Delimiro Moreno Calderón: librepensador, militante revolucionario, historiador y periodista

por centrodehistoriabello

Por Jairo Gutiérrez Avendaño

La Cachera: una familia de artesanos y la usura por un incendio

Sobre Delimiro se ha escrito bastante acerca de su época de intelectual auto- didacta, de su militancia política, y sus vocaciones de historiador y periodista, pero casi nada sobre sus orígenes en Bello, donde la familia Moreno Arango tiene recordación por haber sido dueña de La Cachera, fábrica artesanal de peines, peinillas y otros accesorios. Esta fue instalada en el sitio “La Lomita” de Fontidueño por Abraham Moreno García, abuelo de Delimiro que, con nombre de patriarca bíblico, fue un terrateniente o finquero (como prefiere llamarlo), uno de los mayores propietarios locales de finales del siglo XIX y principios del XX. En sus predios también tuvo una mina de oro en el sitio donde se construyera, décadas después, en 1989, el Relleno Sanitario Curva de Rodas.

Hoy, Delimiro recuerda que su tío Raúl conservaba diplomas y medallas de oro ganadas en las exposiciones industriales de 1904 y 1905 en Medellín, en las que Abraham participó con sus artesanías de cacho pulido, que un primo suyo había aprendido a hacer en alguna cárcel es- pañola.1

En la década del veinte, Abraham trasladó su taller a la vereda Altavista de Bello, cuando el ingeniero civil Alejandro López, amigo suyo, le vendió al fiado una desfibradora de fique inventada por él que utilizó hasta que un sobrino suyo murió en un accidente de trabajo. Según Delimiro, este episodio se encuentra en la biografía intelectual y política de Alejandro López I.C., escrita por el investigador Alberto Mayor Mora.2

Delimiro relata que su abuelo Abraham se asoció con Víctor Londoño (“Viclón”), capitalista dueño de la Cacharrería Medellín, y construyó una fábrica de dos pisos en unos cien metros cuadrados, en la que hacían peines y peinillas que Viclón exportaba a Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, comercio con el cual este hizo su fortuna.

El taller llegó a contar con unos sesenta obreros en su mejor tiempo y, según Delimiro, producía unas mil gruesas, que equivalían a 12 docenas de piezas. La fábrica era movida por una rueda Pelton, accionada por la caída de agua dela quebrada El Hato, mecanismo incluido en la venta de la desfibradora de fique, que ya comentó Delimiro, y recuerda que estas aguas, después de dar energía a La Cachera, movían una pequeña planta eléctrica ubicada diagonal a la portada del Ángel del Calvario (que se conserva como entrada a la actual Casa de la Cultura de Bello) y precisó que, en ese entonces, suministraba la energía eléctrica al pueblo, antes de que las Em- presas Públicas de Medellín asumieran el servicio.3

Durante el embarazo de su madre Mercedes, en 1932, La Cachera se incendió a causa de uno de los fogones de aceite hirviente en el que se ablanda- ban los cachos, que estalló en llamas y quemó toda la edificación. A raíz de este siniestro, su abuelo Abraham le quedó debiendo a Viclón una cuantiosa suma de dinero prestada para la reconstrucción de la fábrica y la importación de maquinaria de Francia, a condición de que toda la producción le fuera vendida exclusivamente a él. Según recalca Delimiro, después de 20 años, sus hijos tuvieron que seguir pagando la usurera deuda.

Bello vio cerrar La Cachera a principios de los años cincuenta, cuando la sociedad de Industrias Metalúrgicas S.A. (IMUSA) —de la que era socio Viclón— debido a la escasez de materia prima por la Segunda Guerra Mundial, empezó a producir y a importar artículos de plástico, entre ellos peines y peinillas que, precisa Delimiro, costaban diez veces menos al consumidor. Luego, aunque Viclón dio por subsanada la deuda adquirida en 1932, no volvió a comprar peines de cacho y, así, el negocio de los Moreno Arango se empezó a quebrar. Este hijo de artesano que, a los diecisiete años se encargó del taller, se enorgullece de que su padre Octavio haya sido el único que permaneció en el oficio de la antigua fábrica, haciendo ajedreces, jabone- ras, cocas, ficheros de billar, etc., hasta su muerte en 1978. Además de su trabajo, fue un líder político liberal, que en la época de la violencia partidista de los años cincuenta tuvo un altercado en el que perdió un ojo y se hizo uno postizo con material de cacho.4

Luego del cierre de La Cachera, Deli- miro vivió en casas arrendadas en distintos barrios: en la calle Abajo; en la calle Arriba, en el Centro, en Prado, en el barrio Pérez alto (frente al antiguo cementerio), en Manchester, en la vereda Potrerito, entre otros lugares.

Es el mayor de ocho hermanos: Wilma, viuda, con hijos y nietos; Leonel, Jairo, y Darío, ya fallecidos; Sady, ingeniero mecánico, con hijos y nietos; Rocío y Fabiola, ambas contadoras públicas, sin hijos.5 De estos, Jairo heredó las habilidades de artesano de su padre; pero, según Delimiro, “picado por la política y el periodismo (fue líder liberal, casi vitalicio secretario del Concejo, y fundó y dirigió muchos años el semanario El Quitasol) abandonó también La Cachera”6. Asimismo, Sady, hasta que se aburrió de la rutina del taller, y se vendió el lote de la fábrica, del que no queda hoy ningún vestigio.

Intelectuales autodidactas, profa- nos y militantes comunistas

Las semblanzas o perfiles que se han escrito sobre el “sintocayo” Delimiro, como solían bromearle, coinciden en ubicarlo entre los jóvenes intelectuales del Grupo Medellín de los años sesenta, dedicados principalmente a la crítica literaria y política, entre los que se encontraban Mario Arrubla, Estanislao Zuleta, Gonzalo Arango, Ramiro Montoya, Jaime Mejía Valencia, Rodrigo Sánchez Giraldo, quienes fundaron dos centros literarios que alternaban sus encuentros en el “Porfirio Barba Jacob” que sesionaba en la sala de la Biblioteca Departamental Santander, cuyo director era Bernardo Blair Gutiérrez, y, en el “Marco Fidel Suárez” que se reunía en la casa de Abel Jiménez en Bello, donde también pro- gramaban caminatas por las extensas mangas de aquella época. Uno de los métodos del grupo era recrear un juicio literario en el que se evaluaba la obra de un autor seleccionado, por parte de un ponente o defensor de la obra y un oponente o fiscal que la criticaba y los restantes asumían el rol de vocales.7

Algunas críticas eran feroces, como lo relata Delimiro, cuando Ramiro Jaramillo leyó varios de sus poemas en una sesión: “le solicité me los facilitara y apenas los tuve en mis manos dije, uniendo la acción con las palabras: estas líneas la única crítica que merecen es romper- las… los volví pedazos y los tiré al suelo. Jaramillo solo acertó a decir que tenía otras copias”.8 Aunque precisa que no siempre era así, las opiniones eran me- nos sarcásticas y más analíticas.

Según se registra en la biografía de Estanislao, escrita por el investigador Jorge Vallejo, en una semana santa arrancaron de excursión a Bolombolo, a orillas del río Cauca, en las que cocinaron, leyeron en grupo y en voz alta. En una creciente, Delimiro fue arrastrado por las aguas y casi se ahoga; pero, mientras temía su final, pensó en su censor el padre Rogelio Arango: “De seguro el cura irá a decir en misa que me ahogué por ser comunista y ateo y por bañarme un viernes santo”.9 Por fortuna, Estanislao se lanzó por él y lo sacó de la melena. Así lo recordó Delimiro al leer la dedicatoria que este le hizo en uno de sus libros: “para mi querido amigo Delimiro, compañero de siempre en Kant, de Heidegger, de Sartre y de las aguas del río Cauca”.10

Según Vallejo, este aventado bella- nita no fue excomulgado por bañarse un viernes santo, sino por denunciar al párroco de Bello en un comunicado mimeografiado, debido a que el sacerdote era propietario de una sala de cine y había despedido sin justa causa al operador del proyector, sin pagarle la liqui- dación ni el último salario. En palabras de Delimiro, “ya no era el cura Arango —que había desertado de sus votos—, ahora era el cura Luis C. Pérez, un vocero de la oligarquía industrial antioqueña, un tipo feroz, me excomulgó en todas las misas”.11 Delimiro no se amilanó y, por el contrario, armó una fiesta con sus camaradas para celebrar su “primera excomunión”.12 Sin embargo, se trata de una forma figurada de referirse a los “pulpitazos” o pronunciamientos contra un ciudadano en la iglesia, que no son propiamente excomuniones, porque los párrocos no están facultados para infligir esta sanción, sino por parte de un proceso juzgado por un concilio general en cabeza del Papa; provincial o de una diócesis en cabeza de un obispo.

No en vano, fue una época en la que el liberalismo era considerado pecado, y el anticomunismo, profesado por la doctrina social de la Iglesia, estaba al orden del día. De hecho, su madre Mercedes, que era de mentalidad conservadora y amiga de los curas, confabulada con el párroco, un día le quemó los libros a Delimiro, pero esta tuvo que pagárselos y con esa plata compró otros, porque los quemados él ya los había leído.13

El carácter de intelectual que ha asumido Delimiro es el de “un hombre culto, y escritor comprometido, en el concepto sartreano, con el destino del pueblo, del proletariado y el campesinado oprimidos por el imperialismo, las transnacionales y la burguesía nacional, su abyecta lacaya”.14

Se destacó como miembro del Directorio Liberal de Bello, durante el régimen de Laureano Gómez; afirma Delimiro que fue expulsado por su presidente Francisco Luis Paniagua (“Colis”), un “agiotista”, porque no creyó en las promesas de paz, justicia y libertad del general Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953. Con la frase “La dictadura ha muerto. Viva la dictadura”, saludó Delimiro en la biblioteca del Centro Cultural Marco Fidel Suárez, el siguiente domingo 15 de junio, el as- censo de Rojas al poder.15

En medio de la agitación del 10 de mayo de 1957, día del paro cívico contra Rojas Pinilla, surgió el movimiento estudiantil revolucionario, que agrupó universitarios de la de Antioquia y de la Pontificia Bolivariana. Este fue liderado por Estanislao, Mario y Delimiro, entre otros veinteañeros militantes del Partido Comunista, en el que Delimiro llegó a ocupar la Secretaría Política Regional, del que se retiraron o, como él lo recalca, fueron expulsados por el Comité Central del PCC, de dirigencia bogotana en cabeza de Gilberto Vieira16. Esta “segunda excomunión” fue motivada porque fueron tachados de no comulgar con la doctrina marxista y de ser “pequeños burgueses” por su actitud de intelectuales que rendían culto a la literatura y la filosofía de autores como: Hegel, Husserl, Sartre (crítico del partido comunista francés), Marleau-Ponty, Lefebvre, Lukács, Levi-Strauss, Dostoievski, Kafka, Thomas Mann, Fernando González, el Tuerto López y la lectura de Marx sin la tutela de los manuales soviéticos, y que se reunían en cafés como La Bastilla y bares como el Miami, centros literarios en Medellín y Bello y en la oficina de la Agencia France Press, dirigida por Alberto Aguirre, en el Edificio San Fernando, en Junín cerca de La Playa, también frecuentada por Gonzalo Arango, Pedro León Arboleda, Carlos Castro Saavedra, Jaime Isaza Cadavid, Jaime Sierra García, quienes, además de traducir las noticias del francés para la prensa local, convirtieron esa oficina en un lugar de encuentro entre generaciones.17 

En 1960, los tres agitadores, con su capacidad de convocatoria y por fuera del comunismo de Medellín, conformaron el Frente Obrero – Estudiantil, el cual derivó en la Acción Revolucionaria Colombiana (ARCO), dirigida desde Bogotá por Estanislao y Mario, núcleo inicial del Partido de la Revolución Socialista (PRS). En la Agencia France Press, este trío de intelectuales autodidactas, junto con Virgilio Vargas, editaban el periódico quincenal Crisis, difundido a un público de estudiantes y obreros. La primera edición fue el 1º de junio de 1957, veinte días después del paro nacional contra Rojas, cuando los comunistas empezaron a reaparecer públicamente.18 Este circuló hasta 1958, cuando se canceló la licencia que estaba a nombre de Virgilio, quien se radicaría en Bogotá. De ahí empezaron a editar el periódico Agitación, medio de expresión del PRS, que no duró sino unos tres o cuatro números.19

En Bello, Delimiro organizó varias células del Partido Comunista que, según él, alguna influencia llegaron a tener en los sindicatos de Fabricato y Pantex; y, entre 1961 y 1962, dominaron unos cuantos meses en el Concejo de Bello con Mario Atehortúa y Bernardo Muñoz que, como precisa Delimiro, “fungían de liberales siendo comunistas, gajes del Frente Nacional y sus instituciones paritarias, excluyentes de cualquier otro partido.”20 Agrega que, en esos días, tuvieron una representación: como tesorero estuvo Amín Mosquera; de director del Centro de Salud, el médico comunista Jaime Marín, “Tabaco”; y como médico general, Emilio Yunis (el genetista, entonces mili- tante del partido), así como en la Contraloría y otros cargos públicos. 

Al respecto, considera que el reciente libro sobre la Historia del Concejo de Bello (2013), no da suficiente y clara información sobre ese periodo en que los comunistas y aliados liberales, tuvieron coalición en esa corporación.21 En efecto como él mismo lo refiere, por figurar en un partido siendo de otro, en los libros de actas del Concejo de ese periodo no aparecen sino liberales y conservadores; por lo tanto, el archivo oficial no tiene registro de dicha militancia en Bello. De ahí la importancia de la fuente oral, para llenar vacíos de lo que no está dicho o que ha sido acallado en los documentos.

El Centro Cultural y otros tertuliaderos: una estética de la intelectualidad en Bello, años cuarenta y cincuenta

Delimiro se reunía en el Centro Cultural Marco Fidel Suárez, fundado en 1949, más literario que otra cosa, donde se gestionó la creación de la biblioteca pública que lleva el nombre del insigne gramático; allí publicaron el periódico Ideas; y en 1955, fue uno de los promotores de la celebración del primer centenario del nacimiento de Suárez. En el primer editorial de Ideas titulado “propósitos, en 1952, a modo de manifiesto expresaron:

“…luchamos por superar cada día la etapa de la ignorancia; por crear un ambiente propicio al estudio y discusión de los problemas humanos; por despertar al común de las gentes de ese aletargamiento perjudicial que las retiene en desesperante rutina; queremos que Bello haga honor a su dilecto hijo: el gran Suárez…”22

También conversaban con el padre Roberto Jaramillo Arango, “autor de unas magníficas traducciones de Horacio, quien nos animaba a los jóvenes a pesar de nuestras inquietudes existencialistas y nos donó para la biblioteca del Centro varios volúmenes de la rica suya”.23 Agrega que otro reconocido intelectual era Hernán Villa Baena:

“…quien nos miraba a los jóvenes por encima del hombro, convencido de que los únicos que sabían leer y escribir en el Bello de entonces eran el padre Roberto Jaramillo, José Abel Jiménez y él mismo. Le pagábamos con la misma moneda, insistiendo en que cuando fue diputado a la Asamblea su voz no se escuchaba ni para exclamar “Presente” a la llamada a lista”.24

El Centro Cultural Marco Fidel Suárez, era un grupo muy diverso: conservadores, liberales, comunistas, católicos, ateos, existencialistas, que exponían libremente sus opiniones. Eran jóvenes, entre los 17 y 19 años, del antiguo Liceo Manuel José Caycedo, que se caracterizó por:

“…su espíritu irreverente y libertario, por la insumisión en sus posiciones, por ser rebeldes en lo político… eran jóvenes sin cálculos, que no pensaban en términos de rentabilidad. Lejos de ellos el arribismo, la adulación, el servilismo o la hipocresía. Su trabajo se destacó por su autonomía, espontaneidad y espíritu crítico.”25

El Centro estaba integrado por Miguel Ángel Díaz García que, según Delimiro, era el más veterano y conservador de todos, maestro de escuela en Fontidueño, donde también funcionaba bajo su dirección un centro literario; Luis Mejía, funcionario de Cine Colombia, quien traducía textos del inglés, y profesor de este idioma en varios colegios. Delimiro lo consideraba el más culto de la barra, quien después fue animador, gestor cultural, en Medellín. Rafael Castaño Franco, secretario del Concejo de Bello, líder conservador por lo que, dice Delimiro “nos sirvió de mampara contra los violentos de su partido, entre ellos Miguel Velásquez; un tenebroso sujeto llamado El Marinillo, jefe de la banda que incendió a Rionegro; el oscuro “Pastelero”, etc., que no admitían nuestra actitud ‘revolucionaria’ como grupo”.26 

Abel Álvarez Muñoz, obrero conservador de Tejicóndor, jefe sindical que llegó a ser tesorero nacional de la CTC y militante de la izquierda. José Benjumea, empleado, de la familia del famoso fotógrafo de Bello. Abelardo Ospina López, estudiante liberal que —recuerda Delimiro— era “admirador de Luis Carlos López y el Indio Uribe, después abogado y escritor”. Israel Escobar, estudiante y luego profesor de inglés en varios colegios. Los Velásquez, estudiantes y empleados que, según Delimiro, “en su residencia nos reunimos varios meses, atraídos además por la belleza de su hermana Lucía y de Oliva Cardona, su amiga y condiscípula”.27 Ramiro Jaramillo Betancur, procomunista obrero de Coltejer, a quien definió como un ferviente e infatigable lector de Nietzsche. Héctor, “el cojo” Gómez Gallego, estudiante liberal, luego director de la Biblioteca; actualmente en Envigado, donde dirige el periódico La piedra del Ayurá y es miembro de la Academia de Historia de Antioquia. 

Rafael Ortiz, empleado de Avianca, hijo del zapatero remendón del pueblo, don Atilano, lo consideró siempre cordial y amable con todo el mundo, residente luego en los Estados Unidos, donde murió. Germán Orrego, lo refiere como un sensible poeta, conservador, hijo del tendero de la esquina de la casa de Delimiro (frente a la de Lola Vélez), “perseguido por los liberales durante su hegemonía y por ese motivo de un enfrentamiento con mi padre, pues el viejo godo Orrego era mi contertulio para resolver crucigramas y yo lo estimaba mucho como mi mejor amigo de entonces”.28 

Agrega que pocas veces departió con José Abel Jiménez, “un hombre muy culto, muy activo antes, jefe liberal, que ocupó importantes cargos en el municipio, entre ellos la Alcaldía y muerto recientemente en injusto olvido”.29 El tertuliadero inicial de este grupo fue la casa paterna de Abel Álvarez, donde se fundó y sesionó muchos meses el Centro Cultural. Luego, recuerda Delimiro, que cuando les entregaron la Choza de Suárez para su mantenimiento, se reunían en esta y en el salón de frescos de Gabriel Estrada (padre del exministro Armando Estrada Villa, entonces un niño), situado en su propia residencia, frente a la choza cuando aún no había sido construido el monumento que la custodia, y donde atendían a visitantes ilustres de la chocita.30 

También, frecuentaban la Heladería Magnolia, a la que llamaron donde “las conejas” (por lo chaparritas, muy simpáticas, dice Delimiro), que quedaba a media cuadra del Teatro Iris, su escuela de cine. No había ningún espectáculo artístico distinto al séptimo arte, excepto —que él recuerde— se presentó Libertad Lamarque en el Teatro Rosalía, cuando Delimiro era el portero. En este recorrido, él y sus camaradas iban a la heladería La Orquídea, frente al teatro, al café cantina del “Mocho”, lateral al Iris; al “Te busco”, una cantina que quedaba a una cuadra de la Virgen Milagrosa de la Calle Arriba, donde hacían sonar un piano lleno de boleros de Leo Marini y todos los de la época, y canciones de Gardel, Hugo del Carril y clásicos del tango. Allí bebían muchas tandas de cerveza Pilsen que llamaban “casquimonas”, agrega que en ese tiempo también producían la cerveza en botellas verdes que, según los bebedores, le cambiaban el sabor, y otros pocos tomaban aguardiente o ron. No tomaban whisky, dice, “muy caro para nuestros escuálidos bolsillos y que acaso ni estaba en las estanterías de las cantinas”.31

En el Bello de los años cuarenta y cincuenta, recalca, la única diversión eran las cantinas, que ni siquiera las atendían meseras sino los mismos señores dueños. Por eso, explica Delimiro, surgieron las heladerías, “salones sociales” o de refrescos donde casi no vendían lico- sino a clientes reconocidos que no provocarían incidentes desagradables, por lo cual podían entrar las mucha- chas y señoras, como era el caso de La Magnolia donde les permitían consumir licor a los del Centro Cultural.32 En una iniciativa para escribir la historia de este salón, Delimiro cuenta una anécdota en la que Luis Mejía García protagonizó el espectáculo de beber vino, en el zapato de una hermosa muchacha —culta, desenvuelta, muy libre— que en esos días había llegado de Cali y de la cual todos se enamoraron platónicamente, para finalmente quedarse esa vez con Abelardo Ospina.33

El periodista e historiador “opipaisa”

Delimiro ingresó al Centro de Historia de Bello, en 2001; pero, según él, por su carácter de liderazgo hubo una percepción de que se metería al Centro a imponer sus ideas. Por lo tanto, fundó el Ateneo Histórico, junto con Ramiro Jara millo y Álvaro Pérez, el cual tuvo como medio de información el Pregón Bellanita, periódico cívico y cultural que, al igual que el grupo, no logró sostenerse en el tiempo más que dos meses. Una vez resuelta la modesta controversia, se reintegró al Centro de Historia en el que tuvo su última participación en el Primer Encuentro de Escritores y Periodistas, en 2006.

Si bien se marchó de Bello, desde1956 cuando se casó por primera vez para radicarse en Medellín, no perdió el contacto con esta ciudad. Su militancia en el partido comunista y en movimientos contestatarios le costó la difamación y vetos laborales. Por esta razón, en 1963, se fue a buscar otros rumbos a Bogotá, lejos de la godarria y rezandería antioqueñas. Según Jorge Alirio Ríos, de la Academia Huilense de Historia, estando en la capital le presentaron a Jaime Ucrós García que andaba reclutando un periodista que estuviera dispuesto a trasladarse a Neiva a dirigir el Radio Noticiero Impacto, medio de divulgación del Movimiento Revolucionario Liberal, en el Huila. Se conocieron en el famoso café Automático, donde Ucrós estaba sentado a la mesa con unos amigos, junto a una botella de licor. “Ucrós le preguntó: ¿Qué se toma? Delimiro respondió: ‘un aguardiente doble’ [Doble Anís]. Esta fue la mejor recomendación profesional. A Ucrós se le iluminó el rostro, y golpeando la mesa, exclamó: ¡está contratado!”.34 Así fue como Delimiro empezó una vida dedicada al periodismo y a la historia del Huila. De esta manera lo describe el académico Ríos, por fuera de la típica paisada:

“La sencillez y el desparpajo son característicos de su agradable personalidad… en nada parecido al estereotipo del paisa de carriel y mulera; tampoco se asemeja, de manera alguna, al habilidoso individuo que les echa ventaja a los demás y que encarna a otro estereotipo del folclor antioqueño… Sí es arreador pero de ideas y trajinador de los caminos del pensamiento. Es alguien que se abrió su propia ruta a base de lucha, estudio y talento. Muy bueno para escribir, polemizar y pensar, pero negado para losnegocios”.35

Como tributo a su labor intelectual, el Centro de Historia de Bello le entregó el nombramiento de Presidente Honorario en una placa que, para Delimiro, es uno de sus reconocimientos más preciados, entre los muchos que ha recibido, sobre todo por parte de los huilenses, en quienes despertó respeto y admiración por la seriedad de su trabajo y la coherencia de sus posturas políticas. De hecho, en diciembre de 2013, renunció pública- mente a la condecoración que le entregaría el actual Concejo de Neiva, en sus Premios de Periodismo Reynaldo Matiz Trujillo por la “vida y obra de un periodista”, según él, porque las versiones anteriores han sido desvirtuadas por intrigas politiqueras para favorecer personajes que poco o nada tienen que ver con el periodismo propiamente dicho. Termina su misiva diciendo: “a mis 81 años no ando en busca de supuestos honores ni compitiendo con nadie para recibirlos, además, de una entidad de la que tengo serios reparos morales por sus actuaciones, de modo que sería hipócrita de mi parte aceptarla.”36

El opipaisa, en su larga trayectoria se destacó como jefe de redacción, periodista y columnista de medios regionales. Profesor universitario de Periodismo e Historia de la Universidad Cooperativa de Colombia sede Neiva, la cual le concedió el título Honoris Causa de Comunicador Social en mayo de 2010. Fue corresponsal en Neiva de los diarios El Tiempo, El Espectador y El Siglo. Asimismo, redactor de Radio Santafé y Radio Sucesos RCN. Los últimos años ha sido columnista del Diario del Huila, en el que publicó su retiro de la vida pública, a sus 81 años en octubre de 2013, tanto de la prensa, como de las redes electrónicas y de la Academia Huilense de Historia, de la que pasó de ser miembro numerario a emérito. Se despide diciendo que se dedicará a leer con calma y a terminar la corrección de su obra “Más de 5000 años de historia del Huila” y la continuación de su libro “Presidente paria, nacido en una choza, hoy sitio turístico. Ensayo de biografía crítica de Marco Fidel Suárez”.37

Delimiro accedió a contar sus vivencias en esta semblanza, por considerarla una especie de testamento. Su nombre, sin embargo, sigue resonando en artículos recientes y continúa dando conferencias, entre otras sobre Gabriel García Márquez y sobre la influencia del huilense Carlos Julio Calderón Hermida, quien inició en la literatura a este Premio Nobel, como lo atestiguó Gabo en su dedicatoria de La hojarasca, “a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo era escritor”.38 La creatividad que vuelve inquietos a los escritores hará que aparezcan nuevas noticias sobre Delimiro, ecos y otros impactos de mañana.

Obras de Delimiro Moreno

•José María Rojas Garrido, Universidad del Sur. Unisur. Bogotá, 1992.

•El Huila en el siglo XIX, Ediciones Var- gas, Bogotá, 1994.

•Breve Historia de las telecomunicaciones colombianas. Telecom. Editorial Gente Nueva, Bogotá, 1994.

•Estado Soberano del Tolima. Personajes en su historia. Instituto Huilense de Cultura, Neiva, 1995.

•Textos Antipáticos. Editorial Gente Nueva, Bogotá, 1995.

•Los Papelípolas. Ensayo sobre una generación poética. Ediciones Vargas, Bogotá, 1995.

•Del maguaré a la fibra óptica. Crónica de las Comunicaciones, Telecom, Editorial Gente Nueva, Bogotá, 1995.

•Misael Pastrana Borrero, el huilense universal del siglo XX. Instituto Huilense de Cultura, Neiva, 1997.

•Joaquín García Borrero, en revista Huila, N.º  47. Enero-junio de 1998, Editorial Kimpress, Bogotá.

•Personajes Huilenses del Siglo XX, Diario del Huila, Neiva, 1999.

•La toga contra la sotana (José María Rojas Garrido vs. Monseñor Esteban Rojas Tobar), Editorial Kimpress, Bogotá, 1999.

•Jaime Ucrós García, biografía de una pasión. Prólogo de Alfonso López Michelsen. Editorial Caliche Impresores. Fondo de Autores Huilenses. Neiva, 2000.

•Historia de las ideas de izquierda en Colombia. Revista de la Universidad Cooperativa de Colombia. Medellín, N.º  75. Febrero de 2001).

•Vigencia Histórica del federalismo colombiano, ediciones Crisis, Medellín, 2004.

•Sesquicentenario del Estado Soberano del Tolima, en la revista Huila, N.º  62, 2011, Neiva.

•Hechos y personajes de Neiva en sus 400 años. Servimpresos, Neiva, 2012.

Obras publicadas en colaboración

•La Gaitana o América Libre, con Eduardo Unda Losada, reportaje con Rodrigo Arenas Betancur, Gobernación del Huila, Neiva, 1974.

•Neiva al filo del Milenio, historia de Neiva (obra conjunta con otros historiadores, especialmente de la Academia Huilense de Historia), capítulo sobre el siglo XIX. Concejo Municipal. Neiva, 1990.

•En Teoría Social de la Comunicación, de Ligia Marina Paredes Polanía, Lectura Complementaria N.º  1. Breve Historia de las Comunicaciones en Colombia. Bogotá, 1993.

•En Las Telecomunicaciones en Iberoamérica, capítulo sobre Colombia, AHCIET, Madrid, España, 1995.

•Historia General del Huila, Academia Huilense de Historia, 5 volúmenes, Instituto Huilense de Cultura, Neiva, 1996, capítulos sobre vida política en el siglo XIX y la vida cotidiana.

•En Nueva Historia de Colombia, tomo IX, Bogotá, Editorial Planeta, 1998, Un siglo de comunicaciones y transportes en Colombia.

•En Historia Comprehensiva de Neiva (Editora Surcolombiana, Neiva, 2013) 5 volúmenes.

Referencias

_________________________________

1. Cuestionario realizado a Delimiro Moreno, noviembre 30 de 2013.

2. Mayor, Alberto. Técnica y Utopía. Biografía intelectual y política de Alejandro López. 1876-1940. Medellín Fondo Editorial Eafit, 2001.

3. Cuestionario, 2013.

4. Entrevista a Delimiro Moreno realizada por Edgar Restrepo Gómez, 2005.

5. Moreno, Delimiro. Minibiografía. Neiva: documento personal, 2013.

6. Cuestionario, 2013.

7. Vallejo, Jorge. La rebelión de un burgués. Estanislao Zuleta, su vida. Bogotá: Norma, 1994, pp. 103-104.

8. Cuestionario, 2013.

9. Vallejo, Jorge. Op. cit., p. 101.

10. Ibíd. Op. cit., p. 102.

11. Ibíd. Op. cit., pp. 103-104

12. Ríos, Jorge A. Delimiro Moreno Calderón: una crónica de comunismo y periodismo. En: Revista Cierto, septiembre 5 de 2010.

13. Vallejo, Jorge. Op. cit., p. 94

14. Cuestionario, 2013.

15. Ibídem.

16. Ibídem.

17. Celis, Juan C. Los orígenes de la contestación universitaria en Medellín, entre 1957 y 1968. En: Diálogos de Derecho y Política, N.º  1, mayo-agosto de 2009.

18. Ibídem.

19. Arango, María C. Las publicaciones periódicas en Antioquia 1814-1960. Del chibalete a la rotativa. Medellín: Eafit, 2006, p. 472

20. Ibídem.

21. Centro de Historia de Bello. Historia del Concejo de Bello. Cien años de acuerdos y desacuerdos 1913-2013. Bello: El Concejo, 2013. En: Cuestionario realizado a Delimiro Moreno, noviembre 30 de 2013.

22. Castaño, Rafael. Editorial “Propósitos”. En: Periódico IDEAS, N.º  1, septiembre 7 de 1952. En: Restrepo, Edgar. Historia del Centro Cultural Suárez. Bello: El autor, 2005.

23. Cuestionario, 2013.

24. Ibídem

25. Estrada, Armando. Prólogo. En: Ospina, Abelardo. La Patria Adolorida. Medellín: El autor, 1998. En: Restrepo, Edgar. Historia del Centro Cultural Suárez. Bello: El autor, 2005.

26. Cuestionario, 2013.

27. Ibídem

28. Ibídem

29. Ibídem

30. Ibídem

31. Ibídem

32. Ibídem

33. Comunicación personal de Delimiro Mo- reno con Abelardo Ospina y el Centro de Historia de Bello, marzo 28 de 2010.

34. Ríos, Jorge A. Op. cit., septiembre 5 de 2010.

35. Ibídem

36. Carta de Delimiro Moreno dirigida al Concejo de Neiva, diciembre 12 de 2013. En: www.tusemanario.com

37. Moreno, Delimiro. Columna de opinión “Impactos”. En: Diario del Huila, octubre 26 de 2013.

38. Moreno, Delimiro. El opita que incitó a Gabo a la literatura. En: Diario del Huila, marzo 6 de 2013.

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