Pulpitazos y arengas políticas: una alianza violenta

por centrodehistoriabello

Por Adriana María Correa Arboleda, historiadora.

Resumen: La violencia política bipartidista colombiana de los años cuarenta tuvo varias manifestaciones, motivadas por los grandes dirigentes nacionales y regionales. En Bello no se trató solo del enfrentamiento personal de los ciudadanos del común, sino de las agresiones ejercidas por los miembros de la administración local, con mayor intensidad en épocas de elecciones. Palabras clave: Violencia, partidos políticos, liberal, conservador, Bello, Iglesia, Gaitán.

Palabras clave: Violencia, partidos políticos, liberal, conservador, Bello, Iglesia, Gaitán.

La ciudad naciente

La Manchester Suramericana fue el apelativo que tuvo Bello a mediados del siglo XX. La consolidación de Fabricato como gran textilera dio al municipio el estatus de centro obrero de importancia nacional. Asimismo, la instalación de los Talleres del Ferrocarril y el consecuente crecimiento demográfico, motivado por la oferta de trabajo de ambas empresas, fue generando en el municipio una dinámica urbana significativa, que para la época consolidaba a Bello como la segunda ciudad con más crecimiento poblacional de Colombia, después de Barranquilla.

Una variada actividad industrial y comercial se fue expandiendo por el territorio, proliferaron bares, galleras y sitios de juegos de azar; se construyeron los teatros Iris y Rosalía, los que desde sus inicios contaron con una gran afluencia de público con películas de diversa categorización moral. Entonces, de esa aldea apacible y bucólica de la que se hacía referencia a principios del siglo XX, apenas permanecía el recuerdo.

Pero el crecimiento urbano nunca se dio a la par con la implementación de sus necesidades básicas, el agua se obtenía de unos aljibes insuficientes e inapropiados. El desastroso e insalubre espectáculo ofrecido en muchas calles, donde corrían las aguas negras con desechos de humanos y de animales, ocasionaba complejas epidemias. La iluminación escaseaba, las pequeñas fuentes de energía de El Calvario y Potrerito habían sacado la mano. Fue cuando la administración municipal realizó contratos con diversas entidades regionales —algunas veces con la mediación de Fabricato— para que le otorgara créditos y así poder dotar al municipio de los servicios esenciales que requería (Saldarriaga, 1995, p.95).

 Se dio también una preocupación por el ornato local. En los años cuarenta, mediante Acuerdo municipal, se ordenó a todos los pobladores mantener blanqueado el frente de sus casas y barrerlo frecuentemente, so pena de ser multa dos los que incumplieran la norma. Se exigió a los urbanizadores ajustarse a las normas para lograr un poblamiento ordenado, por lo que debían contar con el visto bueno de las autoridades locales antes de iniciar las construcciones; en suma, existía una reglamentación para proyectos de dotación y embellecimiento urbano. No obstante, las irregularidades administrativas por asuntos políticos generaron algunos estancamientos y retrocesos, que hicieron de Bello una ciudad insalubre, señalada por la carencia de servicios públicos dignos para buena parte de su población.  

Lo religioso y lo político

A mediados del siglo XX se vivía en Antioquia una actividad religiosa muy intensa. La labor misionera era de las mayores del país, además que contaba con un clero muy joven, entre los 30 y 45 años en su gran mayoría y también durante los años 1939-1951, en plena época de la Violencia, se dio el mayor número de ordenaciones presbiterales hasta ese momento.2 Buena parte del clero antioqueño pertenecía a comunidades religiosas francesas cuya formación estaba basada, entre otros aspectos, a un rechazo total al protestantismo, al laicismo y al liberalismo. Se conjuga ron entonces diversos factores que propendieron a un buen logro en el proceso de afianzamiento de la fe religiosa en el departamento (Mesa, 2006, p.77).

 Bello, un municipio obrero con muchos elementos modernizadores era, a su vez, un pueblo profundamente religioso, que evidenciaba en diferentes circunstancias las arraigadas creencias. Por ejemplo, en 1947, con ocasión de las Fiestas de la Virgen del Rosario, se in auguró el templo católico en el parque principal. La construcción iniciada en la primera década del siglo XX, por el padre Félix Mejía, fue culminada durante la ad ministración del párroco Rogelio Arango. Este nuevo templo emergió como están darte de la tradición cristiana en Bello; cuentan que este sacerdote se rehusó a construir una iglesia más pequeña y no destinar recursos para la creación de otros templos en el territorio (Saldarriaga,1995, p.211). La magnitud de la obra quería significar el dominio de la religión católica y la conducción de los feligreses hacia rectas actitudes, por lo que el padre Rogelio Arango se constituyó en un guía espiritual y moral para los pobladores, en especial para muchas mujeres casadas que acudían a él para consultarle asuntos de su vida matrimonial (Entrevista Cecilia Arboleda y Ninfa Calle).

El sacerdote se hizo incluso merecedor de un homenaje por parte de la comunidad bellanita con ocasión de sus Bodas de Oro, además que se le daba la bienvenida de su regreso de Roma. El centro de la festividad lo constituyó una misa concelebrada a la que asistieron autoridades eclesiásticas y civiles, gremios económicos y comerciales, de legaciones de todas las organizaciones sociales, establecimientos educativos y pueblo en general (Archivo Histórico de Bello (A.H.B.), libro de acuerdos, 1948-1950, folio 273).

En 1948, a raíz del recrudecimiento de la violencia política en Colombia, el padre Rogelio Arango dirigió una carta al Alcalde Militar, Mayor Edmundo Morales B., en la que le expresó la dificultad de celebrar la misa en horas de la noche y solicitaba al mandatario “pedir y aun exigir a las señoras, señoritas y niños que asistan a las primeras misas, no después de las 8 (sic)…”( A.H.B., libro de oficios recibidos. Alcaldía Municipal, 1946-1948, folio 67).

Aunque en la carta el sacerdote res petaba la autoridad en el militar, de to das maneras se reconocía el peso del cumplimiento de los deberes religiosos. Bello no dejaba de ser un pueblo “creyente practicante”, aferrado a las costumbres impuestas por la fe católica, y pese a que se vivían en él aspectos propios de las nacientes ciudades como bares y cantinas de toda índole, el cine y otros distractores que condenaba la Iglesia, muchas conductas y costumbres de la tradición religiosa seguían practicándose.  

Premisas de La Violencia

Al finalizar los años veinte, la clase política antioqueña mantuvo un acentuado empeño por desarrollar la economía de la región, más que por la supremacía de las ideas políticas de los dos partidos. Si bien existían algunas diferencias ideológicas y cada uno defendía su doctrina, esto no significó un encuentro virulento que perturbara los proyectos económicos que se tenían. Pero, al inicio de los años treinta, con el ascenso de sectores intermedios a los partidos políticos, que buscaban la radicalización doctrinaria en sus colectividades, los discursos incendiarios del obispo de Santa Rosa de Osos, Monseñor Miguel Ángel Builes polarizaron las posiciones y enfrentó las políticas laicizantes de Alfonso López Pumarejo. La influencia de las ideas libe rales y socialistas dentro la clase obrera, radicalizaron también la ortodoxia religiosa y política dentro del Partido Conservador (Roldán, 20003, p. 75).

Hacia los años cuarenta, los liberales y conservadores disponían de diferentes medios para difundir sus ideas. Los libe rales utilizaron la prensa y las plazas públicas para exponer sus tesis. A su vez, los conservadores, en sus periódicos y con el discurso religioso-político de la Iglesia Católica, inculcaron sus doctrinas. Cada vez las posiciones fueron más radicales. En ambos partidos hubo sectores menos beligerantes, pero la exacerbación política promovida por los más radicales surtió sus efectos, como el sectarismo político en muchas regiones del país. Hubo municipios mayoritariamente liberales y otros casi totalmente conservadores. Bello, en los años treinta, tuvo más presencia liberal, pero para 1949 adquirió una ligera mayoría conserva dora como se observa en el siguiente cuadro:

Tabla 1. Votación en algunos municipios de Antioquia (Melo, 1991, 151)

partidosconservadoresliberales
191820899
1922338233
1930550482
1937275830
19424001044
19467891238
194924471848

La propaganda política se intensificó, como ocurrió en Bogotá, cuando los padres Salesianos que administraban el Cementerio Central de la capital prohibieron que allí se sembraran flores rojas y ordenaron arrasar las plantas que tuvieran dicho color (Periódico La Jornada. Abril de 7 1948, p. 1).

En Antioquia, los diarios La Defensa, El Colombiano y El Obrero Católico —este con dedicación exclusiva a noticias religiosas y a la reivindicación de un catolicismo tradicional—, lograron la consolidación de una militancia política en sus seguidores. Por su parte, los liberales, a través de El Correo Liberal con sus denuncias de las acciones de los conservadores y su discurso reivindicativo de los derechos de los obreros y trabajadores en general, fueron ganando adeptos en los grandes centros urbanos.

En consecuencia, la cotidianidad política de las poblaciones tuvo ciclos muy agudos. En Bello, en épocas de elecciones se vivieron muchos episodios de violencia, llegado el momento de los escrutinios, era cuando afloraban todos los resquemores. Tanto liberales como con servadores se dirigían graves insultos que desataban famosas pedreas entre los bandos (A.H.B. Carta del director del Centro de Protección Suárez, Guillermo Isaza al alcalde de Bello, marzo 15 de 1947, libro de oficios recibidos, folio 72).

No fueron únicamente los ciudadanos de a pie los protagonistas de estos episodios, hubo alcaldes que, auspicia dos por las autoridades departamentales, generaron y protagonizaron diversos actos en contra de la ciudadanía. Por ejemplo, en enero de 1948, centena res de bellanitas quedaron desconcertados por la restitución como alcalde de Bello de Luis María Escobar, a quien se le había denunciado por irregularidades administrativas y por promover hechos violentos. No era extraño para la época, que en Antioquia muchos burgomaestres conservadores a ultranza habían sido nombrados por el gobernador con los mismos desafueros políticos.

El citado alcalde, durante los prime ros meses de 1948, incentivó la inestabilidad política de Bello. De él se elevaron quejas ante la gobernación de Antioquia, por permitir que la policía del municipio realizara requisas y atropellara a los habitantes. Pablo E. Montoya, propietario de una tienda cantina contó que:

“El suboficial Jaramillo con 10 policías, revólver en mano, hicieron requisas y decomisaron dos herramientas de trabajo. Que el señor Montoya solicitando al suboficial el recibo de autorización de la requisa este le dijo que no se lo daría. Y que lo que deseaba era que se enojara para que probara que no se vi vía ya en el gobierno liberal” (El Correo Liberal. Febrero 7 de 1948, p.5).

Allí mismo, Samuel Correa, quien por protestar por la arbitrariedad hacia el señor Montoya fue conducido a empellones a una celda del barrio Buenos Aires, aclaró que el secretario del inspector le dijo que podía salir de la cárcel siempre y cuando dijera que era conservador (El Correo Liberal. Febrero 7 de 1948, p.5).

Los apasionamientos políticos salían a flote sobre todo cuando las personas estaban bajos los efectos del alcohol. Así lo vivió y lo padeció un obrero del ferrocarril, que en medio de su embriaguez gritaba vivas al partido liberal, con tan mala suerte que fue escuchado por alguien de influencia en el municipio, el sacerdote José Manuel Agudelo, quien guardaba odio visceral por todos los que pertenecieran al Partido Liberal. Este pintoresco sacerdote se había dado a conocer, no solo por sus grandes posesiones y por su ambición desmedida, sino por sus conductas agresivas contra quienes no profesaran el conservatismo. Tal es el caso que confirma los testimonios de personas acerca de dicho sectarismo del clérigo. Un obrero del Ferrocarril que pasó en estado de embriaguez por la casa del sacerdote gritó:

“Cura Hijueputa, malparido, salí para que nos matemos. ¿Te parece que porque estás tan patrocinado por es tos godos, vas a hacer lo que te da la gana? El Padre Agudelo, frente al desafío, salió en calzoncillos, y le hizo varios disparos, a mi parecer para amedrentarlo, ya que no le hizo ningún daño” (Archivo Histórico de Antioquia (A.H.A.), Fondo Gobierno Municipios, Bello, folios 67-67B).

Por este hecho el obrero estuvo a punto de ser despedido, pero en declaraciones de testigos a favor de él, con firmaron que el cura tenía la costumbre de insultar y amenazar con armas a los que pertenecían y gritaban vivas al Partido Liberal.

Aquel 9 de abril

A partir del “viernes Rojo”, día del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, se agudizó el fenómeno de la violencia en Colombia. Inicialmente en Bogotá y luego en muchas ciudades y poblaciones del país se desencadenaron protestas, pedreas e incendios contra todo lo que representara la institución estatal. También los particulares y el comercio su frieron consecuencias materiales, como en Medellín donde los enconados partidistas causaron estragos y provocaron por varios días la parálisis de actividades económicas, administrativas y educativas. Los ciudadanos de la capital antioqueña y los que llegaron de poblaciones vecinas se sumaron a la protesta y a la destrucción de los enseres urbanos que estimaron objetivo de sus propósitos rebeldes.

En Bello se tomaron medidas de con trol para evitar estragos. Así lo expresó el superintendente de Fabricato en carta enviada al alcalde municipal; en esta expresa la urgencia de nombrar oficial mente a varios obreros como agentes auxiliares “con el fin de estar en condiciones de defender los intereses contra cualquier posible ataque” (A.H.B. Oficios recibidos. 1946-1948, folio 158). También, el alcalde Luis María Escobar, agradece al superintendente de dicha empresa su ofrecimiento de obreros al gobernador de Antioquia para que auxilien a las autoridades en la vigilancia en cualquier lugar del municipio (A.H.B. Oficios recibidos. 1946-1948, folio 156).

Algunos ciudadanos de Bello fueron reportados por participar en actividades de protesta en Medellín. Efraím Mejía, médico, a quien se le acusó porque el 9 de abril: “se dedicó a azuzar y a concitar actos vandálicos de que fue víctima esa importante capital”. Y aunque la prensa conservadora informó posteriormente sobre el orden que reinó en poblaciones como Bello, la vida cotidiana del municipio sí sufrió algunas alteraciones. Al respecto un periódico liberal “informaba” que:

“Las fábricas en Medellín y municipios vecinos abrieron las puertas al personal de servicio y reanudaron labores. No hubo despido de personal por concepto de limitación en los renglones de producción, los cuales se aumentarán hasta donde ello sea posible, según concepto autorizado de los gerentes y administradores de las empresas en general […] Sigue lloviendo […] el invierno se ha manifestado con toda su crudeza, lo que indudablemente ha contribuido a la pacificación de la ciudad” (El Correo Liberal. Abril 18 de 1948, p. 5).

Para lograr esa “pacificación” se dispusieron diversas medidas. El gobierno nacional decretó Estado de Sitio en todo el país. El Concejo de Bello aumentó el número de policías para atender permanentemente el orden público en toda la localidad, lo que le había implicado incluso no poder conceder a la policía el derecho a los días de descanso y los dominicales (A.H.B. Acuerdo No. 17, mayo 12 de 1948. Libro de Acuerdos. Folio 41).

Las censuras a periódicos, el abuso de autoridad de los funcionarios públicos y las masacres de liberales y conservado res, constituyeron parte importante de la cotidianidad política colombiana. Ambos partidos se dedicaron a la denuncia y al desprestigio de su adversario.

La Iglesia católica, aliada incondicional del conservatismo, frecuentemente exhortaba al rechazo del liberalismo con manifestaciones como esta:

“El problema más grave de Colombia, está en la inmensa masa que se llama liberal […] La C.T.C. profundamente hostil a la Iglesia”. Y la frecuencia de noticias tales como “Ma chete y bala a dos sacerdotes […] Un anciano católico asesinado a garrotazo” y “Despedazados dos sacerdotes, uno en Armero y otro en Venadillo” (El Obrero Católico, julio 31 y mayo 15 de 1948).

Eran no solo denuncias sino estrategias para defender sus postulados, al tiempo que se permitían atacar de una u otra forma a los contrarios políticos.

Por su parte, la prensa liberal des tacaba noticias con el mismo sesgo. Durante el estado de sitio y el toque de queda decretados por el gobierno nacional, los liberales se quejaron de los intensos maltratos que sufrían sus copartidarios detenidos en las cárceles; asimismo, de la violencia ejercida por los policías en las requisas callejeras, y de los insultos de estos a los transeúntes, entre los que no se escaparon ni las damas. Fenómeno que tuvo lugar en di versas poblaciones de Antioquia, por lo cual el Directorio Liberal Departamental elevó denuncias al Presidente y a los ministros, porque la gobernación no fue eficaz para atenderlas, y “a juzgar por el municipio de Bello, cuyo alcalde, en opinión no solo del liberalismo, sino de los conservadores honestos, ha dado motivos más que suficientes para la remoción, y sin embargo la gobernación no lo ha decretado (Periódico El Correo. Mayo 5 de 1948, p. 1).

Estos aspectos alimentaron, a lo largo de meses y de años, el fervor político que se caracterizó por una defensa a ultranza del ideario de su colectividad y alimentó el rencor profundo hacia su adversario político. Sucesos que se repitieron y que fueron consecuencia del adoctrinamiento de los altos dirigentes políticos, las instituciones, la publicidad que los acompañaba y que permitió a las autoridades el control del orden público de acuerdo con sus intereses, acudiendo a cualquier procedimiento por brutal que fuera.

Poco tiempo después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el presidente conservador Mariano Ospina Pérez, nombró gobernador a Dionisio Arango Ferrer, de acendrado catolicismo, duro y antagonista al populismo, quien durante su administración se dedicó a erradicar los focos de insurrección en el departamento. Para ello conformó un grupo especial de policías que sofocaran cualquier manifestación y realizaran los controles que estimaran conveniente, lo cual provocó un desbordamiento de poder en todas las jurisdicciones. En Bello, la ideología gaitanista no tuvo tanto arraigo como en otras regiones —entre ellas el nordeste antioqueño— y se supo de toda clase de desmanes que cometieron estos organismos de control (Roldán, 2003, p. 98).

En abril de 1948, el personero Miguel Velázquez, envió una carta al gobernador de Antioquia, en la que manifiesta la indignación de los ciudadanos ante los graves atropellos de que fueron víctimas muchos dueños de establecimientos públicos y quienes se encontraban libando licor. Detalla el funcionario:

“Ocurre señor gobernador, que de una manera intempestiva, se presentaron a esta plaza tres carros volquetas car gados con soldados, quienes sin pre sentarse ante el señor alcalde de este lugar, ni preguntar […] limitándose solo a decir que venían por cuenta del gobernador […] se dedicaron a quebrar todos los establecimientos de cantina que a su paso encontraban y luego de quebrar casi toda la botellería de dichos establecimientos, cometieron todos los ridículos y reprobables actos de saqueo, tales como de llevarse comestibles, alguna parte de licor y los dineros que encontraban en los respectivos cajones de los establecimientos. [También (los establecimientos) que estaban cerrados] […] fueron atropellados sufriendo por parte del ejército el escalamiento de sus cerraduras, las cuales reventaron con las culatas de sus fusiles y donde quiera que esto no era suficiente, disparaban los proyectiles contra las cerraduras, reventándolas consecuencialmente y penetrando a sus interiores de donde sacaban de forma agresiva y amenazante a los dueños que se encontraban víctimas de inexplicable estupor dado el intempestivo ataque” (A.H.A. Carta del Personero Miguel Velázquez, al gobernador de Antioquia Dionisio Arango Ferrer. Abril 26 de 1948. Fondo Gobierno Municipios. Folio 88)

 Detalla el funcionario allí mismo las detenciones arbitrarias, de las que fue ron víctimas otros ciudadanos que se hallaban fuera de los establecimientos y observaban estupefactos lo que ocurría y de las cuales no se escaparon muchas damas, las que también fueron conducidas a Medellín de donde regresaron más tarde. Pese a las constantes quejas que funcionarios y ciudadanía dirigían al gobernador, no lograron que se ejerciera un control sobre los subalternos del gobernante departamental, pues en poblaciones como Bello las irregularidades de alcaldes y policías en contra de los liberales no cesaron (A.H.A. Carta del Personero Miguel Velázquez, al gobernador de Antioquia Dionisio Arango Ferrer. Abril 26 de 1948. Fondo Gobierno Municipios. Folio 88).

Secuelas del 9 de abril: La Chusma

La cultura política colombiana desde el siglo XIX se había caracterizado por su gran beligerancia e intolerancia y hubo periodos de cierta pasividad. En las primeras décadas del siglo XX en Colombia, pudo lograrse tácitamente, entre ambas facciones políticas, un acuerdo para gobernar y convivir. Años previos al asesinato de Gaitán, sobre todo después del infeliz suceso, la violencia se recrudeció. Primero, como reacción a lo que produjo la muerte del líder popular y en los años subsiguientes, como forma de buscar la supremacía política de uno y otro partido. Aunque fue cíclica y se pre sentó, con mayor frecuencia, en época de jornadas electorales, se crearon en el país ejércitos de civiles: La Chusma —liberales y conservadores— que iban por los campos y poblaciones asesinando hombres, mujeres y niños de las maneras más execrables.

No fueron solo los individuos del pueblo quienes emprendieron persecuciones y atropellos contra sus contrarios. Miembros del gobierno, cohonestando con dichas acciones, las ejecutaron directamente, como el caso de Luis María Correa, alcalde Conservador de Bello en 1949, que insultó a los liberales y permitió que los policías en el momento de sus requisas cometieran atropellos contra los ciudadanos. Dicho mandatario expresaba sus descargos y aducía que era preciso realizar estos controles:

“porque el sectarismo político que domina este pueblo, en ambos partidos, es de proporciones alarmantes, de allí que el suscrito se haya empeñado en el des arme general como medida redentora para la tranquilidad social” (A.H.A. Fondo Gobierno Municipios. Caja 541. Carpeta 3. Folio 115).

No obstan te, las quejas de los lugareños dan cuenta de los desafueros cometidos por este personaje, además que evidenciaban un clima de tensión política y de odios fratricidas.

“Nueve abrileños” y “Godos” fueron apelativos con que se les distinguía a liberales y conservadores, respectiva mente, y que tenían entre sí connotaciones de mutua agresividad y de una latente violencia. Expresiones que se lanzaban unos a otros por diferentes medios y, en muchos momentos de la vida cotidiana, desataron puñetazos, pe dreas, heridos y muertos, ocurridos los días de elecciones en las calles y en las cantinas donde discutían y peleaban por política. Era frecuente oír expresiones como ¡Viva el Partido Liberal y abajo los godos hijueputas! y ¡Abajo la policía con servadora de Bello! (A.H.B. Libro de procedimientos verbales. 1948. Folio 21) O viceversa: ¡Viva el partido Conservador… abajo liberales hijueputas!, proferidas por ciudadanos, que en variadas ocasiones en estados de alicoramiento dejaban fluir con mayor facilidad sus creencias políticas (Entrevista Ricardo Patiño y Alberto Tobón).

Las agresiones superaron el límite de los insultos, emulando a los copartidarios de otras regiones colombianas, y muchos bellanitas asumieron la tarea de “aplanchar” a sus contendores. Aplanchar, era golpear con el plan de la peinilla, ese machete largo necesario en las faenas básicas agrícolas del campesino, que hace parte del atuendo de los antioqueños, y que terminó por la época como instrumento de guerra por excelencia. Los conservadores se die ron a la tarea de golpear a los liberales propinándoles “planazos”, lo que derivó en la expresión “aplanchar”, por lo que sus ejecutantes recibieron el nombre de “aplanchadores”.

En Bello, “Los Pasteleros”, comandados por fabioeme, un grupo de hombres godos entre ellos varios hermanos fueron reconocidos como aplanchadores de liberales;

“… los tipos esperaban a la gente a la salida de Misa, conocían a los liberales, los cogían y los aplanchaban […] A Jaime mi hermano lo aplanchó uno de los pasteleros y casi le corta la nuca”( Entrevista Ricardo Patiño).

Las lealtades políticas se concreta ban en acciones que pretendían eliminar a sus contrarios, limitar su militancia y obligar a que se adhirieran a sus filas.

“…A mí me cogió uno en Playa Rica y gritó: ¡Que viva Laureano Gómez!, y yo le dije que no iba a gritar… (Entonces) un muchacho César, conocido mío, que estaba ahí, les dijo que ‘el que toque a ese muchacho se muere’ y me trajo hasta mi casa”( Entrevista a Ricardo Patiño).

sacerdote Rogelio Arango

La preeminencia conservadora

En Colombia, el conflicto político a finales de los años cuarenta derivó en la conservadurización. Las elecciones del Senado las ganó el partido liberal y quedaron planteadas las contradicciones políticas entre este órgano legislador y el presidente Mariano Ospina Pérez. El fenómeno político antioqueño se concretó en lo que se llamó “El Embanderamiento Azul” (Mesa, G., 2006, p.180).

La intensa actividad emprendida por los líderes conservado res del departamento a instancias del candidato a la presidencia del momento, Laureano Gómez, y con la ayuda de la Iglesia, lograron para algunas zonas de Antioquia la preeminencia del partido conservador. Esta labor de conservadurización pudo hacerse por la intensa actividad de “adoctrinamiento” de la Iglesia; aunque hubo sacerdotes disidentes, es decir, no se acogieron a las imposiciones radicales, predominó el sectarismo político conservador promovido por Monseñor Miguel Ángel Builes, obispo de Santa Rosa de Osos(Mesa, G., 2006, p.175).

Pero no se trataba de la evolución ideológica en sí. Era la lucha fratricida que se recrudecía en todo el territorio nacional por el predominio político. En Antioquia la escalada de violencia se dio por muchas de sus zonas. Por ejemplo, en el Suroeste se presentaron casos como en Támesis, en la vereda de Santa Teresita, en la que asesinaron conservadores y quemaron fincas; los conservadores atacaban propiedades de liberales y en ocasiones fueron azuzados por los sacerdotes para que atacaran y destruyeran sus propiedades (Mesa, G., 2006, p.212).

Fue una sucesión de hechos, ataques, masacres, incendios que se cometieron de uno y otro lado, que incluso generó éxodos masivos de un territorio a otro y, por ende, ocasionaron mayor inestabilidad social.

En Bello, el Padre Rogelio Arango, de quien se había dicho antes tenía una in fluencia política en el municipio, desde el púlpito emitía cotidianamente los discursos en defensa de la religión y la política, al tiempo que convocaba a la animad versión por todo lo que representaba la ideología liberal, discursos coadyuvados por acciones coercitivas que ejercían las autoridades civiles y militares, que operaban en muchas zonas del departamento y repercutían en la localidad. Acciones que tuvieron respuestas violentas por parte de los miembros del partido liberal. Puede colegirse esa transición ideológica por la acogida que tuvieron diarios conservadores y religiosos, como fue la del Obrero Católico36, semanario dirigido por la Acción Católica, cuyos contenidos, aparte de dar la respectiva orientación religiosa, relacionaban ésta con la mi litancia política azul, asociada en una sola doctrina, lo cual tuvo una importan te aceptación y surtió sus efectos en la conciencia política de sus seguidores (Roldán, 2003, p. 123).  En consecuencia, a finales de la década de los cuarenta, Bello había vivido un proceso de conservadurización.

Es comprensible que muchos casos de violencia desatados se hayan presentado a raíz de la intolerancia política y que, incluso, se hayan desplegado acciones a otros lugares, con el ánimo de expandir la doctrina y, por ende, consolidar su dominio político.

Por ejemplo, en agosto de 1949, con ocasión de las bodas de plata de Monseñor Miguel Ángel Builes, el alcalde de Bello Marco Vélez Arango, emitió la Resolución No. 7, mediante la cual autorizó una peregrinación de bellanitas a Santa Rosa y unirse a otros devotos del obispo a la celebración.38 La rome ría, que llevaba una custodia de oro, un copón y un ramo de flores al prelado y cargada de una gran exacerbación, protagonizó disturbios a su paso por Donmatías, donde desafiaron a los libe rales y en Santa Rosa desataron hechos violentos que dejaron un muerto y 18 heridos (Mesa, G., 2006, p.195).

El periódico El Colombiano al referirse a estos hechos adujo que eran exageraciones de los diarios liberales, en los siguientes términos:

“Fuera del Señor Leonel Gómez Gómez de treinta años de edad… odontólogo de profesión residente en Bello, y quien fue herido antier en Santa Rosa de Osos, como lo informamos ayer, fueron traídos a la policlínica de Medellín, los ciudadanos José A. Vélez M., Julio E. Mesa A., Miguel Velázquez Uri be y Luis E. Villa U., quienes están sien do cuidadosamente atendidos por los médicos. Ninguno de ellos afortunada mente reviste caracteres de extrema gravedad, que pudieran hacer temer su fallecimiento. Todas esas personas y otras que no fue necesario conducir a la policlínica de Medellín, fueron víctimas de choques que por motivos aun no establecidos ocurrieron en Santa Rosa a partir de las tres de la tarde del domingo (Periódico El Colombiano. Agosto 12 de 1949, p. 12).

La visita de Laureano

 El 13 de mayo de 1950, la ciudadanía de Bello aclamó la visita del presidente Laureano Gómez. Todas las instituciones educativas salieron a las calles a recibir lo; las directivas de Fabricato, médicos y enfermeras, y otros sectores de la sociedad se unieron para a homenajear al primer mandatario. El lujo y la pompa se hicieron con gran despliegue. El comité conservador y el alcalde, mediante Decreto No. 47 del mismo año, lo declara ron huésped de honor y, a su vez, lo in vitaron a la choza de Marco Fidel Suarez —de quien veintinueve años antes había sido su adversario político y al que acusó de prevaricador— y luego asistió a los establecimientos educativos, y le entregaron las llaves de la ciudad (La Defensa. Mayo 13 de 1950, p. 7.)

Todo lo anterior define el viraje político que tuvo Bello hacia mediados del siglo XX, lo cual no significó una convivencia política pacífica. Los odios entre rojos y azules se recrudecieron al comenzar la década de los cincuenta. En Bello no hubo masacres y despojos como en otros lugares de Antioquia y Colombia, pero sí virulencia política, expresada en peleas, aplanchamientos, pedreas y sectarismos que perduran en la memoria colectiva.

Referencias

Melo, Jorge Orlando. La política de 1904 a 1946. En: Historia de Antioquia. Medellín: Suramericana de Seguros, 1991.

Mesa, Gustavo. Representaciones religiosas y violencia en Antioquia 1949-1952. Tesis para obtener la Maestría en Historia. Universidad Nacional de Colombia. Sede Medellín, 2006.

 Roldán, Mary. La Violencia en Medellín y en los Municipios nucleares. En: A sangre y fuego. La violencia en Antioquia Colombia 1946-1953. Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Fundación para la promoción de la ciencia y la tecnología, 2003.

Saldarriaga, Acevedo Carlos José. El ordenamiento urbano y las formas políticas de ciudad. Municipio de Bello 1950-1970. Universidad Nacional. Medellín. 1995.

Archivos: Archivo Histórico de Antioquia (A.H.A.), Archivo Histórico de Bello A.H.B.

Prensa: Periódico La Jornada; El Correo Liberal; El Obrero Católico; El Correo; El Colombiano; La Defensa.

Entrevistas: Cecilia Arboleda y Ninfa Calle, mayo 12 de 2012; Ricardo Patiño y Alberto Tobón. Abril 12 y mayo 12.

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