Por Nubia Valencia Montoya, antropologa.
El ser de las calles
Son ellas un mecanismo administrativo que permite y facilita el control del territorio. Alrededor de ellas se organiza la ciudad y se desarrolla la cotidianidad de los habitantes, se ubican casas, comercio, templos, parques, espacios de referencia en la memoria de los que allí habitan. Son lugares de encuentro, de socialización, de diversión, de reconocimiento, donde se crean referentes identitarios del patrimonio material e inmaterial. Son espacios que perviven en el imaginario colectivo de los ciudadanos. Es un elemento distintivo en el trazado de los pueblos. En 1913, el nuevo municipio de Bello contaba con dos calles conocidas, la Calle Arriba y la Calle Abajo, que si bien ya existían, no obedecían a una planeación definida.
Sobre la Calle Arriba se refirió Marco Fidel Suárez: “El pueblo era entonces una mera calle, puede decirse, dividido en dos barrios, la calle Arriba habitada por los “ñoes”, la calle Abajo, asiento de los “dones”. En la primera era donde especialmente se oían más mejicanismos, especialmente en lo de los nombres propios, como Alifonso, Birján, Chema, Damasio, a los cuales trataban los vecinos diciéndoles “mano” por hermanos”.1
En la Calle Abajo indica el mismo autor “o barrio inferior” decía, figuraban nombres que recordaban un celebrado poeta de México o un señor que llevaba el nombre de un ilustre crítico argentino, “por el estilo se han oído por allá, según nos contaban, nombres de pilotos y guerreros que se recuerdan en las Décadas de Herrera, como Bartolomé Pérez, Esteban Gómez y Felipe Gutiérrez.”2
Pero existían otras calles menores, según evidencia en el Archivo Histórico de Bello, que daban salida a otros sectores o que servían de conexión con la calle principal, entre ellas la calle central que comunicaba con la plaza, la calle del hoyo, la callecita, la antigua calle de los espinales y la calle del cementerio.
Fue de gran importancia la Calle Abajo por ser la vía que conducía a la estación del Ferrocarril. La faja de terreno que faltaba para lograr este propósito, fue donada por Juan de la Cruz Peláez al Ferrocarril de Antioquia. Los trabajos para abrir la calle y comunicar el distrito con la estación fueron realizados por la misma empresa, en 1913. Dicha calle debía contar con una amplitud de 16 metros, además de estar encascajada y contar con desagües.3
Para lograr el acceso definitivo desde la Calle Abajo a la estación del Ferrocarril, se debía abrir y acondicionar este trayecto, obra que ayudó a gestionar y financiar la Superintendencia del Ferro- carril de Antioquia, a la administración local, con un préstamo de $300.oo pesos4, en 1913, destinados a financiar las obras necesarias para la adecuación de la vía que conducía a la estación, con el fin de hacerla más transitable porque según señalaba el Ferrocarril era en beneficio del poblado de Bello y el Concejo consideraba que era de conveniencia pública.
Todo indica por actas y correspondencia de la época, que se presentaban algunos conflictos entre los donantes de fajas de terrenos, como fue el caso de Juan de la Cruz Peláez, problema que duró hasta 1923. El ferrocarril y la administración, debido a que no se especificaba bajo qué términos se donaba el terreno para la construcción o la ampliación de una calle, a quién le correspondía el mantenimiento ni mucho menos los compromisos que generaba para cada una de las partes: el donante, el Ferrocarril y la Administración.
Se presentaron casos de consultas indagando a quién le correspondía la posesión de una determinada calle. Todo debido a los enormes vacíos generados en las actas de donación, que no definían de manera expresa los acuerdos y las obligaciones para cada una de las partes que intervenían en la negociación. A esta problemática por cuestiones de calles y de fajas de terreno, no fue ajena tampoco Fabricato porque años después, fue acusado por el Municipio, de haberse apropiado indebidamente de una faja de terreno, perteneciente a una calle contigua a la empresa y que conducía a la quebrada del Hato, situación que debió rectificarse por parte de la empresa puesto que había sido parte de una negociación entre el Municipio y la Empresa, asunto que tampoco había quedado claro para la administración.5
A esas reclamaciones tampoco escaparon los urbanizadores que llegaron a fundar nuevos barrios y la administración. En los acuerdos que se firmaron, de manera posterior se presentaron dudas y reclamaciones, en lo pertinente a la propiedad, mantenimiento, adecuación, perfilación e iluminación de las calles.
Las inversiones y préstamos del Ferrocarril a la Administración, para el mejoramiento de las calles más cercanas a la estación no fueron gratuitos, porque también correspondía al Ferrocarril, con el agua necesaria para el funcionamiento de las máquinas de vapor, agua que tomaban del punto donde salía el acueducto para el centro y Calle Abajo, situada en la finca del “El Piñón, de propiedad de Alejandro López”.6 Años después Fabricato hizo lo propio, con la respectiva inversión y acompañamiento a la administración local, dirigida a las calles del barrio que al poco tiempo se llamaría Nuevo Manchester. Estas iniciativas en la intervención y mejoramiento de las calles del municipio, eran entre la empresa privada y la municipalidad.
En 1918 se crea la Sociedad de Mejoras Públicas, con el lema “armonía y progreso”, armonía con el concejo y progreso de Bello7, que tuvo como primer presi- dente a Timoteo Jaramillo.8 Esta entidad tenía entre otras funciones, la adecuación y encascajada de las calles del Distrito. La sociedad apoyó los esfuerzos para la apertura de calles y caminos.
En el mismo año se creó el barrio Andalucía, y se comenzó a pensar en las dimensiones y características de las futuras calles del municipio, más por iniciativa de los urbanizadores, que por la misma administración local. La Socie- dad de Urbanización Mutuaria solicitaba al Concejo Municipal que por medio de acuerdo reglamentara las dimensiones y características básicas de las calles de la localidad. En carta de los constructores al Concejo municipal de la época, indicaban que las calles del barrio Andalucía, tendrían una anchura de 15 varas; basados en esto, pidieron al Concejo, que dictará una norma que prohibiera abrir nuevas calles que no obedecieran a un trazado científico, rectas y de una amplitud no menor a la que ellos proponían.9 En 1922 con la creación del barrio Nuevo Manchester, se siguieron los mismos parámetros de calles propuestos para el barrio Andalucía.10 En la medida que el distrito se urbanizaba, se vio en la necesidad de construir nuevas calles, que entraron a ser parte del paisaje pueblerino y generaron nuevas dinámicas y referentes en la población bellanita.
Los nombres de las calles a partir de la década del 1920
En abril de 1923, el Concejo Municipal aprueba el Acuerdo N° 16, en el cual se oficializa la denominación de las carreras y calles del distrito, como un elemento en la planeación e identificación del territorio local.11
La localidad, en dos décadas, pasó de tener una calle larga, Calle Arriba y Calle Abajo, a siete calles y 15 carreras, que evidencia el acelerado crecimiento urbanístico y poblacional, generados principalmente por los cientos de inmigrantes que llegaron a laborar en los talleres del Ferrocarril, la Fábrica de arriba y Fabricato.
Los nombres de las calles fueron: 1) Cisneros, 2) Berrío, 3) Bolívar (Calle Abajo), 4) Santander, 5) Tamayo, 6) Suárez (Calle Arriba), 7) Rodas (Calle del Hoyo). Por su parte las carreras tuvieron los siguientes nombres: 1) Girardot, 2) Sucre, 3) Córdoba, 4) Nariño, 5) Eugenio Gómez, 6) Tobón (terminaba en el cementerio parroquial), 7) Vélez (sería la futura carrera de la escuela urbana de niñas), 8) Uribe Uribe, 9) Cuervo (terminaba en la planta eléctrica del municipio), 10) Sevilla, 11) Toledo, 12) Salamanca, 13) Galicia, 14) Del Socorro (conocida con el nombre de la callecita), 15) Briceño (antigua calle de los espinales).
El 24 marzo de 1934, el Concejo Municipal de mayoría liberal, mediante el Acuerdo N.º 8, cambió nuevamente el nombre de las calles, quedando de la siguiente manera: 1) Alemania, 2) Francia, 3) Bolivia, 4) Bolívar, 5) Santander, 6) Maracaibo, 7) Avenida Marco Fidel Suárez, 8) Chile y 9) Caracas. Carreras: 1) Sucre, 2) Brasil, 3) Cuba, 4) Ecuador, 5) Olaya Herrera, 6) Alfonso López, 7) Junín, 8) Venezuela, 9) Ayacucho, 10) Uribe Uribe, 11) Pichincha, 12) Colombia, 13) Boyacá, 14) Girardot, 15) Carabobo.12
En el imaginario colectivo y en la memoria de los habitantes de este sector de Manchester, quedaron marcados nombres de las calles, como la Cisneros, la Bolívar, o la Berrío, también conocida como la Benjamín Herrera, que los mapas señalaban aún después de la reforma. Calles con una enorme historia y gran tradición, que nacieron a la par del Barrio Manchester y a la sombra de Fabricato y del Ferrocarril, conocidos referentes de cotidianidad y de significado.
La Calle Cisneros
Nombrada como calle Número 1, y la primera del Barrio Nuevo Manchester (1923), tuvo en su origen una anchura de 12 metros en 1923, a pesar de que para 1913, el Ferrocarril de Antioquia solicitaba que esta tuviera una amplitud de 16 metros, para permitir la salida de la población hacia la plazoleta del Ferrocarril, pedido que figura en el acuerdo escrito que realizaron con Juan de la Cruz Peláez.
Para el año de 1924 contaba con ocho casas de habitación. Según los acuerdos a los que habían llegado los urbanizadores del barrio Manchester y la administración, la responsabilidad del alumbrado público recayó sobre el municipio. La instalación del alumbrado para esta calle, se convirtió para los habitantes del sector como en un asunto de moralidad y buen nombre de la población, por ser la puerta de entrada al municipio.13
Con la fundación del barrio Manchester en 1923, la calle debió prolongarse hasta la estación del Ferrocarril; los terrenos para la ampliación de esta, eran de propiedad de Emilio Restrepo G., de los señores Jaramillo y Zapata, urbanizadores del barrio14, y Juan de la Cruz Peláez. Tanto para la prolongación de la Cisneros como de la Berrío, se tuvo dificultades con el señor Juan de la Cruz Peláez.15
La calle Cisneros se caracterizaba por varias cosas, primero era la calle de los obreros, en ella se ubicaron muchas de las familias que recién llegaban al municipio a trabajar inicialmente en los talleres del Ferrocarril y luego a Fabricato; eran personas oriundas de Girardota, Puerto Berrío, Cisneros, Santo Domingo, Yalí, Yarumal, Yolombó, Don Matías y otras poblaciones del nordeste de Antioquia. Inclusive familias habitantes de la misma localidad, de sectores como Andalucía, se desplazaban para vivir en esta calle, por la cercanía a su lugar de trabajo. Inicialmente el obrero llegaba solo y se hospedaba en casas de familia, donde le alquilaban piezas. Posteriormente el obrero, terminaba enviando por su familia y se establecía en el municipio. Segundo, la calle Cisneros, era un sitio donde se ubicaban algunos de los negocios más significativos de su tiempo, como hoteles y galleras.
Contigua a la esquina, que desembocaba al ferrocarril, se localizaba una de las edificaciones más reconocidas en la primera mitad del siglo XX, “El Aterrizaje”, contaba además con cantina y pianola, muchos de los forasteros o recién llegados de Girardota, Copacabana, Puerto Berrío, y de otras partes del país como del Valle del Cauca. Por eso afirman algunos vecinos que lo llamaron el aterrizaje. Su dueño, Emilio Marín, era adinerado, poseedor de tierras en Girardota, un bohemio con dinero, que gustaba de los viajes, las farras y el licor, además de ser compañero de Pelón Santamarta, músico muy importante de la época.16 El aterrizaje fue la primera casa de putas que por esta zona se fundó, “en esa pensión se oían en las noches serenas jadeos amorosos y aullidos de desenfrenada pasión”.17
Era una zona de grandes contrastes, en esta calle cerca “al aterrizaje”, a escasos metros, era de donde salían las fiestas de la patrona, la virgen de El Rosario, que cada mes de octubre celebraba la parroquia madre, con la comisión que para este efecto se organizaba, un selecto grupo de hombres notables habitantes de la localidad, en compañía del párroco de la época. Era una fiesta que congregaba a los habitantes de todas las clases sociales, en un municipio mayoritariamente católico, conservador y tradicional.
Algunas de las galleras también estaban ubicadas por la Cisneros, las primeras galleras se remontan a 1918, de las cuales se decía que fomentaban una agradable diversión en el distrito, que no atentaban contra la moralidad y las buenas costumbres, además de que ahuyentaba la monotonía del lugar.18 Las galleras eran una diversión que atraía a propios y a extraños, a este espectáculo venía gente de otros pueblos cercanos; afirmaban los comerciantes dedicados a este tipo de negocios, que antes de perjudicar, convenían a los intereses de la municipalidad, porque atraían gente de otros lugares y que redundaba en el beneficio general.
En la Cisneros, algunas edificaciones y negocios estaban creados, para la atención directa de los obreros de los talle- res; muy cerca del Aterrizaje, se levantaba la casa que pertenecía el ferrocarril, la llamaban la casa de los ferroviarios, allí se hospedaban los obreros que venían a trabajar a los talleres del Ferrocarril; los “místeres” también se alojaban allí, eran los encargados de enseñar a manejar las maquinas modernas que adquiría la empresa. Las piezas contaban con catre, taburete, filtro de agua y aguamanil. Muy cerca de allí estaba el granero ferroviario administrado por Abel Idárraga, por más de 25 años. Los obreros se embriagaban en la cantina de Emilio Quintero, de puerta anaranjada, y la tienda-cantina de Anita, con piano y pájaros incluidos. Muchas casas de familia alquilaban las piezas a los ferroviarios mientras se asentaban en la localidad.19
La tienda El Centavo Menos de Jesús Bastidas, es un negocio donde su nombre proviene de los propios vecinos de la época, quienes decían que vendía a un centavo menos que los otros. Este era tienda y cantina, pero también casa de citas, alquilaban piezas, tenían mujeres allí, por esta razón a las muchachas decentes de la época no las dejaban pasar ni mirar para allá. Vendía carbón de piedra, petróleo al menudeo, y sirope una de las bebidas de la época.
El personaje más representativo de la calle Cisneros, fue Félix Montoya, conocido como “Félix Alaska”, llamado así por la barbería que llevaba ese nombre. Un hombre bohemio que ejecutaba el violín y el acordeón, liberal hasta la médula, no se sabe si fue por esta razón que se mantenía armado, situación por la cual en alguna ocasión recibió un carcelazo en la San Quintín, por hacer tiros al aire pasado de copas. Félix Alaska era taxidermista y tenía expuestos animales embalsamados como águilas, culebras, machacas, pájaros, lechuzas, y demás especímenes, que eran de enorme curiosidad tanto para los clientes y transeúntes que se detenían a contemplar la colección.
Frente de la barbería de Alaska, estaba, la academia de “Don Kiko” quien desde su silla de ruedas o tendido en su cama, enseñó a varias generaciones de jóvenes: taquigrafía, mecanografía, ortografía, correspondencia comercial, telegrafía y contabilidad; en su negocio tenía seis máquinas marca Remington antiguas y el telégrafo, este último especialmente para algunos trabajadores de Telecom. Se estudiaba con manuales que el mismo “Don Kiko” diseñaba. Allí se prepararon muchas jóvenes y trabajadores de Fabricato y del Municipio.
La velería de los González, que funcionó entre 1950 a 1965, surtía todas las tiendas de Bello, y fue durante ese tiempo el único negocio de este tipo en la localidad. El carbonero don Jesús María, la tienda de Jesús Laverde, la vieja Mela, familias, personajes, oficios y negocios, habitaron en un tiempo, donde la Cisneros era la calle de referencia del municipio, dinámica, ruidosa, libertina si se quiere, que experimentó un período su esplendor y otro de decadencia.
La calle Berrío
La calle Berrío o calle número dos, y la segunda del barrio Manchester, fue una de las calles más representativas del municipio, comparte el mismo origen con la calle Cisneros, debido a que tuvo las mismas dificultades para su ampliación en la franja más cercana a la estación. En su diseño inicial, esta calle al igual que la Cisneros, debía procurar que los habitantes también tuvieran ac- ceso a la estación por esta vía, además de que los terrenos pertenecientes al señor Emilio Restrepo G. ya habían sido negociados con anterioridad con Alfonso Zapata, en el tramo más próximo a la estación, era donde se presentaban las dificultades con su vecino Juan de la Cruz Peláez.
La Berrío adquirió cualidades muy diferentes a la Cisneros, que se acentuaron con el tiempo. En esta calle vivían familias tradicionales y pudientes de la localidad, en terrenos comprados a Alfonso Zapata, uno de los dueños de tierras del municipio, antes de Manchester. La calle Berrío, desde el sector más cercano a Fabricato, en la primera manzana, era una de las más pobladas, eran constantes los memoriales dirigidos por los vecinos a la administración de turno que solicitaban el mejoramiento de la electricidad en este tramo, además de que por este mismo, transitaban muchos ciudadanos para la estación y Fabricato La Berrío, al igual que la de Cisneros, tenía una amplitud de 12 metros, era una calle polvorienta sin encascajar, años después la vía fue empedrada, que la hizo diferente a las demás. En sus primeras décadas estaba arborizada con almendros. Dicha arborización comenzó en 1934 desde el sector de Prado hasta Fabricato. Esta idea provino de Alfonzo Zapata, que pretendía construir en Bello un barrio parecido al barrio Prado en Medellín. Esta arborización no fue permanente, y los almendros sembrados al lado y lado de la calle no permanecieron en el tiempo; años después, en 1951, en la alcaldía de José María “Chepe” Correa, fueron talados y la calle reformada porque el mandatario local dio la orden de retirarlos pues estorbaban mucho en la vía.
Se levantaban inmensos caserones, alrededor de diez, conocidos con el nombre de “casaquintas”, con grandes patios florecidos, casi todas sobrepasaban los cuatrocientos metros cuadrados, algunos con puerta cancel20 o contraportón, una puerta interna generalmente decorada, hasta con vitrales de colores. Casas que tenían como mínimo cinco piezas de habitación.
En sus inicios, Berrío tuvo moradores oriundos de la localidad y con el tiempo llegaron gentes de otras partes, atraídas por el Ferrocarril y Fabricato: familias de Cisneros, Puerto Berrío, Belmira, San Pedro y Carolina del Príncipe. Algunos de los nuevos habitantes, llegaron también a montar negocios, que les servían de sustento, atendiendo a los ferroviarios o a los de la fábrica. “Jesusita” despachaba almuerzos y tenía comedero en su casa y en algunas tardes se animaban con acordes de guitarra; se volvió famosa porque hacía y vendía gelatina blanca y jalea, que se vendían en el tren desde Barbosa. Cuenta la familia que su popularidad llego a lugares tan lejanos como Bogotá.
El recuerdo de sabores y colores continúa con la tienda-cantina de Ramoncito donde según cuentan solo atendía una mesera, y donde se conseguía la mejor crema de helado de Bello; además de una refrescante avena y un salchichón morado, que surtía un señor en una maleta de cuero.21 A pesar de que los negocios eran pocos, marcaron una época. Por ejemplo, la tienda del Mono Bedoya, fue la más popular y funciono alrededor de 40 años en la misma zona. Era agencia de abarrotes, carnicería, y revueltería, se podía comprar pólvora en los diciembres. Luego fue la tienda de Neno, en la esquina del colegio El Sagrado Corazón. La carpintería de los Rendones, la ebanistería de Enrique Montoya, conjugados en una calle que evoca historia y tradición.22
En la esquina de Cuesta Abajo, quedaba una vieja pila de agua y, posteriormente, un cafetín del mismo nombre “era el más gardeliano bar de Manchester, aunque, según algunos, el tango que más “molían”, era “hasta siempre, amor” de Juan D´Arienzo y Jorge Valdez.23 En esta calle de la jalea de Jesusita, nació la banda Marco Fidel Suárez, en una casa de Fabricato, compuesta en sus inicios por la familia Jiménez. Amenizaban las fiestas patronales y se hizo famosa en toda Antioquia. Varias décadas después, en la época del narcotráfico, en una explosión en la plaza de toros de La Macarena, murieron varios de sus integrantes.
Toño Madrid fue el personaje más ilustre y conocido de este sector, era cazador, y amigo personal del presidente Guillermo León Valencia, quien lo recogía los sábados y viajaban en avión para irse de caza, a diversos lugares de Colombia. Toño como buen cazador, tenía perros y armas, era considerado el mejor que había en el país.24
Otra particularidad fue el segundo nombre que se le dio: la “Calle Manchester”25, apelativo que llevó durante varias décadas y esto lo expresaban tanto la administración como los vecinos; de hecho, algunos afirmaban que Manchester adquiría su nombre por esta calle. Dentro de otras significaciones simbológicas y políticas fue el cambio de nombre en 1932, por el de “Benjamín Herrera”, reflejado en los mapas de Bello de 1936 y 1938.
En conclusión, Berrío fue una calle de gran significación simbólica y patrimonial para la ciudad, por sus diferentes particularidades, pobladores e historias. Una calle llena de recuerdos, alegrías y nostalgias.
La calle Bolívar
En la antigua Calle Abajo se estableció población desde 1900. Uno de sus primeros habitantes fue Alejandro Tamayo, un arriero reconocido, que tenía pesebrera y alquilaba bestias, y transportaba personas y baúles, hasta Sopetrán y San Pedro. Se subía por Potrerito y salía por la Delgadita, los viajeros se demoraban hasta dos o tres días, en ir y volver. Tamayo tenía peones que arriaban la mulada, cargando baúles, ya que no se utilizaban maletas y los caballos eran para el cliente. El peón se regresaba con las bestias. Algunas se alquilaban en un centavo para darle la vuelta al pueblo, como lo hacía el farmaceuta Rafael Piedrahita.
En sus inicios la Calle Bolívar o número tres, era más larga, pero se acortó con la creación del barrio Manchester en 1923, donde negoció el municipio los terrenos correspondientes con Fabricato. Para 1934, ambas partes acordaron su enderezada, rectificación y terminación.26 Fue una de la más representativas de la localidad, por ser la heredera simbólica, económica y cultural de la Calle Abajo y porque vivían algunos de los ciudadanos adinerados de la localidad. Daba salida de manera directa a la plaza principal y servía de tránsito a los carros de servicio público de la época, que regresaban de la ciudad de Medellín.
Adicionalmente servía de comunicación a Fabricato, una de las empresas textiles más importantes de la región. Estas condiciones le dieron un gran dinamismo comercial, y fomentó todo tipo de negocios en toda su longitud, y se volvió un lugar atractivo para los obreros que eran sus principales clientes y consumidores. Sin embargo, tuvo las mismas dificultades que las demás vías: falta de alumbrado, y la calle sin encascajar, tanto que en 1938, la Unión de choferes de Bello, se quejaba por el mal estado de la vía, afirmaban que los aparatos sufrían el desgaste más terrible y consideraban una necesidad apremiante su arreglo. Para el servicio de agua y alcantarillado, el municipio construyó entre 1923 y 1925, dos fuentes de agua y la tubería necesaria, a través de un contrato con el albañil Trino Congote.27
Por la misma época, la Bolívar tuvo algunas “ceibas”, pero varios vecinos por medio de un memorial solicitaron al concejo que se talaran, pues decían que vez de darle realce a la calle, la afeaban.28 Con los años, la importancia de la calle fue acrecentándose por la presencia de Fabricato, quien construyó El Secretariado, una edificación muy destacada para su tiempo, porque los hijos de los obreros recibían clases de pintura, grabado, costura, dibujo y cerámica. Allí enseñaron personajes tan importantes como la pintora Lola Vélez. Por el mismo sector funcionó la institución Manuel José Cayzedo y la Escuela de Niñas.
Por la cercanía a la fábrica, en la Bolívar surgieron muchos negocios, bares y cafetines, con billares, juego de cartas y música para tomarse los tragos. Fue el sector preferido de los obreros, al momento de entrar o salir. Eran lugares que funcionaban de día y de noche, pues así lo permitían los tres turnos de trabajo. En la mayoría, solo se escuchaba tango, como El Maracaná, más conocido como “el bar del tigre” porque así le decían al dueño, Octavio Cataño. Otro cafetín singular era el de Enrique Valencia, llamado “cocotero o Pedro coco”, quien hacía y vendía chorizos, era un lugar de billar y juegos de mesa: cartas y dominó. Tenía música antigua, además de pájaros finos y gallos de pelea. Más adelante, quedaba el alquiler de bicicletas de don Luis Gutiérrez, que cantaba con su hermano Suso. Este acompañaba al Dueto de Antaño, único dúo que era de tres.29
De igual forma, otros cafés aparecieron en los años sesenta como El Volga, el Sol y Sombra, El Tango Bar, El Silencio y La Cabañita. Sin embargo, el más célebre fue El Campín, con una historia de más de cincuenta años. Era un alargado caserón, con techos de cañabrava y antigua estantería de madera, atendido en los últimos 28 años por el Padrino (nadie sabía que se llamaba Emilio Ayala). Al lugar llegaban también los obreros a jugar billar y a beber cerveza, aunque lo que más consumían era la denominada “toma”, es decir, malta con leche y huevo.30
Fuera de los cafetines, existieron otros lugares que marcaron la cotidianidad del sector: tiendas de abarrotes como la de don Fernando Gutiérrez, un negocio de víveres, licor, y los obreros hacían tertulias sentados sobre los bultos de maíz; el pasaje San Nicolás, un inquilinato administrado por don Félix Cadavid, que además tenía su tienda; el peluquero que le decían Benitín, apodo que se ganó por su baja estatura; la zapatería de los Amariles, la talabartería Eco, el almacén el Sol, el de las Guzmanes. En definitiva, la calle Bolívar fue la más importante de la municipalidad, en ella se fusionaron, personajes, familias, negocios, empresa, historia y tradición.
En las primeras décadas del siglo XX, los nombres de las calles, obedecieron a denominaciones que pasaron desde los nombres de políticos, héroes de la independencia o personajes de la vida nacional, hasta nombres de ciudades y países destacados. Es así como Bello tuvo su calle Santander o Bolívar, pero también la Sevilla o Pichincha. Con el pasar de los años y el crecimiento de la municipalidad, los nombres resultaron insuficientes, a pesar de que estaba combinada nombres con nomenclatura.
Las tres calles principales del Municipio: Cisneros, Berrío llamada también Benjamín Herrera y Bolívar, marcaron una época. Hoteles, galleras, grandes y pequeñas tiendas, cafés y bares irrumpieron en el paisaje, y acompañados de personajes típicos locales. Fueron sitios de referencia en la vida cultural y social de la población. Los nombres de las calles, se perdieron en el tiempo, y con los años se priorizaron los números. Pero permanecen en la memoria: la calle, la tienda, el lugar de esparcimiento y de juego, la casa, el negocio, la cancha; como reflejo fiel de una época, cargándolas de significado y que se resisten a desaparecer en la memoria colectiva.
Referencias
Spitaletta Hoyos Reynaldo y otros. La historia de mi estación. Metro de Medellín, 1996.
Suárez, Marco Fidel. Los sueños de Luciano Pulgar. Tomo XII, Editorial ABC, Bogotá 1954. Biblioteca de Autores Colombianos.
Valencia, Nubia. Historia del Barrio Manchester. Entrevista Emilio Marín.
_________________________________
1. Suárez (1954), p. 403
2. Suárez (1954), p. 404
3. AHB, Libro copiador de oficios del Concejo, folio 318
4. AHB, Libro copiador de oficios del Concejo, 1913, folio 16
5. AHB, Libro del Concejo, año de 1924, folio 208
6. AHB, libro copiador de oficios 1913, folio 62
7. AHB, libro de 1925, folio 239
8. AHB, Libro de 1918, folio 312, Primer vicepresidente Roberto L. Mesa, segundo vicepresidente Francisco Álvarez, tesorero Gabriel Zapata y secretario Samuel Velásquez.
9. AHB, libro de 1918, folio 391-392.
10. AHB, libro 1919 a 1922, Acuerdos Concejo Municipal de Bello, folio 251
11. Libro 1920 a 1923, Acuerdos y Correspondencia, folio 1011(295)
12. Libro de 1934, Acuerdo N.º 8, folio 8
13. AHB, Libro de 1924, folio 250
14. AHB, Libro 1920 a 1923, Acuerdos y Correspondencia, Folio 278(897)
15. AHB, Libro de Acuerdos, 1920 a 1925, acta N° 18, folio 529
16. Historia del Barrio Manchester, entrevista Emilio Marín, p.139
17. Spitaletta y otros, (1996), p. 27.
18. AHB, Libro de 1919, folio 235
19. Entrevista a Gabriel Restrepo y José Darío Ochoa, 15, 30 de octubre de 2014
20. Spitaletta y otros (1996), p. 26
21. Entrevista Gabriel Restrepo y José Darío Ochoa, 30 de octubre de 2014
22. Entrevista a Gabriel Restrepo y José Darío Ochoa, 30 de octubre de 2014
23. Spitaletta y otros, (1996), p. 28
24. Entrevista Gabriel Restrepo y José Darío Ochoa, 30 de octubre de 2014
25. AHB, Libro 9 de 1934, Tomo II, acuerdos, folio 227
26. AHB, Libro de 1934, octubre 15 y 18 de 1934, folio 50 y 51
27. AHB, Libro de Acuerdos del Concejo Municipal, 1923 a 1926, agosto de 1923 folio 81; febrero 14 de 1925, folio 215.
28. AHB, Libro Acuerdos y Correspondencia 1938, folio 29
29. Entrevista Gabriel Restrepo y José Darío Ochoa, 30 de octubre de 2014
30. Spitaletta y otros, (1996), p. 28

