Por Edgar Restrepo Gómez
El ser humano al construir su hábitat, su entorno, su ciudad, va marcando unas formas de apropiación, de ocupación y de ordenación del territorio que marcan su diario vivir. Y la ciudad como espacio privilegiado se va transformando y adaptando en el transcurso del tiempo a las necesidades e intereses de sus habitantes. Por ello, el estudio de la ciudad debe superar la descripción de un objeto estático en el tiempo y el relato simple de una construcción física de un territorio y concentrarse en el análisis de un lento proceso de transformación, con sus lo- gros y dificultades.
La ciudad de Bello como ente territorial ha vivido diferentes procesos de transformación urbanística con sus respectivas repercusiones sociales, económicas y culturales. Su expansión urbana, al igual que en otras ciudades, ha sido una consecuencia del crecimiento natural de su población, de las migraciones o desplazamientos y del estímulo por diferentes proyectos habitacionales que se instalan en ella. Esta expansión tiene, a su vez, un impacto sobre el suelo rural y urbano, que comienza a ser utilizado intensamente, en el rural sacrificando tierras cultivables y forestales, y en el urbano, saturando sectores con la conurbación1 y la mayor densificación del espacio en los barrios. Así al observar- se la evolución de la expansión urbana en los municipios del Valle de Aburrá entre 1985 y 1997 se encuentra que en Bello el proceso de expansión urbana pasó del 15% al 23% y, en Medellín, del 25 al 70 por ciento. La comparación de- muestra tendencias del fenómeno que se incrementará en la década de 2000 y se expresa en el censo de 2005, donde Bello aumentó su población en un 25 por ciento, con 425.000 habitantes, el 90 por ciento en el sector urbano, el 10 por ciento en el sector rural.
Lo anterior demuestra un desequilibrio entre área y población, es decir, un proceso de densificación de los centros urbanos, esto exige una adaptación y una optimización de los recursos que se traduce en problemáticas como hacina- miento, insalubridad, mayor demanda de servicios públicos, concentración de actividades, necesidades de vivienda y reducción del espacio público.
La población total estimada en el Valle de Aburrá para 2005 asciende a 3.306.490 personas en un área de 1.166 kilómetros cuadrados, según el Anuario Estadístico de Antioquia. La distribución de la población por municipio muestra que en Medellín se concentra el 67 por ciento de la población del Valle de Aburrá; le siguen en importancia, Bello con el 11 por ciento, Itagüí con el 7 por ciento y Envigado con el 5 por ciento. En los demás municipios el porcentaje oscila entre el 1 por ciento y 2 por ciento.2
Para ver de qué manera la calidad de vida está en relación directa con la expansión urbana y el crecimiento de la población, debemos analizar los niveles de concentración, densidad o hacinamiento de la ciudad. Según cifras del mismo Anuario, la población en las zonas urbanas de los municipios del Valle de Aburrá asciende a 3.125.675 personas concentradas en un área de 327 kilómetros cuadrados, es decir que el 93 por ciento de la población se concentra en el 28 por ciento del territorio, que equivale a una densidad de 8.062 habitantes por kilómetro cuadrado.
Estos datos expresan una situación crítica de la subregión y demuestran la necesidad de aplicar soluciones integrales para hacer viable la calidad de vida de sus habitantes, entendida ésta como la combinación de tres factores: el del confort o comodidad, el de la salud y el del bienestar social. El primero hace referencia a que se debe diseñar el espacio público como un lugar de comunicación y de encuentro, para rescatar la vida en las calles, plazas y aceras, y crear lugares de permanencia dedicados al ocio y al entretenimiento. El segundo es el mejoramiento del bienestar, la salud y la integración social, para fomentar la habitabilidad de los espacios, tanto en su interior como en su exterior. Y por último, el tercer factor que implica cohesionar la comunidad de modo que los habitantes asuman como suya la ciudad y participen activamente en su configuración. Esto implica la mayor participación de actores involucrados en la toma de decisiones sobre la planeación de su territorio, lo que contribuye a identificar, evitar y canalizar posibles conflictos de manera constructiva.3

En el caso de Bello, el área urbana se ha incrementado en los últimos 20 años4, al pasar de 7,84 kilómetros cuadrados en 1985 a 20,4 kilómetros cuadrados en 2009. Además, si distribuimos la población existente (358.139 habitantes) en esa área urbana, encontramos que el índice de densidad para la ciudad sería de 17.555 habitantes por kilómetro cuadrado para 2005; y si la comparamos con la densidad obtenida en el año 2000 de 9.500 por kilómetro cuadrado, vemos que se ha incrementado casi el doble de forma notable, lo que demuestra la alta dinámica edificadora en vivienda nueva, la conurbación en las áreas tradicionales del casco urbano y la necesidad de empezar a construir verdaderas condiciones de calidad de vida.
Este índice de densificación (17.555 habitantes por kilómetro cuadrado), contrasta con la cifra oficial que el municipio expone en su página web (http://bello.areadigital.gov.co), de 2.496 habitantes por kilómetro cuadrado y transmite la idea equivocada de que en Bello existe una baja ocupación y crecimiento urbano de la ciudad, y de que se puede continuar con nuevas urbanizaciones y barrios.
El panorama demográfico de Bello y su relación con la vivienda, refleja una actividad especulativa y de rentabilidad sobre la tierra, al favorecerse la construcción de nuevos conjuntos habitacionales y, por ende, nuevos poblamientos, migraciones de familias y ocupaciones del territorio urbano. Según los anuarios estadísticos, la ciudad tuvo un incremento de su densificación: en 1999 eran 344.713 personas y 71.500 viviendas; en 2005 fueron 373.013 personas y 99.145 viviendas; y en 2009 con 404.844 personas y 106.000 viviendas. Si se analiza la diferencia entre 1999 y 2005, se encuentra un incremento de 34.500 viviendas adicionales, un índice significativo de 48 por ciento en el desarrollo de la ciudad.
Este “incentivo social” y económico en el incremento de la población, contrasta con el crecimiento vegetativo (diferencia entre el número de nacidos y el número de fallecidos), que ha tenido una disminución importante5: una tasa de 3,31 entre 1964 y 1973; 4,33 entre 1973 y 1985; y de 2,0 entre 1993 y 2005. Lo anterior refuerza aún más el aspecto de que en parte el crecimiento de la población de Bello está marcado por los flujos y movimientos de personas externas hacia el municipio, como se verá a continuación.
El nuevo Niquía: polo de crecimiento urbano y comercial
Al iniciarse la década de 2000, el sector de la construcción de vivienda afrontaba uno de sus peores momentos, debido entre otras causas a la caída de la demanda de servicios y recursos y al sobreendeudamiento de las familias que afectaba a la economía en general del país. Esta crisis económica, entre 1997 y 1999, arrojó cifras negativas del crecimiento del producto interno bruto (PIB), de -2,5 por ciento y -3,0 por ciento, situación que afectó profundamente al sector y su generación de empleo.6 El gobierno de la época (1998-2002) tomó medidas de austeridad del gasto público y de control fiscal, con el fin de incentivar la recuperación de la economía y favorecer el sector financiero. De esta manera se dieron las condiciones de inversión en Bello, para que a principios de 2000, grandes grupos financieros y constructores como Colpatria, Seguros Bolívar y Bancolombia, entre otros, planearan el desarrollo de diferentes proyectos de vivienda, comercio y oficinas en los terrenos aledaños a la estación Niquía del Metro.
En general, las estaciones del sistema de transporte masivo (Metro) produjeron transformaciones en el paisaje urbano, nuevos polos de desarrollo y espacios públicos “agradables, bellos y humanizados”. “El Metro en el norte del Valle de Aburrá se diseñó para generar desarrollo alrededor de sus estaciones y las integró a zonas recreativas produciendo un reordenamiento urbano”.7
Este desarrollo alrededor de la estación Niquía, se inicia con la construcción del Centro Comercial Puerta del Norte, donde se ubicaron 227 locales en dos torres y con cuatro grandes anclas: una clínica especializada y dos entidades prestadoras de servicios de salud, sucursales de hipermercados de electro- domésticos, hogar y construcción, así como cuatro salas de cine.
Por otro lado, la Constructora Colpatria, fomentó varios proyectos de vivienda con rangos que superaban los precios de la vivienda de interés social, o sea más de 135 salarios mínimos mensuales ($22.000.000 de pesos), en estrato tres. Esas primeras urbanizaciones fueron: Terranova, El Trébol, San Francisco, Valle del Samán, Las Araucarias, Portal del Norte y Camino de los Vientos. Estos proyectos jalonaron otros que contemplaban casas unifamiliares, bifamiliares y torres de apartamentos de 15 y 18 pisos.
Si consideramos que el 44 por ciento de la población de Bello, pertenece a los estratos 1 y 2, como informaba el estudio del Área Metropolitana en 2009, sus posibilidades de acceder a los proyectos anteriormente mencionados se reducían, propiciando que nuevos grupos sociales, ajenos al municipio, por sus mayores capacidades económicas se radicasen allí. Igualmente, en los terrenos de la Hacienda Niquía-Jaramillo, en el año 2005 se planeó por el grupo Bancolombia la construcción del proyecto Parque Comercial Hacienda Niquía, con locales comerciales, oficinas, restaurantes, centro de convenciones, hotel y una torre médica.
Se contemplaba que la casa de la tradicional hacienda y patrimonio del municipio fuera restaurada por la Fundación Ferrocarril de Antioquia, para ser utilizada como sede descentralizada de la Casa de la Cultura.8 Sin embargo, en 2008 Bancolombia cambió su proyecto debido a las dificultades de venta y comercialización de sus espacios, reemplazándolo por una sede centralizada de sus operaciones informáticas. “El principal escollo lo tuvieron en la venta del almacén ancla, de unos 10.000 metros cuadrados. Tardó tanto conseguir el cliente, que los costos cambiaron y también el logro del punto de equilibrio”.9 No obstante, algunos almacenes de grandes superficies prefirieron instalarse en Medellín.
Como lo afirmó el Periódico El Mundo en el 2005: “Junto con el Éxito, la Cámara de Comercio y otros proyectos comerciales que se preparan en la zona, el norte comienza a ser prueba de que el Área Metropolitana debe ser policéntrica y demuestra que los dos extremos de la ciudad (de Medellín) son polos de desarrollo”.10
Estas grandes inversiones de los grupos económicos crearon un clima de optimismo y confianza en los nuevos desarrollos por parte de la clase dirigente y política, y dieron el impulso para atraer mayores proyectos inmobiliarios y de comercio en el sector. Esta situación trajo retos y problemas a la administración municipal en el manejo y la planeación del espacio público, la movilidad y calidad del medio ambiente.
El control del ente municipal
La densificación demográfica como problema urbano ha producido alta concentración de población en una misma área territorial (20,4 kilómetros cuadra- dos), y con un incremento casi el doble en menos de diez años (2000-2009) como se ha afirmado. El reto de las tres últimas administraciones locales desde la de Olga L. Suárez Mira hasta la actual de Carlos A. Muñoz López, es enfrentar sus consecuencias en la calidad de vida de sus habitantes. El plan de desarrollo de la administración de Óscar Andrés Pérez (2008-2011), “Por el Bello que queremos”, estableció su visión de ordenamiento territorial en varios aspectos: equilibrio ambiental, vivienda digna, espacio público y movilidad; y realizó un diagnóstico sobre los aspectos señalados:
“En el municipio de Bello, la problemática se acentúa específicamente en áreas de desarrollos urbanos recientes, donde la necesidad de acceder a servicios y a productos de uso y consumo, impulsa al comercio formal e informal a modificar la vocación de usos del suelo establecidos en el actual Plan de Ordenamiento Territorial. Como consecuencia de un crecimiento desordenado, el espacio público está en un proceso de deterioro. Bello refleja contrastes sociales que evidencian el desarticulado sistema de movilidad público y la pérdida de identidad de sus habitantes; pero es una ciudad que tiene mecanismos atrayentes para soñar con una cohesión con la región norte.”11
En otro aspecto del diagnóstico, se afirma que hay “una ausencia de planeación con enfoque participativo” y debe crearse un nuevo modelo de gestión público, que verdaderamente implique participación democrática, como estableció la ley de ordenamiento territorial, ley 388 de 1997, la cual afirma que en el ejercicio de las diferentes actividades que conforman la acción urbanística, las administraciones municipales, distritales y metropolitanas deberían fomentar la concertación entre los intereses socia- les, económicos y urbanísticos, median- te la participación de los pobladores y sus organizaciones:
“Desde la comunidad se expresa inconformidad por la ausencia de planeación con enfoque participativo, ya que no hay programas y proyectos que apunten a objetivos sociales, encaminados a satisfacer las necesidades, deseos y demandas de la comunidad. Además de la carencia de un presupuesto participativo que contribuya a la generación de un nuevo modelo de gestión público que redunde en una mayor democracia y desarrollo sostenible de la comunidad, en la reconstrucción del tejido social y la confianza en lo público para lograr la participación en el proceso de planeación.”12
La ley de ordenamiento territorial de 1997 obliga a los municipios a crear un Plan de ordenamiento territorial (POT), con el fin de reglamentar de manera específica los usos del suelo en las áreas urbanas de expansión y rurales, de acuerdo con las leyes, optimizar los usos de las tierras disponibles y coordinar los planes sectoriales, en armonía con las políticas nacionales y los planes departamentales y municipales.13

Solo después de tres años de promulgada la ley, en el año 2000, el municipio de Bello creó su plan mediante acuerdo Nº12 de 10 de agosto del Concejo Municipal. No obstante, debió realizar una revisión y ajuste del plan en 2009, con una visión diferente sobre el modelo de ocupación territorial para responder:
“A las nuevas dinámicas municipales, nacionales e internacionales, caracterizadas por un importante crecimiento económico, y en ese marco rescatar y fortalecer la identidad municipal, subsanar directrices anteriores de planeación que contravienen el desarrollo del municipio y generar nuevas líneas de progreso, desde el ordenamiento territorial, para la comunidad”.14
El nuevo POT incorpora en el modelo de ocupación varios aspectos que obedecen a las realidades locales y regionales, como son: un territorio rural y con áreas protegidas y equilibrio ambiental (Valle de Aburrá y el Altiplano de Ovejas); las centralidades metropolitanas, municipales y de comunas conforman una ciudad policéntrica y la integralidad del sistema de transporte.
En materia de desarrollo y ocupación del territorio, el municipio pretende “consolidar la ciudad existente, propiciar la expansión gradual y planificada y habilitar una nueva oferta de suelos urbanos, de expansión, rurales y suburbanos”.15 Como afirma Carlos Verdaguer, la limitación del crecimiento urbano es la base de la sostenibilidad territorial y no el apoyo a la expansión gradual con oferta de suelos, como sostiene el POT.16 La aplicación de este criterio, junto con el de reequilibrio entre entorno natural, rural y urbanizado, conllevan una sostenibilidad de las ciudades, como se está aplicando en Europa donde se planifican centros urbanos compactos y no la dispersión que despilfarra recursos energéticos, materiales y de transporte; además que amplía la huella ecológica y aumenta la presión sobre la capacidad de carga del territorio.
El POT con su política sobre el desarrollo del territorio lo que pretende es favorecer las inversiones inmobiliarias, sin detenerse a pensar en las con- secuencias que estas traen, porque lo que se quiere es “generar nuevas líneas de progreso para la comunidad”. Por eso para algunos analistas, las normas del POT son acciones para legitimar, permitir y crear plusvalías para los inversionistas privados cuando se regula la utilización del suelo urbano; se incorpora suelo rural a suelo de expansión urbana; se considera parte del suelo rural como suburbano o se modifica el régimen o la zonificación de usos del suelo.17
El alcalde Óscar Andrés Pérez, en su rendición de cuentas en 2008, afirmó que:
“…amplió el perímetro urbano incorporando nuevos suelos para el desarrollo e inclusión de nuevos suelos a desarrollar en la zona rural de uso de vivienda, industrial y comercial. Fortalecimiento de la política de competitividad territorial donde se han logrado concertar el asiento de nuevos proyectos en el Municipio de Bello tales como: Portal de Norte Etapa II, Centro Comercial Estación Niquía, Bancolombia, Proyecto Salud Total, Agaval; con inversiones superiores a 70 mil millones de pesos.”18
En el camino de favorecer la competitividad territorial, como se dice en términos eufemísticos al incremento de la plusvalía y la renta, la administración de Óscar Andrés Pérez también aprobó todos los trámites para favorecer el “proyecto inmobiliario más grande de toda la historia de Bello”, como lo intituló el Periódico El Tiempo, en enero de 2012, en el sector de Buenavista: la Ciudadela Norteamérica. Un complejo de apartamentos, casas y ecoparcelas que, según el periódico, tendrá “por lo menos 25 mil habitantes, más que muchos pueblos de Antioquia”.
“El proyecto empezó hace más de tres años (2009) cuando un grupo de empresarios presentó la propuesta a la Secretaría de Planeación municipal. Allí estuvieron maravillados con la idea que luego recibió el espaldarazo del Concejo, el cual aprobó los cambios respectivos en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).”19
El secretario de Planeación de Bello, Carlos Mauricio Henao, afirmó que Norteamérica es una muestra de que el desarrollo del Área Metropolitana está en el norte, y explicó que “gracias a la modificación del POT se pudo desarrollar un tipo de vivienda diferente a lo que estaba establecido: de interés social y prioritario”. No se podría decir tanto del proyecto ya que la mayoría de sus viviendas por sus características se ubican en los estratos altos: 1.600 apartamentos de estratos 3 y 4, casas fincas de estrato 5 y 6, en lotes que van de 2000 a 3.000 metros cuadrados y las eco-parcelas de hasta 8.000 metros cuadrados. La carre- tera que permite conectar la ciudadela Norteamérica con la autopista norte es de propiedad de Empresas Públicas, lo que ha generado conflicto por su utilización indebida y sin los permisos y pagos que se deben realizar.
Desestímulo a la Vivienda de Interés Social
En el Estudio sobre la Calidad de Vida de 2009 y según el estrato socioeconómico de la vivienda; el 96 por ciento de la población (389.764 habitantes) y de las viviendas (105.658) se sitúan entre los niveles medio-bajo a bajo-bajo, lo que demuestra el estado de precariedad de sus habitantes y la necesidad de inversión de las administraciones municipales en programas de bienestar social, salud, educación y empleo. En los estudios sobre desigualdad de ingresos y riqueza, se ha utilizado el coeficiente de Gini, el cual expresa que para el 2004 en el Valle de Aburrá fue de 0,5, inferior al 0,59 de Colombia y al 0,57 de Latinoamérica.20
Si el nivel de ingreso de las familias es bajo, su posibilidad de acceder a los diferentes proyectos de vivienda nueva se ven reducidos; por esta razón, se hace indispensable los ofrecimientos de “vivienda de interés social”, para suplir esa demanda social y obtener una calidad de vida en las condiciones urbanas de la mayoría de su población de estratos populares. La definición misma de la vivienda de interés social se sigue dando en términos de un precio máximo o tope de venta (135 salarios mínimos mensuales) con lo cual se han escondido y aplazado las deliberaciones necesarias sobre los atributos de la vivienda y sus condiciones de calidad.21
A pesar de lo anterior, en el 2006 la secretaría de planeación de Bello, en cabeza de Nora Isabel Pérez Carvalho, consideraba la situación social como un grave problema de sostenibilidad financiera para el municipio, porque si continuaba apoyando vivienda de interés social en su territorio, le generaba una “mayor carga de subsidios” y demanda de inversión social por parte de los nuevos barrios y habitantes; y por tanto, era preferible fomentar viviendas de estrato cuatro y cinco que permitirían mayores ingresos fiscales (impuesto predial y de catastro). Como la misma funcionaria lo señalaba:
“No podemos seguir construyendo vivienda de interés social (VIS), que se va haciendo insostenible para un municipio que se mira como empresa. Si el municipio sigue promoviéndola tiene que prestar una gran cantidad de subsidios que no puede, porque se debilitan sus finanzas y se vuelve inviable, porque tiene que financiar la educación, la salud y los servicios públicos”. “Para las VIS vamos a pedir demasiadas obligaciones urbanísticas. El que venga a Bello a construir VIS, sabe que tendrá que entregar grandes áreas de espacio público, áreas recreativas, área comunal construida, o sea colegio, centro de salud e iglesia, entre otros servicios. En última instancia, en Bello será más costoso construir VIS que construir vivienda de mejores es- tratos.”22
Las reacciones sobre las afirmaciones de dicha secretaria se resumen en opiniones del sector: Camacol-Antioquia lamentaba el desestímulo a la construcción de la VIS; sobre todo ante el déficit habitacional en las familias de menores ingresos; y por otro lado, Comfama, a través de su director de vivienda Iván Aswad Mesa, comentaba: “Estamos en un valle que cada vez tiende a ser una sola ciudad, en su movilidad, su trans- porte, sus servicios públicos. Si todos los municipios se cierran y restringen la VIS ¿para dónde van a coger los más pobres?”.23
Un POT permisivo
Las diferencias normativas entre el POT de 2000 y el de 2009, con res- pecto a la “vivienda de interés social”, resultan evidentes. En el 2000, se consideraba prioritario declarar predios, asignar porcentajes mínimos, fortalecer entidades públicas para el desarrollo de la política de vivienda de interés social, disponer de la prestación de servicios públicos domiciliarios, vincular las organizaciones sectoriales entre otras. En 2009, la política frente a la VIS se reduce a definir los porcentajes máximos, la legalización de asentamientos y barrios informales, y reubicar las familias de zonas de alto riesgo. El primer POT tenía una clara política de vivienda para sectores de bajos ingresos; el segundo establece una política de “vivienda digna y de alta calidad”; es decir, privilegia viviendas de mayor estrato en diversas tipologías con “óptimas condiciones de habitabilidad y calidad”; vivienda campestre y vivienda rural de altas especificaciones constructivas; vivienda en altura en áreas donde las condiciones de movilidad, mezcla de usos y acceso directo a los bienes y servicios lo permitieran.
El POT de 2009, además, mantiene la acción estatal sobre la legalización y reubicación de asentamientos huma- nos, el control de la ocupación ilegal de predios, y el interés de desestimular la construcción de viviendas embrionarias o inacabadas. Esta nueva caracterización, favorece los edificios o torres de apartamentos, lo que impacta de forma negativa el paisaje y el medio ambiente, y apoya contundentemente los proyectos de viviendas de mayor costo por sus especificaciones constructivas, entorno, accesibilidad y dotación de infraestructura; aspecto que los constructores veían como ideal para la inversión en la ciudad.24
Estas eran condiciones atractivas para el gremio constructor en Bello, que se han visto reflejadas en diversos proyectos de urbanizaciones llevadas a cabo por empresas constructoras como Oporto Grupo Inmobiliario, que después de dos años, en el 2011, ha diseñado la Ciudadela Oporto en el barrio Las Cabañas, porque “durante los últimos años, el auge de la construcción ha tenido como uno de sus epicentros principales a la ciudad de Bello, una ciudad en constante crecimiento y evolución, la cual se convirtió en el lugar ideal para cualquier tipo de proyecto inmobiliario”.

Por igual, los incentivos de la normatividad urbanística, han favorecido la creación de empresas como Constructora Invernorte S.A.S., la cual ha capitalizado esta coyuntura:
“Actualmente los municipios de Bello y Medellín están pasando por un momento positivo tanto en inversión de construcción de vivienda como en infraestructura vial, que por ende trae beneficios en cuanto a creación de empleo y calidad de vida para el norte del Valle de Aburrá. Esto conlleva a la presencia de nuevas empresas que le dan nuevo aire al entorno empresa- rial, social y desarrollo urbanístico en el escenario futuro de Bello y Medellín.”25
Las nuevas condiciones legales también han favorecido la inversión de capi- tales de origen desconocido que ven en el sector económico de la construcción la oportunidad de obtener rentabilidades seguras y legítimas.
En los últimos años, el tipo de vivienda se ha inclinado por la construcción y uso del apartamento, en vez de la casa clásica. En 2009, el 55,3 por ciento de las soluciones de vivienda eran tipo casa, y el 48,1 por ciento eran tipo apartamento.26 En la actualidad, esta característica se ha modificado: de los 35 proyectos de vivienda que existen en la ciudad de Bello, el 95 por ciento son urbanizaciones cerradas y edificios de apartamentos (ver cuadro resumen proyectos 2012). Esta tendencia en la oferta del tipo de vivienda responde básicamente a la reducción de proyectos para la vivienda tipo casa de interés social y al interés de las empresas constructoras por ampliar su margen de inversión al concentrar en un mismo terreno varios cientos de apartamentos.
Ciudadelas o guetos sofisticados
Un ingrediente adicional del actual crecimiento urbano en Bello es la constitución de las ciudadelas: Ciudad Central (596 apartamentos), Ciudadela Oporto (744 apartamentos), Ciudadela Campestre Amazonía (hasta el momento 254 casas y 400 apartamentos), y Puerta Madera Club Residencial (912 apartamentos). “La Ciudadela”, o ciudades dentro de la ciudad, es un concepto que responde a la integralidad de servicios como comercio, recreación, transporte; y tiene la característica de ser una gran aglomeración de edificios y apartamentos que comparten lugares de servicio comunes como las zonas de recreación, parqueaderos y salones de reuniones. El antecedente histórico de esta forma específica fue la Ciudadela Cacique Niquía, que reunió diversas actividades económicas y sociales para sus habitantes en un mismo conjunto residencial.
Ciudad Central y Puerta Madera Club Residencial, aprovechan su cercanía a la estación Madera del Metro, la autopista Medellín-Bogotá y la regional, como vías de acceso para ubicarse estratégicamente y contribuir a la característica policéntrica de la ciudad. De la Ciudadela Campestre Amazonía se resalta la disponibilidad de suelo, en un lote de 530 mil metros cuadrados, ubicado en la parte superior del tradicional barrio Las Cabañas. Es un megaproyecto concebido como “pequeña ciudad”, que según la Revista Propiedades se ha constituido en todo un “fenómeno inmobiliario en el municipio de Bello”, con cuatro proyectos: Porto Alegre (110 casas), Novo Horizonte (62 casas), Palmacia (82 casas), y Manaos (400 apartamentos). La ciudadela Amazonía es concebida como: “el gran complejo habitacional que le imprime a Bello un gran toque de sofisticación, ideal para los habitantes de esta población que quieren mudarse hacia un sitio más exclusivo en el pro- pio municipio y que descartan la idea de abandonar una localidad que significa todo para ellos”.27
Proyectos de vivienda en Bello, 20121
| Modalidad | Nombre del proyecto | Compañía constructora |
| Aptos | Oporto Ciudadela Serranova Tulipanes Parque residencial Alcalá Mirasol Curazao Rincón del Bosque Agua Clara Boavista Cerro-Azul Poblado Niquía Los Árboles Florida Norteamérica Plaza Navarra Nuevo Milenio Puerta Madera La Madera Ciudad Central Molinos del sol Parque Residencial Paisajes Avellaneda Mirador de Altavista Samán. Torre 1 Arrayán. Torre 2 Club Residencial Puerta Madera Mónaco Athenas Plaza Capiro Barlovento Edificio Valadares Real Portón del Obrero Barcelona | Promotora Cantagirone. Círculo inmobiliario. Camilo Mejía y Luis Porto arquitectos. Bienes & Bienes Inmobiliaria Conconcreto CDO constructora Conaltura Ingeniería Inmobiliaria S.A. Constructora Entre Verdes Constructora Entre Verdes A.I.A. Constructora Monserrate Coninsa Ramón H. Conintel Grupo Norteamérica Ingeniería & Vivienda Bensa Dinámica Urbana S.A.S. Acierto Inmobiliaria S.A. Óptima S.A. Ingeniería & Vivienda AEI constructores Ltda. Covin S.A. Conintel y Construir Obras Civiles S.A.S. Conintel y Construir Obras Civiles S.A.S Conintel y Construir Obras civiles S.A.S. Constructora Dinámica Urbana S.A.S. Constructora Invernorte Constructora Invernorte Constructora Invernorte Constructora Invernorte Constructora Invernorte Constructora Invernorte Constructora Invernorte |
| Casas | Azaleas Serraverde | Inmobiliaria Conconcreto Bienes & Bienes |
| Oficinas | Tierragro | |
| Locales | Metro Mall | Óptima S.A. |
| Fuente: Revista Informe Inmobiliario, Medellín, junio de 2012, Edición 172. | ||
Es preciso destacar que ninguno de estos proyectos de vivienda es de interés social
Patrimonio cultural y desarrollo urbano
El 25 de abril de 2009, es aprobado en el Concejo Municipal de la ciudad, el Acuerdo 018, mediante el cual se retira- ban varios inmuebles del inventario municipal de bienes de interés cultural: Finca Niquía de la familia Jaramillo, cancha de Fabricato, Club Canta Claro, parque Metropolitano Tulio Ospina, barrio Fontidueño, Barrio Obrero, talleres y bodegas del antiguo Ferrocarril de Antioquia, la casa finca Niquía de la familia Santamaría y el Teatro Iris.
Este acuerdo es repudiado por las diferentes entidades culturales de la ciudad, especialmente el Centro de Historia de Bello, para el cual parecía que en esa decisión, la corporación obedecía “a los intereses de la especulación inmobiliaria y a otros que quieren pasar por encima de la riqueza patrimonial cultural”. Se rechazaba la desafectación de bienes muebles como la finca Niquía-familia Santamaría, donde se pensaba construir unas bodegas, según la Curaduría primera. Además se violaban las normas sobre la defensa y conservación del patrimonio histórico, y el procedimiento legal para retirar inmuebles del inventa- rio municipal como el concepto previo del Consejo Departamental de Patrimonio Cultural de Antioquia. En la revista Huellas de Ciudad, se afirmaba que todo esto pasaba porque “en Bello, o más bien en muchos miembros de la dirigencia política, la conciencia acerca de los bienes patrimoniales y su conservación es precaria. O prácticamente nula”.28
Entre 2005 y 2006, se inició el proceso de revisión y ajuste del POT en el tema de Patrimonio, con la asesoría del Área Metropolitana, en el que se produjo el documento “Fichas para planes especiales de protección patrimonial 2006- 2008”.29 Este acto es respaldado por la expedición de la ley 118 del 3 de marzo de 2008, que determinaba que son bienes de interés cultural del ente territorial respectivo aquellos que hayan sido declarados por las autoridades competen- tes o estén incluidos en los POT. Luego de ser producido el documento, se continuó con un proceso de concertación entre el Área Metropolitana y la Secretaría de Planeación de Bello, con el fin de establecer las listas de bienes patrimoniales e incluirlos en el nuevo POT. No obstante, el proceso de concertación fue infructuoso, porque el Concejo prefirió seguir sus propios criterios e intereses, sin tener en cuenta las deliberaciones y recomendaciones de la comisión de estudio sobre patrimonio.
De la lista de bienes retirados, algunos habían desaparecido como el Club Cantaclaro, dando paso a la construcción en sus predios de un supermercado y centro comercial. O estaban a punto de desaparecer como el Teatro Iris, que por la indiferencia de la comunidad o inoperancia del municipio para protegerlos como bienes patrimoniales, habían sido objeto de aprovechamiento de los intereses inmobiliarios. El Teatro Iris, pasó sucesivamente de ser templo cristiano, bodega, discoteca, hasta que finalmente fue derrumbado y en su espacio se levantó un casino. En las fincas Jaramillo y Santamaría, desafectadas por el Acuerdo 018, se levantaron proyectos de vivienda y oficinas, respectivamente. Aunque en la Finca Jaramillo se respetó la casa, para ser utilizada como sede al- terna de la Casa de la Cultura.
Con respecto a las bodegas y talleres del Ferrocarril de Antioquia, donados por el Ministerio del Transporte, se establecerá una Escuela de Artes y Oficios, dirigida por una Fundación integrada por varias entidades gubernamentales como el Ministerio de Transporte, la Gobernación de Antioquia, el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, la Institución Universitaria Pascual Bravo, el Área Metropolitana, la Universidad de Antioquia, la Orquesta Filarmónica de Medellín y el Municipio de Bello, entre otros.
Los barrios Fontidueño y Obrero han sido objeto de intervención agresiva por parte de los constructores que, aprovechando los espacios amplios de las viviendas establecidas, las condiciones de movilidad, la mezcla de usos y acceso di- recto a los bienes y servicios, han levantado torres de edificios, de entre 5 y 15 pisos. El barrio obrero ve cambiar su imagen y su paisaje, empresas constructoras han levantado edificios como Oporto de San José, Emporio Plaza o tienen diseñado erigir otros como el conjunto residencial Barlovento, Torre Barcelona, Torre Basilea o Edificio El Capiro. De forma adicional, el barrio se ha transformado en la zona rosa de diversión con restaurantes, bares y discotecas que rompen la tranquilidad de la noche, producen des- valorización de las casas y cambios en los usos del suelo o destinación mixta, donde los antiguos habitantes son desplazados y desarraigados.
Si se considera al patrimonio cultural como elemento indispensable de la historia, la identidad y la forma de ser de los pueblos, entonces la ciudad de Bello corre el riesgo perderlo en un proceso continuo, donde el estado municipal ha tenido una política de laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar), que permiten las distintas iniciativas urbanísticas, sea por la creación de normas o acuerdos, sea por la falta de gestión administrativa o exigencia de los principios de una ciudad planeada y sostenible con mecanismos de participación.
Ante esta andanada contra el patrimonio urbanístico, la comunidad bellanita y las diferentes organizaciones culturales y sociales asisten de forma impasible y con falta de sentido comunitario e indiferencia por su ciudad. Sin asombro, ven cómo se levantan en el horizonte altas torres que interrumpen su mirada lejana, preguntándose cuando ocurrió y cómo fue posible, dónde quedo la ciudad de la infancia o de la juventud, en qué momento el teatro de cine en que vivió la fantasía, la imaginación, la aventura y el amor, desapareció. Esa ciudad solo queda ya en su memoria y en sus sentimientos pasados, en los amigos idos, en las calles caminadas. La ciudad de hoy es ya irreconocible, ajena y ampliamente extraña.
Conclusión
La ciudad de Bello, como se ha podido apreciar y analizar, se encuentra cruzada por diferentes problemáticas ocasionadas por su alto crecimiento en los últimos 20 años. Se expande a ritmos acelerados y llega a un punto de saturación, en que la convivencia y la vida en el espacio, se hace difícil, provocando huir y habitar en otras partes. Si en verdad se desea tener una ciudad con sostenibilidad y equilibrada en sus sistemas de medio ambiente, espacio público, movilidad y convivencia; se deberá tomar conciencia de cuál es la ciudad deseada, para los demás, para su familia, para sus hijos.
Esa participación democrática que la ley defiende como condición sine qua non para realizar un ordenamiento del territorio y vivir unos verdaderos procesos de construcción de ciudad, debe contribuir a la recreación del sentido real del espacio como hábitat huma- no. Se debe poner en cuestión aquella proyección de ciudad que propone el capital privado, ajena a la visión de los problemas comunes metropolitanos, de la función ecológica de la propiedad, la prevalencia del interés general sobre el particular y la distribución equitativa de las cargas y los beneficios. Es crucial el fomento de la concertación entre los intereses sociales, económicos y urbanísticos, con la participación de los pobladores y sus organizaciones.
En definitiva, se debe apuntar a una concepción eco-urbana de la ciudad, a la realización de un diseño de un marco territorial para propiciar la sostenibilidad que contenga: un espacio público como escenario privilegiado de la vida ciudadana, la rehabilitación y reutilización del patrimonio construido, la inserción de la naturaleza en la ciudad, el predominio del transporte público y peatonal, el uso de las energías renovables, la gestión de la demanda de agua y la reducción, reutilización y reciclaje de los residuos.
Referencias
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1. El término conurbación fue acuñado por el geógrafo Patrick Geddes (Cities in evolution, 1915; en español Ciudades en evolución) para explicar la manera en que ciudades en crecimiento terminan por integrar a su red urbana a otros lugares menos poblados.
2. Anuario Estadístico de Antioquia. Gobernación de Antioquia. 2005, p. 40
3. Leal, Gabriel. Ecourbanismo: ciudad, medio ambiente y sostenibilidad. Bogotá: Ecoe Ediciones, p. 68
4. Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y Escuela del Hábitat. Criterios Ambientales para la Vivienda y el hábitat en el Valle de Aburrá. Área Metropolitana Valle de Aburrá, 2005, p. 56.
5. Anuario Estadístico de Antioquia, 2005, cuadro estadístico sobre las tasas inter- censales de Bello 1964-2005
6. Para el departamento de Antioquia, la crisis de 1999 representó alta inflación en los insumos para la construcción, estancamiento del sector y baja oferta de vivienda. Dane. Revista: Informe de Coyuntura Económica Regional de Antioquia, III Trimestre de 2001, pág. 44-49. http://www.dane.gov.co/files/icer/2001/ antioquia/t3.pdf
7. Aguirre, Guillermo. Bello Patrimonio Cultural, reedición, 2003, p. 252
8. Periódico El Colombiano. Niquía, el parque comercial que valdrá $93.000 millones de pesos. 5 de noviembre de 2005. Sección Economía y Negocios.
9. Periódico El Colombiano, 30 junio de 2008. “Bancolombia llevará su cerebro a Bello”.
10. Periódico El Mundo, 24 de octubre de 2005. “Comercio, polo de desarrollo”.
11. Alcaldía de Bello. Plan de Desarrollo 2008- 2011: Por el Bello que queremos, p. 29
12. Ibíd., p. 35
13. Se complementa con Ley 1454 de 2011 la cual dicta las normas orgánicas para la organización político-administrativo del territorio colombiano, establecer los principios rectores del ordenamiento, el marco institucional e instrumentos para el desarrollo territorial, las competencias en materia de ordenamiento territorial entre la nación las entidades territoriales y las áreas metropolitanas. Gaviria Zoraida y Arango María Eugenia La Dimensión de Ordenamiento Territorial en el Plan Estratégico de Antioquia (Planea). Medellín, octubre 2007.
14. Plan de Ordenamiento Territorial de Bello, Acuerdo 33 del 3 de septiembre de 2009, pág. 18.
15. Ibíd. p. 24
16. Verdaguer, Carlos. Desarrollo urbano y sostenibilidad ecológica. En: Leal, Gabriel. Op. Cit., p. 71.
17. López, Daniel, et al. Itinerario y énfasis del ordenamiento territorial en Colombia. Documentos de investigación. N.º 26. Facultad de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales. Universidad del Rosario, p.40
18. Pérez, Óscar. Informe de Rendición de cuentas. Alcaldía de Bello, 2008.
19. Periódico El Tiempo, 20 de enero de 2012. En: http://www.eltiempo.com/colombia/ medellin/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_IN TERIOR-10972401.html
20. Área Metropolitana. Plan Metropolitano 2008-2020, p. 3. El Coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). Este fue ideado por el estadístico italiano Corrado Gini (1884-1965), un influyente teórico fascista e ideólogo que escribió Las bases científicas del fascismo en 1927.
21. Área Metropolitana. Plan Estratégico Metropolitano de Vivienda y Hábitat con perspectiva ambiental. Medellín: AMVA, 2012, pp. 16-17
22. El Colombiano, Medellín, domingo 21 de mayo de 2006, Economía y Negocios, p. 16A.
23. El Colombiano, Ibíd., p. 17A.
24. Concejo Municipal de Bello. Ajustes al POT. 2009, p. 25.
25. Revista Informe Inmobiliario, Medellín, marzo 2012, edición 129, p. 13. En: www. oporto.com.co
26. Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Perfil Municipal de Calidad de Vida 2009, Medellín, p. 123
27. Revista Propiedades, Ibíd. 5 de abril-2010 Ver página web del proyecto: www. amazoniacampestre.com. La empresa constructora es A.I.A. (Arquitectos e Ingenieros Asociados S.A.).
28. Centro de Historia de Bello. Comunicado de prensa: “Rechazo al acuerdo 018 de 2009”, marzo 30 de 2009, p. 1. Revista Huellas de Ciudad, Editorial, N.º 11 de abril de 2009.
29. Carta de la asesora y arquitecta Gloria Ceballos, 5 de mayo de 2009, al subdirector de patrimonio del Área Metropolitana José María Zuluaga. Archivo del Área Metropolitana, sección correspondencia.
