico están las relaciones simbólicas y significativas. Desentrañar estas relaciones simbólicas es lo que permite conocer el ser humano y luchar por una sociedad basada en valores y no en precios monetarios. La generalidad, la realidad totalizante aparece como la verdad; pero por medio de una analítica social es posible develar los comportamientos y la casuística individual y local.
Los individuos en lo local se comportan como seres que no tienen visiones holísticas o generales; por ello son capaces de destruir los derechos humanos y los valores republicanos democráticos. Para el caso colombiano, los individuos debieran defender los bienes de la democracia y el interés colectivo. La carencia del valor general o su olvido o su neutralización, ha llevado a monetizar la vida y la relación social.
Puede verse en la práctica de los dirigentes políticos bellanitas de 1980 a 2012, un comportamiento normal, una adquisición simbólica según los argumentos imperantes del primado del interés personal y que se expresan en fenómenos como el clientelismo, la parapolítica, el paraestatalismo y la privatización de lo público. Esto ocurre porque en los dirigentes, la concepción de la vida es solo economicista, o lo que es lo mismo, se comporta en el mundo del intercambio de bienes y fidelidades. No se tiene un nivel de explicación en profundidad de las relaciones sociales, actitud que permitiría una representación simbólica con base en los valores de la república democrática, valores que obligan a ser políticos transformadores y no reformistas.
El territorio de la práctica política
Con apoyo de una teorización de la política2, se dice que por convicciones filosófico políticas, los ciudadanos de Bello saben que el gobierno municipal es el garante del orden y del mantenimiento de la sociedad. Estos, en teoría, han tenido fe en el Estado municipio y lo han sostenido con la participación política y pago de impuestos; pero si se mira la práctica social, el comportamiento de los sujetos es ambivalente. Se quiere el orden social, pero se detestan las obligaciones económicas impositivas para sostenerlo.
Con esta ambivalencia se ha convivido hasta los días en que ha entrado en caída el prestigio de los dirigentes políticos. Si se hace un esfuerzo por pasar de la filosofía política, a la ciencia política; es decir, pasar de la teoría a la materia, los estudios empíricos, la observación sistémica sobre las prácticas políticas, permiten decir que desde los años ochenta del siglo XX y lo que va del siglo XXI, en el municipio de Bello, ha ganado la convicción de usurpar el Estado municipial, de reemplazar sus funciones con un grupo de prácticas que pueden denominarse, genéricamente con el nombre de paraestatalismo.
Desde la filosofía política, se llama a sostener el Estado republicano democrático, y sus contenidos garantistas, como los derechos humanos, la libertad de expresión, la movilidad, la asociación, entre otros. Pero estas convicciones chocan contra una realidad política, la cual debe ser estudiada desde la práctica, desde la observación. El ejercicio de la política en el municipio de Bello traiciona los principios y valores republicanos democráticos y muestra un Estado disuelto por el interés particular. El interés económico ha desplazado los ideales. Por lo económico la mayoría de la sociedad bellanita y su dirigencia han entrado a despreciar y a sacrificar lo público en aras del interés privado.
Al ubicarse en un plano de observación se puede detectar el siguiente fenómeno: el Estado municipio se autoproclama incapaz de garantizar la seguridad ciudadana y propugna por acciones paraestatales. Organiza a sus ciudadanos en grupos parapoliciales o mezcla al civil y al militar en acciones de orden público. Esta práctica iniciada por el Estado municipio, ha producido un control territorial de grupos de civiles armados que instauran poderes por barrios o grupos de barrios. Estos conceptos construidos a partir de la experiencia pueden tomarse como la práctica social en el municipio de Bello de 1980 a 2012.
Autoritarismo y exclusión
El paraestatalismo es un fenómeno inherente a la vida republicana en Colombia. En el siglo XIX, permitió a los caudillos regionales construir ejércitos particulares y enfrentar al caudillo nacional que ostentaba los poderes del Estado. En el siglo XX los partidos tradicionales se enfrentaron con grupos de civiles armados llamados pájaros, chulavitas o bandoleros y que a los entendidos de hoy aparecen como paramilitares; esto no es más que la permanencia del paraestatalismo. Desde los años ochenta del siglo XX, la acción y organización del paramilitarismo en Colombia debe entenderse como un proyecto autoritario de la clase política tradicional, dice León Valencia.3 Los intentos de hacer la paz con los movimientos guerrilleros, y la posibilidad de construir en Colombia un orden social incluyente y más democrático, puso en alerta a las familias oligárquicas que han tenido el poder político en el país e incluso lo han heredado.
Ese poder que ha impedido la modernización política de la sociedad colombiana, ha tenido y tiene como base el autoritarismo, para con él seguir disfrutando del monopolio de la riqueza, el clientelismo y el predominio social y racial en muchos casos. La perspectiva de permitir que los dirigentes guerrilleros, luego de un exitoso proceso de paz, ocupen puestos públicos de la república, incluida la presidencia, generó la adopción de la propuesta paramilitar, luego convertida en opción electoral. En las elecciones para el periodo 2002 – 2006 resultaron electos con votos paramilitares, veintiséis senadores. Para el periodo 2006 – 2010, se eligieron treinta y tres senadores y cuarenta y dos representantes de la misma forma.4
Las fuerzas paraestatales organizadas desde 2001 en Santa Fe de Ralito, con un carácter federativo, estuvieron en consonancia con la vocación política iniciada por la elección popular de alcaldes, de obligar a la proliferación de movimientos políticos que escaparon al control de los partidos tradicionales y se relacionaron con mucha facilidad con el paramilitarismo.
Mimesis del paraestatalismo
Desde 1980 el paraestatalismo evolucionó hacia un nuevo tipo de autodefensa y se alió con el paramilitarismo y el narcotráfico. El narcotráfico armado se consolida en la década de los ochenta como estructura mafiosa con sus ingredientes más característicos: el sicariato, bandas armadas, escuadrones de la muerte y comandos armados narcoterroristas. El sicariato se utilizó para la eliminación selectiva de personalidades, jueces, periodistas, líderes, etc., que pre- sentaban amenazas para la seguridad de la organización. Las bandas controlaron el territorio para el narcotráfico. Los “escuadrones de la muerte” hicieron “limpieza social”, eliminaron drogadictos, homosexuales y muchachos de esquina no pertenecientes a la organización. De esta época fue típico el MAS (Muerte a Secuestradores) conformado por los barones de la droga.5
El aumento de la delincuencia, el accionar de las bandas al servicio del narcotráfico, la sensación de incapacidad del Estado municipio, posibilitó la aparición de una autodefensa social, llamada “fenómeno miliciano”. Este comenzó en los últimos años de la década del setenta y se desarrolló plenamente en 1988.
Esta iniciativa miliciana fue canalizada por la guerrilla (el Ejército de Liberación Nacional Eln, el Ejército Popular de Liberación Epl, el Movimiento 19 de Abril M-19 y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Farc). Para 1993 se contaron diez grupos de milicianos en el Valle de Aburrá.
Construir el enemigo. El Bello de los ochenta
En Bello en los años ochenta del siglo XX, se generalizó la organización de grupos armados. El jefe de inspecciones de Bello, Juan Hernando Muñoz, en 1985 denunció la existencia de dos bandas: Los Monjes, que operaba en el barrio Pachelly. Se originó en los barrios Pénjamo y la Cumbre. La componían “60 jóvenes al mando de un comandante general” y dividida en brigadas con sus respectivos sub- comandantes. “El grupo tiene zonificado a Bello y cada brigada es la encargada de cobrar el impuesto a los comerciantes en la zona que le sea asignada”.6
La otra banda se denominaba Los Podridos y operaba en Niquía, de reciente formación. La componían jóvenes de diez y seis años y utilizaban revólveres y “trabucos”. Además, se vestían de negro y utilizaban en la ropa “estoperoles, cadenas y con un marcado estilo punk. Y además se movilizan en motos […] parece que son la degeneración de un grupo subversivo que se gestó en el barrio Pénjamo”.7 El jefe de inspecciones dice para finalizar su denuncia que, en octubre de 1985, en la sola inspección de Machado se denunciaron diez y ocho homicidios y cincuenta y cinco casos de droga, y culpó al decreto 1853 de 1985 que abolió la detención preventiva.
La socióloga Ángela Martínez, hace el siguiente balance de las bandas de Bello en los años ochenta:
“en el sector noroccidental o comuna 2 (Playa Rica, San Gabriel, San Martín y otros) funcionan ‘los Nevados’ y ‘los Águilas Rojas’. Se han enfrentado con ‘los Monjes’ que operan en el barrio Paraíso, al parecer por invasión de terrenos en la venta de droga. También han surgido ‘las Monjas’, cómplices de ‘los Monjes’ que se han dedicado, ad más de sus ventas, a tomarse los bailes públicos, los colegios oficiales (Fernando Vélez y Carlos Pérez) para despojar a los estudiantes de sus pertenencias […] y cuando no, a saldar venganzas o sencillamente matar en ocasiones a gentes inocentes. ‘Los Magníficos’ es otro grupo que tiene su radio de acción en París, y a veces forman coaliciones, como ocurrió entre ‘los Monjes’ y el grupo ‘Escorpión’ que opera […] en Castilla [y] en Bello, cuando se dispusieron a atacar una casa, la cual fue saqueada y dieron muerte a una anciana después de violarla- […] en el barrio la Gabriela”.8
En la tesis de grado de Iván Darío Ortega, se dice que la “Ramada” nucleó todas las bandas, en una estructura al servicio del cartel de Medellín. “Fue esta la banda que cobró la vida de gran cantidad de policías a nivel nacional y en sólo el municipio de Bello eliminó a 70 agentes”.9 En esta tesis se muestra una división territorial de las bandas en la década de los ochenta, así: Comuna 3, sector de Santa Ana: el combo de Santana, las bandas de Pacho, Kalimán, Dago y Naje (muertos en la masacre de Gómez Plata). Comuna 4, sector central de Bello: la Ramada y los Monjes. Comuna 5, sector barrio la Cumbre: Los Quilis, los Monjes y los Aguapaneleros. Y en la Comuna 7, sector barrio Niquía: la banda de Cara de Pollo.10
El accionar de estos grupos, muchos de ellos armados, crearon en los habitantes de Bello un imaginario casi apocalíptico y se dispusieron a recibir con buen agrado las propuestas de autodefensa de los gobernantes de la dé- cada. Se pueden registrar los siguientes hechos que ayudaron al imaginario: el 4 de octubre de 1985 se le hizo un atentado al monumento Choza Marco Fidel Suárez “la bomba destrozó parte de la estructura de bahareque […] y provocó grandes averías a los ventanales de la urna de vidrio que la protegen”.11 El hecho se calificó así: “solo unas mentes enfermizas pudieron planear y ejecutar el atentado contra el monumento histórico, acto que ha sido repudiado por la comunidad bellanita […] Qué ganaron […]? Excepto su satisfacción personal y malévola, nada, absolutamente nada”.12 Esta situación hace que el secretario de gobierno Óscar Montoya diga:
“Ante esta afrenta el Estado es impotente. Verdad cruda. Pero existe. El crimen se ha organizado tan de forma agresiva que no hay fuerza pública que lo contenga […] de ahí que se hace in- dispensable la defensa personal, vale decir, que la gente TIENE que organizarse y defenderse, lógico está dentro de los términos de la ley para proteger su vida, honra y bienes […] cueste lo que cueste.”13
En febrero de 1986 el mismo secretario reafirma la situación de postración del Estado municipio ante la inseguridad y muestra cómo es consciente de plantearles a los ciudadanos una salida peli- grosa: “A nadie escapa de que el Estado colombiano es incapaz de garantizarle la seguridad íntegra a sus asociados, pese a la mejor voluntad que existe en las autoridades”.14 Si los jueces no tienen forma de castigar al delincuente y el ofendido tiene que ver al delincuente libre, “la comunidad se volcaría a la defensa personal; y ello si sería peligroso para el mismo Estado. Porque es de volver a la aplicación de ‘ojo por ojo’ y ‘diente por diente’ [y la] venganza privada crearía una guerra sicológica de proporciones insospechables”.15
En 1985 la administración municipal propone la autodefensa armada comunal. Alternativa que madura. En agosto de 1986, se afirma que la administración municipal y las inspecciones de policía han instalado los Comités Comunales de Vigilancia, integrados “por personas civiles residenciadas en el sector y conocidas por su civismo y su buen comportamiento dentro de la sociedad”.16 Los comités son el producto del clamor comunal. El alcalde y su secretario de gobierno aceptaron la propuesta de la comunidad, de armar a los propietarios de residencias y conseguirles salvo- conducto:
“Los habitantes del barrio la Cabañita […] luego de varias reuniones en las cuales participaron el Alcalde Juan Ignacio Castrillón Roldán; el secretario de gobierno, Óscar Montoya Betancur; el intendente de la policía de Bello y el padre Orlando González, se organizó dicho comité, el cual quedó integrado por miembros voluntarios de la comunidad cuyos nombres permanecerán en secreto, con el objeto de hacer una labor más fructífera [el secretario de gobierno] concluyó llamando a la comunidad a que obre en legítima defensa, sin que esto sea una invitación a delinquir, porque hay que dejar a un lado el temor y defender la familia y los bienes. [El vecino debe] ser solidario con los vecinos, portar un arma de dotación personal y con ella el respectivo salvoconducto para evitar complicaciones.”17
En los barrios Obrero y Gran Avenida, parece que la iniciativa funcionaba des- de antes. Allí se trascendió la forma comité y se habló de brigada de seguridad, porque ha dado excelentes resultados; por eso además de armas pidieron formas de comunicación:
“Con el propósito de conformar brigadas de seguridad se reunieron con las diversas autoridades del municipio de Bello cerca de cien personas, habitan- tes de los barrios Gran Avenida, San José Obrero. La reunión realizada el 19 de noviembre, fue presidida por el Alcalde Juan Ignacio Castrillón Roldán, por el secretario de gobierno Óscar Montoya, el dragoneante Cortés de la policía metropolitana y el presidente de la Acción Comunal del barrio Gran Avenida, Jaime Grajales. […] Las brigadas de seguridad serán dotadas legalmente de armas y se establecerán mecanismos de comunicación entre los vecinos más perjudicados y entre los negociantes del sector […] hasta el momento […] han dado un estupendo resultado en los barrios la Cabañita y Cabaña, hasta el punto que […] un ampón se libró de ser masacrado por los habitantes al llegar la policía. Aquellos lo habían atado de pies y manos a un poste y a su turno le daban con piedras y garrotes a diestra y siniestra.”18
Ladrón que pase por aquí se atrapa y se castiga. Este código de justicia paraestatal se utilizó para presentar la siguiente crónica: Un grupo de delincuentes del barrio Castilla asaltó un almacén de zapatos en el barrio Cabañita y como en el cine policíaco, otro grupo de muchachos de los barrios Cabaña y Cabañita se lanzó en persecución de los asaltantes. La banda, acosada, abordó un bus de la ruta “Cabaña Parque”. Los muchachos persiguieron a pie el bus por siete cuadras y gritaban al conductor que se detuviera. “En la calle 27 con la carrera 55, frente a la iglesia de la Cabaña, el bus[…] se detuvo”. Un policía que milagrosamente pasaba por allí, ayudado por los ocho jóvenes perseguidores, apuntó su arma contra el bus y los asaltantes hicieron algunos disparos desde el interior del vehículo, mientras los pasajeros gritaban aterrorizados. A los pocos minutos llegaron refuerzos de la policía y se logró detener la banda que portaban metralletas. Posteriormente, el público que se encontraba a la expectativa estalló en aplausos y vivas a la policía.19
La calificación e interpretación de la realidad, han permitido elaborar la imagen de un enemigo. Se les dice a las bandas y a sus participantes: son la degeneración de un grupo subversivo; dieron muerte a una anciana, después de violarla; banda que en el sólo municipio de Bello eliminó a 70 agentes de policía; son unas mentes enfermizas; funcionan por satisfacción personal y malévola; el crimen se ha organizado de forma tan agresiva que no hay fuerza pública que lo contenga. Estas expresiones llevaron a crear un imaginario cuyo contenido es el vivir en una sociedad aterrorizada por seres revolucionarios sin control, que amenazan la estabilidad y que operan como la fuerza del mal. Si se tiene presente que la existencia de las ban- das son una estrategia del poder para mantener el estado de cosas y derrotar la subversión, cabe traer el siguiente pasaje del sociólogo Roger Bartra. Dice que estos fenómenos…
“quedan así transpuestos en la figura del terrorista, como rasgos esquizofrénicos, satánicos, malignos, perversos y anormales. […] la clase dominante por boca de sus profetas crea la imagen del terrorista y revela su extinción, necesaria para la supervivencia del sistema; con cierta frecuencia, el terrorista no es solamente un fragmento subversivo de la masa, aislado por el pensamiento (y la praxis) dominante; además el enervamiento objetivo de la población llega a ser fomentado por los servicios policíacos especiales del apa- rato político, de manera que ocurran expresiones terroristas: es de sobra conocido el mecanismo de la provocación política que permite catalizar la represión.”20
El orden público ha quedado en manos de civiles armados que reemplaza- ron funciones del Estado municipio. El paraestatalismo o el paramilitarismo o la autodefensa, son estrategias para pre- servar el autoritarismo de la clase política tradicional y esquivar una democracia radical e incluyente.
La autodefensa como movimiento político
Las bandas como fenómeno urbano (sicarios, milicias, narcos) fueron aprovechadas y potenciadas por el cartel de Medellín de 1985 a 1993 (tuvo a su servicio 153 de ellas). Desde 1993 se desarticulan y atomizan y entran al servicio de las empresas criminales como la Banda de la Terraza, los Triana, etc. El fenómeno se inscribe en el conflicto político. Los servicios de las bandas son comprados por la guerrilla o por las autodefensas paramilitares.21
En 1997 se crean las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) como “un movimiento político – militar de carácter antisubversivo, en ejercicio del derecho de legítima defensa”.22 Se nuclean siete grupos: las autodefensas del norte de Bogotá, las de Córdoba y Urabá, que por ser mayoría pasaron a la dirección, o coordinación, porque desde su creación las AUC de 1982 a 2003 fueron una organización confederada.23
La tarea de hacer de las Auc un movimiento político fracasó, por la base narcotraficante de sus ingresos. Este fracaso llevó a su director Carlos Castaño a renunciar en el año 2001; pero en 2002 producen un documento titulado “Declaración por la paz de Colombia” en el que aplazan la tarea de ser partido político y deciden continuar como confederados.24 Por esto se puede afirmar que el fenómeno paramilitar y de autodefensas en Colombia no es centralizado. El ser confederado obliga a entenderlo como una red con varios o muchos centros de poder.25
Las Auc crean en Medellín, el Valle de Aburrá y el oriente antioqueño, el Bloque Metro, con combatientes del oriente y el nordeste antioqueño, bajo el mando de Carlos García Fernández, llamado también Rodrigo Franco o Doble Cero, “hombre de la élite de las Auc”.26 El accionar del Bloque Metro disparó la tasa de homicidios en el Valle de Aburrá, porque diezmó el movimiento miliciano y obligó a la dispersión de la guerrilla. Grupos del Eln y las Farc desertaron y se unieron a las Auc. Doblecero centralizó el poder paraestatal. Nucleó todas las organizaciones armadas, les presentó la opción de ser exterminadas o unirse al Bloque. Este absorbió las Convivir, las Milicias, las bandas barriales o combos y se alió con la estructura mafiosa del narcotráfico.
Esta fortaleza de las autodefensas paramilitares, llegó después de la alianza con la estructura mafiosa del narcotráfico y el bloque de búsqueda de la policía y el ejército colombiano, para exterminar el cartel de Medellín. Los anteriores, conformaron la organización Perseguidos por Pablo Escobar (Pepes). Manuel Espinal, en el texto que se viene citan- do dice que esta alianza la hicieron “los hermanos Castaño Gil, las autodefensas del Magdalena Medio, los narcotraficantes ligados a los Galeano y los Moncada, organismos de seguridad del Estado, los jefes del cartel de Cali”.27
La destrucción del Cartel de Medellín dejó varios efectos que caracterizaron el final de la década de los noventa y el primer lustro de la de 2000. Murió el cartel y aparecieron estructuras mafiosas más ágiles y operativas con un accionar en red. Eficaces en el comercio de drogas y sin rigidez jerárquica. Se restauró la figura de La Oficina como empresa mafiosa dedicada a controlar territorios y eliminar competidores. Vinculó al dominio armado del Valle de Aburrá, ejercido por Don Berna, a las Auc de Carlos Castaño y se propició la expansión controlada de las bandas vendedoras de servicios mili- tares al mejor postor.28
El Bloque Metro de las Autodefensas, se alió con estructuras mafiosas, pero luego quiso atacarlas por ser narcotraficantes y ser culpables de la descomposición social, fenómeno que Doblecero quería erradicar. Esta ambivalencia hizo inefectivo el Bloque en la tarea contrainsurgente de las Auc y fue una falla que generó su destrucción.
La dirección de las autodefensas paramilitares optó por transformar el Bo que Metro en el Bloque Cacique Nutibara y eliminar físicamente a Doblecero por incapacidad de enfrentar la subversión. Para lograr desmontar el Bloque Metro y hacer la tarea antisubversiva, se aprovecharon todas las estructuras con poder efectivo y con capacidad de enfrentar a las Farc en la comuna trece de Medellín; subordinar o aniquilar a las milicias (los Comandos Armados del Pueblo Cap y las milicias seis y siete de noviembre de la comuna ocho); enfrentar las bandas de los Triana del nororiente y la de Frank al noroccidente (fronteras entre Bello y Medellín).29
Del comité cívico a los combos y bandas. El Bello de los noventa
Asciende la alternativa miliciana, en los primeros años. Lucho un dirigente de las milicias entrevistado en 1991 dijo que se tenían milicias en todo el Valle de Aburrá y que en Bello tenían las milicias Pueblo Unido30; pero el movimiento miliciano entra a ser domeñado por las autodefensas paramilitares y el poder efectivo de las bandas armadas del narcotráfico. Como herencia de los Pepes se presentaron en Bello siete bloques de poder paraestatal: el Trapiche, Pachelly, Niquía, La Camila, París, Machado y el Centro.31
Estos bloques sobrepasaron la capacidad de los comités de autodefensa de los años ochenta. En el año 1991, en el sector del Barrio Paraíso, un grupo de ciudadanos se reunió para crear una organización de defensa. Y en septiembre de 1990 el alcalde Federico Sierra dice a El Tiempo que tras el desmonte de la Jefatura Militar la inseguridad se agudizó (boleteo, chantaje y extorsión de familias y comerciantes) y como respuesta “Los habitantes de El Mirador dijeron que esperarán veinte días para que las autoridades atiendan su llamado. En caso contrario, asumirán la recuperación de la tranquilidad del sector, a través de un grupo de autodefensa”.32 Muchos de los participantes en estas iniciativas fueron asesinados y otros sufrieron desplazamiento.
La red de combos combina todas las actividades que les produzca dinero en sus territorios; el proceso de monopolio del poder iniciado por Don Berna, dio a estos bloques de Bello, la posibilidad de financiarse y en esa medida iniciaron un proceso de extorsión masiva en su territorio, incluidas la viviendas.
En los años noventa en el municipio de Bello, el control de las Auc, se dedicó a establecer la red y postró el Estado municipio. En el ejercicio de la política hubo de pedirle salvoconducto y se inició así el camino de la parapolítica. En la revista Semana del 9 de junio del 2007 se registra una declaración del paramilitar José Raúl Mira Vélez, en la que dice que en el año 2000 participó en reuniones entre Autodefensas y Luis Alfredo Ramos. Refiere los siguientes términos:
“Mira aseveró que Ramos habría ayudado con logística unas motocicletas para incrementar el poderío paramilitar en el municipio de Bello, donde -según él- también colaboró con la organización ilegal el dueño de la empresa Bellanita de Transportes, Hugo Albeiro Quintero. Finalmente, el testigo dijo que alias ‘Jota’ les dio órdenes a los paramilitares para que convencieran a la gente de votar por Ramos.”33
La década estuvo signada por tres enfrentamientos: guerra de las milicias contra las bandas narcoterroristas; guerra de Don Berna contra Doblecero y la guerra del proyecto de las Autodefensas paramilitares por el control de todos. La materia prima de este proceso social fueron los marginados, producto de la desigualdad y la exclusión. Los marginados no son solo los que sufren la mi- seria. Son la clase media en peligro de proletarización, son los proletarios en peligro de lumpenizarse. Todos sufren el miedo de la burguesía a perder el control del Estado. En este sentido puede ser afortunada la interpretación de Bartra del combate social en los noventa. Dice:
“El crecimiento y la reproducción de la masa de empleados y pequeños burgueses (y de su correspondiente burocracia e intelectualidad) producen un efecto de solución de continuidad, de mediación, entre los polos sociales opuestos. Uno de esos efectos es precisamente la gestación de nuestros dos actores prototípicos: el marginal como absorción alucinante de elementos pequeñoburgueses e intelectuales, en viaje imaginario hacia lo antiburgués; y el hombre-normal como acumulación concentrada de los rasgos de un empleado y un burócrata, en tránsito ilusorio hacia el mundo antiproletario. Ni el mundo antiburgués es lo proletario, ni el mundo antiproletario es lo burgués, de la misma manera en que ni el marginal es lo proletario, ni el hombre normal el burgués. Pero ambos actores van a representar el drama de la lucha social, en sustitución imaginaria de los combates reales.”34
Pleno control urbano de las autodefensas paramilitares
Es el Bloque Cacique Nutibara, nacido en 2001, quien resume todas las violencias. Ejecuta las políticas antiinsurgentes de las Auc, copa el narcotráfico y hace que los políticos que quisiesen llegar al poder público debían aliarse con Don Berna (Inspector general de las Auc desde los Pepes), jefe y diseñador del Bloque porque tiene el dominio territorial del Valle de Aburrá y es el único que brinda seguridad.35 El Cacique Nutibara logra su triunfo con la Operación Orión en 2003, por la cual destruyen las milicias de las Farc de la comuna trece y extiende el “control social contrainsurgente” en la zona metropolitana de Medellín.36
Al hacer una lectura del Bcn como red, se asume, entonces, que en su configuración aparecen nodos o estructuras jerárquicas densas (Adolfo Paz y algunos sectores de las oficinas y los paramilitares), y, también nodos o estructuras jerárquicas livianas (las auto- defensas barriales y las bandas) [Esta estructura y poder] permite entender las conexiones y apoyos brindados —en diferentes momentos y territorios— por sectores de la policía, miembros del ejército colombiano, algunas comunidades, sectores de las élites políticas y sociales de la ciudad al proyecto paramilitar.37
El Bloque se desmoviliza en el año 2004 de manera simulada, el estado mayor de las Auc lo permitió porque consideró que el Valle de Aburrá estaba suficientemente paramilitarizado y el jefe podía someterse a la justicia. La estructura permanecía. Por eso el Estado, comienza a mostrar iniciativas, materializadas en la propuesta de desmovilización de las Auc. El Trabajo estaba hecho. El deseo de hacer de las autodefensas un partido político se truncó, solo quedaba el camino de legalizar el botín. El sometimiento a la justicia se puede explicar así: “el interés de los sectores armados del narcotráfico de legalizar sus fortunas y vidas, y asimilar el ejemplo de sus pares industriales y comercializadores de la cocaína que usufructuaron la derrota del cartel de Medellín”.38
La empresa criminal se consolida. El Bello de los años 2000
Cuando se habla de La Oficina de Envigado, se tiene la imagen de existir allí un trono mafioso, por el cual se pelean los que se creen herederos; pero según lo expuesto, las oficinas están por doquier. Administran empresas criminales territorialmente ubicadas y se les deja existir, por el solo hecho de sostener el proyecto contrainsurgente de las autodefensas paramilitares.
El Bello de la primera década del siglo XXI estuvo signado por el dominio de empresas criminales territorialmente ubicadas y con fronteras invisibles. Hay una caracterización acertada de la década, elaborada por la Red Juvenil de Medellín, a partir de un conversatorio con varios jóvenes del municipio de Bello y de quienes la identidad se reserva. De esta caracterización titulada “El control armado en Bello”, se extrae lo siguiente: el Combo de Pachelly domina desde el noroccidente (San Félix) hasta el Barrio Mirador, con la frontera invisible en el puente de la 49, entrada a la bomba de Bellanita de Transportes. También controlan los barrios La Meseta, La Gabriela y Niquía. Los Pachelly son coadyuvados por los del Mesa y los Chatas. En general, Pachelly tiene pequeñas bandas en todos los barrios que le tributan, domina a más de medio Bello.
El nororiente de Bello es controlado por los reinsertados del Cacique Nutibara (los Triana y los paramilitares recluidos en la Cárcel de Bellavista). En el occidente están las bandas del Barrio La Maruchenga, relacionadas con las Convivir de Barrio Nuevo y Aures de Medellín. Los barrios Cabaña y Cabañita “pertenecen a pequeños líderes de La Oficina de Envigado”. El control de las calles se hace con grupos de diez o veinte jóvenes entre 14 y 20 años de edad, ubicados cada tres o cuatro cuadras y que adoptan como sede una casa o una institución educativa. La tarea de los pequeños integrantes es cobrar en cada casa o negocio una cuota semanal, el expendio de narcóticos y la compraventa de ilícitos.
La presencia en las calles de estas organizaciones se ha vuelto parte del paisaje. Los integrantes en su gran mayoría viven en el sector. Esta situación les ha dado “legitimidad”, pues la cercanía de la familia, de la residencia, ha terminado por reconocer su arbitraje en los conflictos barriales y en muchos casos son defendidos ante la incursión de la policía.39
Post scriptum
Los valores de la modernidad en Bello se trastocaron. Estos deben ser propuestos, arraigados y sostenidos por el Estado. Los derechos humanos, la libre movilidad, la libertad de pensamiento, la autonomía individual, la libre asociación, el derecho a la vida, la libre empresa, son valores que sólo el Estado es capaz de crear, mantener y preservar. Cuando el Estado declina esta función y la deja en manos de particulares o de grupos armados, dejan de existir.
Se observa en el municipio de Bello, un control territorial de grupos armados. En este territorio ¿dónde queda el orden moderno republicano democrático? Ha quedado a disposición de la tiranía de las armas en manos de un sujeto que ha conseguido el poder “mostrando finura”; es decir, haber demostrado a sus reclutadores ser un campeón del crimen.
Los valores políticos modernos, basados en la construcción y preservación de la individualidad (y los derechos naturales o positivos), son patrimonio de la humanidad porque son el producto de la cultura acumulada o de la civilización. Loa poderes políticos y económicos del capitalismo burgués se ha apropiado de ellos y los defiende cuando ve peligrar su hegemonía; pero cuando el producto social de su régimen, el excluido, el marginado, el trabajador, exige igualdad e inclusión en los beneficios de la riqueza, los niegan. Defienden la democracia cuando ella preserva su autoritarismo, pero la niegan cuando la tienen que profundizar.
Referencias
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1. Osorio, Jaime. Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento. México: Fondo de Cultura Económica, 2002.
2. Sartori, Giovanni. La política. Lógica y métodos en las ciencias sociales. México: Fondo de Cultura Económica, 2003.
3. Valencia, León. Los caminos de la alianza entre los paramilitares y los políticos. En: Corporación Arco Iris (Ed.). Parapolítica. La ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos. Bogotá: Intermedio Editores, 2007
4. Ibíd., pp. 31-33.
5. Espinal, Manuel; Giraldo, Ramírez, Jorge y Sierra, Diego J. Medellín: el complejo camino de la competencia armada. En: Corporación Arco Iris. Op. Cit. Intermedio Editores. Bogotá: Intermedio Editores, 2007, pp. 90 – 91
6. Periódico La Región. N.º 6. Bello. Diciembre de 1985, p. 4.
7. Ibídem.
8. Martínez C., Ángela y Ospina R., Lucena. Estudio Socioeconómico para la constitución de la cooperativa de transportadores de Bello. Bello: Centro de Investigaciones CIUCOOP. Mecanografía, 1987. Archivo de Coopebello. Mecanografía, p. 85.
9. Ortega Rojas, Iván Darío. Composición geopolítica del municipio de Bello. Tesis de grado. Universidad Eafit. Medellín 2003, p. 42
10. Ibídem.
11. Periódico La Región. N.º 4. Bello. Septiembre – octubre de 1985, p. 5
12. Ibídem.
13. Ibídem.
14. Periódico La Región. N.º 7. Bello. Febrero de 1986, p. 4
15. Ibídem.
16. Periódico La Región. N.º 12. Bello. Agosto de 1986, p. 3
17. Periódico La Región. N.º 4. Bello. Septiembre – octubre de 1985, p. 5
18. Periódico La Región. N.º 6. Bello. Diciembre de 1985, p. 4
19. Periódico La Región. N.º 25. Bello. Octubre de 1987, p. 5
20. Bartra, Roger. Las redes imaginarias del poder político. Pre-Textos. Valencia 2010, pp. 67-68
21. Espinal, Manuel. Op. Cit., pp. 92- 93
22. Corporación Arco Iris (Ed.). Ídem, p. 84
23. Ídem, p. 85
24. Ídem, p. 86
25. Ídem, p. 87
26. Ídem, p. 94
27. Ídem, p. 91
28. Ídem, pp. 91 – 92
29. Ídem, pp. 95
30. El Tiempo. Bogotá. 17 de septiembre de 1991
31. Ortega Rojas, Iván Darío. Op. Cit., p. 48
32. El Tiempo. Bogotá. 3 de septiembre de 1990
33. Revista Semana. N.º 1310 del 9 de junio de 2007 Bogotá. Consultada en www. semana.com
34. Bartra, Roger. Op. Cit., p. 83
35. Espinal, Manuel. Op. Cit., p. 96
36. Ídem, p. 100
37. Ídem, p. 101
38. Ídem, p. 105
39. El control armado en Bello. En www. redjuvenil.org.co. Consultada noviembre 15 de 2012

