“En Bello, la cultura necesita espacios”
Leonel Arturo Rodríguez
Resumen
Se busca evidenciar el surgimiento y desarrollo de un movimiento social en la década de los ochenta y parte de los noventa en Bello, reconocido como el movimiento cultural que, contraponiéndose al miedo imperante en las barriadas y a los desafueros de los gobernantes de turno, lograron alcanzar importantes objetivos en el desarrollo cultural y en la planeación del territorio.
Palabras clave: Bello, movimiento cultural, Casa de la Cultura, crisis textil, poblamiento, Villeguismo, movimiento fogatero, Rearte.
El poblamiento en Bello en los años ochenta
En menos de 10 años (1980-1990), la población bellanita experimentó un crecimiento del 57%, eran habitantes desarraigados, demandantes de los servicios básicos, esta densificación fue provocada en gran medida por el favorecimiento político del Partido Conservador a los inversionistas inmobiliarios. La ausencia del Estado en Bello permitió la proliferación de bandas armadas en los barrios, el florecimiento del narcotráfico y la laxitud administrativa. Fue una época de crisis textilera y movilizaciones obreras, de la instalación del relleno sanitario en la Curva de Rodas y de la pérdida de importantes espacios para el uso del tiempo libre como ocurrió en los sectores de Puerto Bello y Barrio Santana, que fueron ocupados por la semiautomatizada factoría de Postobón, que no requería una significativa cantidad de mano de obra. Bello se caracterizó en estos tiempos por la inexistencia de un proyecto de ciudad de sus dirigentes.
Para la época el país mantenía limitaciones a los derechos de reunión y expresión a causa del Estado de Sitio, extremadas con la aplicación del Estatuto de Seguridad y el poderoso ascenso de los militares en la vida política del país. Este panorama oscuro, paradójicamente, permitió el surgimiento de un movimiento social joven alrededor de las expresiones culturales de las barriadas, que reclamaban espacios y recursos para las expresiones culturales.
Un modelo de ocupación del territorio
En 1951, se acogieron las recomendaciones del Plan Piloto Wiener y Sert, para efectos de la planeación de la ciudad, lo que determinó un modelo de ocupación del territorio que segregó y especializó los usos del suelo, fijando las condiciones mínimas de nuevos asentamientos urbanos, que mediante obras públicas de mejoramiento y de embellecimiento, encarecieron la tierra en la ciudad y obligó al desplazamiento de los sectores más pobres hacia los lugares de mayor pendiente en el Valle de Aburrá (comunas Nor-Oriental y Nor-Occidental) y hacia el municipio de Bello. Este proceso se vio agravado en los sesentas y setentas, como consecuencia del fenómeno de la violencia política del país, en el que Bello fue objeto de importantes procesos migratorios que se ubicaron en las periferias y en las riberas de las quebradas La García y El Hato, conformando asentamientos “subnormales”, mediante procesos de invasión, posteriormente regularizados.
El anterior modelo de ocupación del territorio se mantuvo y, a comienzos de los años ochenta, bajo la tutela de la figura administrativa “Área Metropolitana”, creada por la Ordenanza 34 de 1980, encontró en Bello las mayores posibilidades de expansión urbana, dado el interés nacional por el impulso a masivos programas de vivienda de interés social (VIS). La siguiente tabla muestra la relación de los proyectos habitacionales y los constructores en la década del ochenta, en esta se observa que las únicos de carácter oficial fueron el ICT y la Caja de Vivienda Militar, la mayoría eran proyectos de particulares con estrechos vínculos con la clase política local.
| Urbanizador | Nombre del proyecto | Año |
| Instituto de Crédito Territorial (ICT) | Ciudadela Cacique Niquía | 1980 |
| Altos de Niquía | 1982 | |
| SalentoII | 1983 | |
| La Urbanizadora Nacional | El Mirador | 1982 |
| Cabañas y Las Cabañitas | 1977-1983 | |
| URBE | Salento. | 1981 |
| Construcciones La Primavera, | Urbanización Urapanes | 1983 |
| Ingeniobras Ltda. | Urbanización Las Vegas | 1983 |
| Viviendas y Urbanizaciones | Urbanización Navarra | 1984 |
| Caja de Vivienda Militar | Urbanización Marco Tulio Henao | |
| Constructora Villas del SolViviendas y ProyectosPosada Restrepo | Urbanización Villas del Sol | 1984 |
| Salento Ltda.Conurbana Ltda. | Urbanización Salento- Santa Ana | 1981 |
| Constructora El Vergel | Urbanización Alcalá | 1987 |
| CORVISOL | Urbanización Altos del Norte | 1988 |
| Villas de Occidente | ||
| Promover y Construir Ltda. | Urbanización Guayacanes | 1988 |
| Urbanización Guayacanes de la Cabaña | ||
| Antioquia Presente | Urbanización San Andrés | 1988 |
| Urbanización Villa María | 1991 | |
| Bienes y Bienes | Urbanización La Florida | 1988 |
| Constructora de Obras Ltda. | Urbanización Prados de Quitasol | 1988 |
Fuente: Archivo Planoteca Municipal, Curaduría Primera de Bello.
En sesenta y siete años de vida municipal (1913 -1980), Bello tuvo una dirección política clientelista y sin proyecto de ciudad, que predominó en la década de los ochenta, bajo la dirección política del Partido Conservador, orientado por Álvaro Villegas Moreno, que según Opinión Conservadora, órgano de difusión del Directorio Conservador Oficial de Bello, representaba “el Jefe íntegro”, con 25 años de dedicación al Partido. Lo anterior se puede evidenciar con las alcaldías de Everardo Aguilar en 1980 y 1981; Juan Ignacio Castrillón Roldán de 1982 a 1986; para recobrar su hegemonía con la primera elección popular de alcaldes, desde 1988 a 1990 con Alberto Builes Ortega.
El interés nacional por las Unidades de Vivienda de Interés Social (VIS), fue capitalizado por el dirigente conservador Álvaro Villegas Moreno, quien aprovechó su influencia sobre la dirección política municipal, en especial del gobierno de Juan Ignacio Castrillón Roldán, para ser favorecido con la aprobación de las licencias de construcción de diversos proyectos en la municipalidad, algunos con áreas entre 40 y 47 metros cuadrados construidos, sin zonas verdes de libre apropiación, sin equipamientos urbanísticos como escuelas, hospitales y zonas de recreación.
De aproximadamente 81 barrios que existen en la actualidad, el 30% fue construido en esos años. Este fenómeno de crecimiento urbano se constata en los censos de Bello, realizados por el Departamento Nacional de Estadísticas, (DANE), donde el municipio pasó de tener 149.306 pobladores en 1980 a 212.861 en 1985 y 235.000 habitantes para 1989, con un crecimiento de 85.694, equivalente a un incremento del 57% de la población en nueve años, representada en su mayor proporción, en sectores de bajos ingresos.
A la par de la invasión de los proyectos de viviendas de interés social, que pocos años más tarde, le costó la destitución como gobernador de Antioquia al señor Villegas Moreno, la Alcaldía Municipal, presidida por Juan Ignacio Castrillón Roldán permitió la instalación de la Embotelladora Postobón en el Parque Infantil de Fabricato, sacrificando con tal decisión 75.000 metros cuadrados, lugares de libre acceso de la comunidad para el disfrute del tiempo libre, ubicados en el sector de Puerto Bello y Santa Ana, en las que se contaba con canchas de golfito, juegos infantiles, canchas de tenis, de voleibol, de basquetbol, canchas auxiliares reglamentarias de fútbol y el diamante de softbol, recibiendo como contraprestación el arreglo de la vía de acceso a la futura planta, según declaraciones de su administrador, el ingeniero Laureano Gómez, responsable de la instalación y puesta en marcha de la planta: “Postobón ampliará la antigua entrada a Santa Ana, adyacente a la fábrica, la pavimentará, iluminará en un trayecto de 2.500 metros y construirá 3 metros de andén”.
La dirigencia política bellanita, sin ningún apego por el territorio, favoreció las decisiones que convirtieron a Bello en el depositario de todos los proyectos indeseados de la región metropolitana: la cárcel de Bellavista, el relleno sanitario (Basurero) de la Curva de Rodas, el poblamiento con habitantes de bajos ingresos, el deterioro y contaminación de sus fuentes hídricas, la desmedida explotación de sus recursos naturales, el deterioro del paisaje, el cambio de los usos del suelo para favorecer los intereses del capital inmobiliario y empresarial, la eliminación de las posibilidades lúdicas de los charcos sobre la quebrada El Hato y La García, usuales espacios de libre apropiación para el disfrute del “paseo de olla” de multitudes de bellanitas.
Crisis textilera y huelga patronal de Fabricato
A comienzos de 1980, se experimenta con crudeza el impacto del fenómeno del contrabando, mecanismo expedito para el blanqueo de dineros del narcotráfico en ascenso, lo que sumado a la obsolescencia tecnológica y a las inoportunas inversiones de capital en moneda extranjera, con dosis de corrupción y la toma irregular del Grupo Colombia a la cabeza de Félix Correa en 1981, sumergieron a Fabricato —el más importante referente de desarrollo personal de los jóvenes de la localidad— en una situación de iliquidez que en 1983, con el respaldo de la Política de Concertación del Desarrollo del presidente Belisario Betancur, se declare a la compañía en concordato.
Los efectos de la crisis golpearon directamente a los trabajadores y por segunda vez en su historia, los textileros de Bello se declararon en huelga en marzo de 1982, situación que de paso le permitió a la compañía bajar sus inventarios, durante los 33 días de su duración, que generaron un agitado ambiente, con visos de inestabilidad del orden público local. Tal malestar continuó hasta que, el 20 de septiembre de 1983, de manera escalonada en las diferentes factorías, se inició un paro, con una duración de 20 días, al que lograron vincularse de manera efectiva las ideas de transformación social, irradiando la protesta social a los barrios aledaños.
[…] los inspiradores de la resistencia laboral respondieron arreciando su campaña y, además de los órganos impresos de propaganda propios del sindicato de base ⎯Pregón Textilero y Orientación⎯ circularon otros llamados El Socialista, La Crítica, Dos de Marzo, Forjador Proletario, La Chispa, Solidaridad Errante, exponentes de la agresiva literatura proletaria puesta en boga para convocar al paro general de la producción textil con el contralema de “lo que vaya a ser, que sea” tomado del malogrado cura revolucionario Camilo Torres.
Los obreros hicieron colectas de mercado, para prepararlos y compartirlos en las diferentes carpas que se instalaron en las porterías de las factorías de Fabri 1 y Pantex y realizaron actos públicos de protesta en diferentes lugares del municipio.
Favorecida la empresa Fabricato con la figura jurídica del “concordato”, no dudó en un comienzo, en licenciar a más de 400 obreros, especialmente de telares, con el objetivo de bajar la producción y, más tarde, con la declaratoria de ilegalidad del paro, en despedir 200 obreros, reubicar en Fabri 1 la maquinaria instalada en la planta de Santa Ana, vender sus terrenos en el sector de Salento y las inversiones realizadas por el Grupo Colombia, en el sector de seguros, hacer una emisión de acciones, con el propósito de salvar la empresa, como lo señala el editorial del periódico El Quitasol, con el titular de “Solidaridad con Fabricato” en el que expresó: “Es necesario que todos en la medida de nuestras capacidades optemos por volvernos accionistas de Fabricato”. Y en otro de sus apartes, el Directorio Federiquista (Federico Estrada), manifiestó: “Salvar a Fabricato es el propósito de los bellanitas en los actuales momentos cuando se ha encontrado la fórmula mediante la venta de acciones nuevas con valor nominal de siete pesos”.
La clase política local, no solo creó un frente común para conversar directamente con el presidente Belisario Betancur, sino que aprobó proyectos de acuerdo para congelar hasta diciembre de 1984 el impuesto de industria y comercio, aforado para la vigencia de 1983.
De pandillas juveniles a brazo armado del cartel de Medellín
De otro lado, las condiciones de inequidad y marginalidad y la ausencia del Estado para la resolución de los problemas de las comunidades, hicieron posible, como en otros municipios del Área Metropolitana, el surgimiento de pandillas, que según las palabras de la Secretaria de Gobierno de Bello, Ana Lucía Guerra Tobón: “Como es de conocimiento de toda la comunidad, existen en los diferentes barrios de la localidad bandas delincuenciales juveniles, las cuales usan diferentes nombres como: Los Nevados, Los Plasmas, Los Quiles, Los Monjes, etc.”.
Este furor armado y delincuencial de grupos de jóvenes, fue capitalizado con la creación de la banda La Ramada, poderoso brazo armado al servicio de Pablo Escobar y que en palabras de Reinaldo Spitaletta, “fue un modelo para las otras bandas delincuenciales por su capacidad económica y militar, también se convirtió en una ‘razón social’ que llegó a dar estatus a sus integrantes.
Bello pasó de ser reconocida por su capacidad empresarial y laboriosa a una ciudad violenta y cuna del sicariato, donde confluyeron sectores paraestatales y la insurgencia, involucrados en el narcotráfico. La dimensión del fenómeno violento provocó que a finales de la década, (mayo de 1990), mediante el decreto presidencial Nº 858 del presidente Virgilio Barco y firmado por todo su gabinete, fuera declarado Bello como zona de orden público y operaciones militares, y se nombró al Coronel Ernesto Cuestas como alcalde militar, que convirtió la Escuela Rogelio Arango en el sector de Niquía, en un gran centro de reseña y concentración militar, donde se presentaron desapariciones extrajudiciales. La gravedad del orden público puso en peligro la realización en Bello del Mundial de Patinaje.
Debido a la situación de orden público que soporta Colombia, agravada en los últimos días, y a la declaratoria de Bello como zona de orden público y de operaciones militares, la organización de Mundo Patín Colombia 90, en cabeza de su presidente Alberto Arredondo Sierra, ha manifestado su preocupación por la posibilidad que le sea quitada la sede a Colombia para realizar este evento.
Los jóvenes como protagonistas
En este contexto, el miedo se apoderó del conjunto de la población, ya fuese por la presencia de pandillas o por la posibilidad de ser capturado por sospecha y conducido al centro de concentración militar establecido en la Escuela Rogelio Arango, por no menos de tres días. La calle, la única posibilidad de socializar, estaba prohibida. A la par, gran cantidad de líderes estudiantiles, formados en las teorías sociológicas y en la defensa de la soberanía nacional y antiimperialista, asistían al desánimo ante un discurso vacío, que no reflejaba las problemáticas locales y se constituyeron en importantes dinamizadores de organizaciones barriales, dándole prioridad al trabajo con las comunidades desde la dimensión cultural, las metodologías de investigación y acción participativa (IAP) y las teorías de la teología de la liberación.
El activismo juvenil favoreció la agrupación de las organizaciones sociales y la dinamización de algunas juntas de acción comunal (JAC), entre las que se destacan las del Barrio El Rosario, junto con el Grupo Juvenil; la del Barrio Bellavista y su periódico El Pregonero; el Grupo los Juglares con su boletín cultural y proyecciones musicales del Barrio El Paraíso; el Grupo Renacer, el colectivo de Afectados por la quebrada La García y el Grupo Amigos Inquietos del Barrio El Congolo; el Grupo juvenil del Barrio Prado con su periódico mural; el JUPROC del sector del Barrio Santa Ana; el colectivo Arboricemos a Bello, el colectivo teatral TECOC y la biblioteca barrial Chiquinquirá del Barrio Niquía.
Para suerte de los pobladores, existieron entidades que de manera directa, como la Corporación Fabricato para el Desarrollo Social y otras, de manera indirecta pero contundente, la Escuela Popular de Arte EPA, contribuyeron en la formación de artistas, con un alto arraigo popular que multiplicaron en Bello las expresiones de la danza folclórica, las chirimías, e innumerables expresiones del arte (teatro, plástica, música, danza). La mayoría de esos líderes insertados en las dinámicas barriales, dieron origen a propuestas de gran convocatoria alrededor de la lúdica y el arte, como lo fue el Movimiento Fogatero en 1982, las Vacaciones Creativas Bellanitas en 1986 y el Movimiento Arte Joven por Bello en 1989, que logró mantener su vigencia realizando la última semana de febrero de cada año los encuentros de Arte Joven por Bello, hasta 2008 en que se realizó su vigésima primera y última versión anual.
La traición al desarrollo cultural: La demolición del Teatro Bello.
Bello contó desde 1958 con un teatro con excelentes condiciones para efectos de las presentaciones artísticas, diseñado a solicitud del padre Rogelio Arango, párroco de la iglesia del Rosario, por el arquitecto Albano Germanetti y su construcción se logró mediante el liderazgo del presbítero Carlos Pérez Mejía, quien puso especial énfasis en los aspectos educativos y culturales del municipio. Los recursos fueron recaudados por la Iglesia del Rosario y su funcionamiento, bajo la dependencia directa de la parroquia, hasta el año 1.986, que fue entregado al Municipio en pago de deudas fiscales, año en el cual dejó de operar. Son de grata recordación los conciertos de cantantes con reconocimiento internacional como Lucho Ramírez, Víctor Hugo Ayala, Alba del Castillo, Alfredo Sadel, Amparo Jiménez, Amparito Muñoz, Alberto Granados, con la muy frecuente animación de Rodrigo Correa Palacio.
Según declaraciones del alcalde Juan Ignacio Castrillón Roldán al periódico La Región, (Nº 1 de diciembre de 1985), uno de los compromisos que se había impuesto era la restauración del Teatro Bello y para el mes de noviembre de 1985, logró por parte del Concejo Municipal la autorización para contratar empréstitos por diez millones de pesos, para ser destinados a la recuperación del Teatro Bello; mediante el Acuerdo Nº 036 el Concejo Municipal estableció: “Artículo tercero: el empréstito cuya contratación se autoriza será designado a la recuperación locativa y dotación como sala de teatro y Auditorio Municipal del edificio del antiguo teatro Bello”.
No obstante, las buenas intenciones del gobierno conservador villeguista de Juan Ignacio Castrillón Roldán (1982-1986), reiteradas por el entrante Concejo Municipal, mediante el Acuerdo Nº 008 de agosto de 1987, se declara como “Centro Cultural Teatro Bello” y las declaraciones del alcalde entrante, Rodrigo Villa Osorio (1987-1988), para el periódico La Región, volumen 3, Nº19 abril de 1987, en las que manifestó: “Con un presupuesto de 38 millones de pesos, se proyecta no solo remodelar el teatro, sino adecuarlo como Casa de la Cultura del municipio”. El Teatro permaneció en el más completo abandono, con parte de sus instalaciones para el funcionamiento del Departamento de Seguridad y Control.
Durante la administración del primer alcalde elegido por votación popular, en 1988, el también villeguista Alberto Builes Ortega, con su desconocimiento del quehacer cultural, se comprometió en su programa de gobierno, con la remodelación del antiguo Teatro Bello convirtiéndolo en el “Conservatorio Bellanita”. En su administración, mediante el empréstito por mil millones de pesos otorgado por el IDEA, destina $150 millones para la readecuación del Teatro Bello, pero de manera arbitraria, desconociendo los acuerdos Nº 036 de 1986 y Nº 008 de 1987, establecidos en los gobiernos anteriores y en contravía del desarrollo cultural municipal, lo prometido como “Centro Cultural”, es modificado por el de “Casa de la Cultura y Sede Administrativa”, según las afirmaciones del secretario de Obras Públicas Guillermo Piedrahita: “Este será un edificio de cinco plantas en el que se ubicarán diferentes dependencias de la Administración Municipal y un gran auditorio destinado a eventos culturales y artísticos”.
Se consolidó la traición al desarrollo cultural municipal y lo prometido en su programa de gobierno como el “conservatorio bellanita”, fue reemplazado por un sótano en el primer piso de una edificación destinada para la burocracia local. Se destruyó esta valiosa joya arquitectónica ya entonces considerada como patrimonio arquitectónico local y el denominado “nuevo palacio para Bello” con un costo de 150 millones de pesos fue asignado al grupo constructor Activar en mayo de 1989.
El Movimiento Fogatero
Como se ha expuesto, la década de los ochenta permitió de manera resiliente que en Bello se generaran cantidad de iniciativas ciudadanas, que revindicando la calle, la alegría y la posibilidad de estar juntos, en especial, en los años 82 y 84, generaron un movimiento desde la dimensión cultural, que se conoció como el Movimiento Fogatero, liderado por los hermanos “Rodríguez”.
En especial en el “sótano de los Rodríguez”, lugar donde las más diversas expresiones del pensamiento y el arte de la época confluyeron. Pintores: Juan Ramón Bedoya, Víctor Zenón Gallego, Jairo Ramírez, José Miguel Franco. Músicos: Martín Toro; Guillermo Luna, Juan Carlos Gómez; John Jairo Rodríguez E·; Víctor Muñoz; Jaime Rodríguez Echeverri; Plácido Pérez; Lucelly Gallego; Teatreros: Jaime Rodríguez Gutiérrez, Argemiro Vargas, Juan Guillermo Rúa. Promotores culturales: Adriana Delgado, Alfonso Jaramillo, José Guillermo Palacio, Luis Ángel Muñoz, John Jairo Restrepo, los hermanos John Jairo y Mario Cano, Wilson Alejandro Osorio, las hermanas Fulvia, Rosalbina, y Aracelli Gallego, profesora de danza de la EPA; Dolly Palacio, Guillermo Zapata, Hernando Ramírez, y otros Rodríguez como Leonel Arturo y Carlos Fernando.
Este Movimiento Fogatero, que con rigor celebraba las noches de luna llena en el sector de La Meseta, se formó inicialmente en el Barrio El Rosario, invitando a las familias al disfrute de eventos de recreación popular y de diversas expresiones artísticas, lo que logra multiplicarse por los barrios de Bello (Barrio El Cairo, Niquía, El Carmelo ,La Cumbre, Prado y El Congolo), vinculado al entramado de visitantes de la taberna “Las Fulvias”, estrechamente ligadas con la Escuela Popular de Arte de Medellín, EPA.
Los gestores del Movimiento Fogatero, constituyeron una agrupación musical a la que denominaron “La Cucamba” que en principio refiere al conjunto de instrumentos musicales utilizados para la interpretación del Rajaleña, con tambores, chuchos, esterilla, puerca y el cien patas como instrumentos de percusión y el tiple y la guitarra responsables de la parte melódica, desarrollan y difunden coplas propias, manteniendo su consigna de “Podrán quitarnos todo, pero nunca la alegría”, extraídos de los versos de un canto popular, recuperado por el Teatro Ambulante de Juan Guillermo Rúa.
El acenso del sector cultural en Bello, se vio favorecido por el surgimiento de las denominadas “tabernas”, que se diferenciaban de las cantinas y bares, al desarrollar actividades de carácter artístico, como la música en vivo, las exposiciones de obras de pintores locales, la poesía y el teatro. Dicho proceso generó un gusto musical por lo popular local, la canción social y la música universal, con sus repertorios de música argentina, chilena, venezolana, cubana, española, francesa e italiana. Fueron de relevancia las tabernas “La Oficina”, “Basilius”, “El Ágora”, “Lukas”, “Las Fulvias” y la “Taberna Galería Años Sesenta”, las cuales constituyeron una base social importante, que favoreció la convocatoria del movimiento cultural de la década.
El Movimiento Arte Joven por Bello
En febrero 22 de 1989 se inició una propuesta que se denominó “Encuentros de Arte Joven por Bello” liderada por algunas organizaciones y personas, y con la coordinación de Leonel Rodríguez, que bajo el nombre de “Jóvenes por la Cultura” agrupó las organizaciones juveniles con mayor dinamismo en la municipalidad, y logró hacer confluir al Grupo Juvenil Proyección, JUPROC, Amigos Inquietos, Comité Cultural de Prado y el periódico mural y los artistas pictóricos Mauricio Marín, John Fernando Idárraga, Omar Rivillas, los músicos Martín Toro, Juan Carlos Gómez, Lucelli Gallego, Plácido Pérez, José Alexander Toro, Adriana María Valencia, Neftalí Giraldo, Rafael Alzate, Álvaro Gutiérrez, Augusto González, Elkin Meneses y Jorge León Aguirre, al coreógrafo Francisco Echeverry y a los teatreros callejeros Liliana Torres, Andrés Posada y Beatriz Marín; los recreacionistas Adriana Delgado y Wilson Alejandro Osorio.
En sus dos primeros encuentros, el movimiento organizado por Jóvenes por la Cultura (1989 y 1990), logró posicionarse, y para el año siguiente, ya con el compromiso de un grupo más amplio de personas, que se denominó “Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura”, fortaleció la propuesta para la realización del tercero (1991) y el cuarto (1992) encuentro, período en el cual se aglutinó el movimiento juvenil bellanita, y se consolidó como un evento anual, con proyección artística, formación de públicos, ruptura entre el espectador y el artista, con un alto componente lúdico, recreativo y marcado por el interés de intervenir en la planeación local del territorio en cuanto a su desarrollo cultural. Es el caso de la Plazoleta Cultural del Barrio El Rosario, el Cerro La Meseta, el Cerro del Ángel, el Teatro del Barrio Obrero, el Cerro Quitasol, las mangas de Niquía y en especial, la calle de la barriada.
En su proceso de consolidación, logró la integración y articulación de un sinnúmero de organizaciones juveniles, gestores culturales, líderes en recreación y artistas que, desde el primer evento, sellaron su compromiso con la idea de fijar en la memoria colectiva, que todos los años artistas, promotores culturales, comparsistas, chirimías, recorrerían las calles con sus cantos de alegría, en sus alboradas del 22 de febrero, que marcaban el inicio de tan bella, musical y colorida jornada. Su realización se hacía posible mediante reuniones plenarias, muchos meses antes, en las que se estructuraban las programaciones, las agrupaciones artísticas a invitar, los lugares donde se realizarían los eventos, la logística mínima necesaria para la adecuación de escenarios en las vías públicas, las tareas en la búsqueda de apoyos para su financiación y su divulgación.
En su proclama inicial, publicada como plegable para el primer Encuentro, se destaca el entusiasmo juvenil, “Nos sentimos jóvenes con la esperanza de un mañana mejor, nos sentimos protagonistas, orgullosamente lo confesamos”. Desde el primer Encuentro de Arte Joven por Bello, se inició una lucha deliberada por espacios para la cultura y se hizo con la intención de marcar como propio lo que se denominó Plazoleta Cultural del Barrio El Rosario, lugar en el que se pretendía construir un mini teatro al Aire Libre. De manera efectiva las actividades del primer y segundo Encuentro de Arte Joven, se realizaron en sus alrededores y la sede comunal, con una masiva asistencia, ampliando la jornada cultural y multiplicando las participaciones artísticas, con la realización en el segundo evento anual en febrero de 1990 de ocho conciertos, una exposición emblemática con los grabados de Fabián Rendón y una exposición de arte al aire libre, talleres de expresión creativa, performance en el parque principal, jornadas recreativas y elaboración del sancocho popular.
La fatalidad del conflicto social bellanita se hizo presente en el primer Encuentro, al ser asesinado por miembros de la banda La Ramada, uno de los partícipes del proceso, Fernando Rodríguez Echeverri, y en el segundo con el cuasi exterminio de la familia Cardona (los cocheros), vecinos del Barrio El Rosario; el clima de temor se ve reflejado en lo manifestado en el plegable de programación del segundo Encuentro y en la carta abierta firmada por Jóvenes por la Cultura, en la que manifiestan:
Un deliberado propósito nos empuja a dejar una huella en la historia, enfrentando temibles fantasmas, teniendo por escudo el optimismo y la vitalidad de una generación amenazada.
Nosotros, Jóvenes por la Cultura, entendiendo la importancia de este momento en que nuestra generación se siente amenazada, nos resistimos a la tristeza y por ello y de manera muy respetuosa haremos realidad este gran sueño juvenil del segundo Encuentro de Arte joven Por Bello, que desde meses atrás nos ha hecho perder el sueño por hacer realidad este compromiso nuestro con la historia y que se constituye en un homenaje a su querido padre y hermanos.
El segundo Encuentro, obligó a solicitar el permiso para su realización en las calles y en la Plazoleta Cultural del Barrio El Rosario, al comandante de la Cuarta Brigada, General Harold Bedoya Pizarro, así como al Alcalde Alberto Builes Ortega, quien molesto porque los organizadores del evento no esperaron a la inauguración oficial de las reformas en la Plazoleta, exigió que se le enviara una comunicación, en el que sus organizadores se comprometía con el cuidado, ante la determinación de inaugurar la Plazoleta en los días posteriores al evento.
La lucha por la Casa de la Cultura
Frente al incumplimiento de distintos alcaldes de mantener el Teatro Bello como “Sala de Teatro y Auditorio Municipal” o “Centro Cultural” o “Conservatorio Bellanita” y a la destinación de los presupuestos asignados para la casa de la cultura que se invirtieron en un edificio administrativo, se agitó aún más la propuesta del movimiento cultural en ascenso. En palabras de uno de sus líderes:
En 1989 fue anunciada por parte de la primera alcaldía popular de Bello (en cabeza de Alberto Builes), la consecución de unos recursos con el IDEA a fin de construir con ellos la esperada casa de la Cultura… al parecer el Teatro sería remodelado pero, en lugar de esto, la Alcaldía optó por su demolición.
Con la iniciativa de Jairo Adolfo Castrillón, Hildebrando Flórez y Juan Manuel Múnera, integrantes del Grupo Teatral TECOC, se convocó al movimiento cultural en ebullición, dados los resultados del primer y segundo Encuentro de Arte Joven por Bello, y se logró concertar una masiva reunión el 15 de abril de 1990 en las instalaciones de la JAC del Barrio El Rosario. De allí salió la Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura, que realizó una protesta cualificada, ante la traición por parte de la Alcaldía y se fijó como objetivo central, la consecución de la Casa de la Cultura y la modernización de la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez.
Para junio 29 de 1990 se concertó una reunión con el alcalde Federico Sierra Arango y se entregó un comunicado en el que se expresó:
Bello necesita que su administración recupere la ciudad para el disfrute. Que incentive la creación de parques y jardines, que dinamice y habilite sectores especiales como la zona del estadio y la Meseta, que declare como patrimonio cultural y recreativo el Cerro del Ángel, lugar óptimo para una concha acústica o teatro al Aire Libre.
De manera similar el movimiento mediante comunicación de julio 3 de 1990, dirigida a la gobernadora de Antioquia, Helena Herrán de Montoya, denunció al alcalde Alberto Builes, por la traición al desarrollo cultural municipal:
Bello, la segunda ciudad más poblada de Antioquia y la undécima ciudad colombiana, a pesar de ser privilegiada con una gran población artística y artesanal, que sobrevive quijotescamente, nunca ha contado con una política cultural seria y contundente, al punto de no tener siquiera una casa de la cultura.
En julio de 1990, el periódico La Región, en su volumen V, edición Nº 55, tituló “Renace la esperanza cultural para Bello” a propósito de la reunión del alcalde con la dirigencia del movimiento cultural. Para abril de 1991 dicho periódico, en su número 63 informó:
“Bello tendrá Teatro al Aire Libre”… La administración municipal adquirió recientemente el terreno ubicado en el Cerro del Ángel, por valor de 24 millones de pesos, para que se construya allí un teatro al aire libre, a manera de “media torta” con el fin de promover el arte en todas sus manifestaciones y hacerlo accesible a toda la comunidad.
En agosto de ese mismo año, Juan Hernando Muñoz, secretario de Servicios Administrativos, manifestó que ya se habían iniciado los trámites para la consecución de los empréstitos requeridos para la financiación de la Casa de la Cultura, que era un proyecto bandera dentro de los planes de la administración, que tendría un costo de 350 millones de pesos y, aunque no se esperaba que estuviera lista al finalizar la administración de Federico Sierra, se tenía presupuestado que faltaría muy poco para la conclusión de la planta física.
Paralelo a la denuncia ante las autoridades municipales y departamentales, el movimiento cultural participó en la denominada “Primera semana por espacios para la cultura en Bello” (agosto 26 a septiembre 2 de 1990) con una comparsa en el décimo desfile de la antioqueñidad, que denominó “Casa de la Alegría para todos” en la que participaron más de 50 personas, 15 de ellas colaboradores solidarios del movimiento cultural de Medellín, integrantes del Área Artística, en la que con mucho color, música, teatro callejero y comparsas, se multiplicó la denuncia por las calles del municipio y la demanda por una Casa de la Cultura para Bello.
Es de mencionar la novedosa campaña de imagen propuesta por el pintor José Miguel Franco, y realizada en los “talleres de propaganda”, mediante la cual se ubicaron en un sinnúmero de sitios de la ciudad afiches de gran formato con un gran signo de interrogación, referido al impensable funcionamiento de una Casa de la Cultura en un sótano, con los 4 pisos superiores ocupados por la burocracia municipal. Se articularon las expresiones artísticas callejeras, los comunicados de prensa y la toma pacífica pero simbólica de eventos, donde haría presencia el nuevo alcalde electo. Dicho proceso organizativo tuvo como sede inicial la oficina Alzar Ingeniería, ubicada en la avenida Suárez y las instalaciones de la sede comunal del barrio El Rosario.
El 30 de agosto de 1990, la Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura, convocó al Primer Foro por la Cultura, dentro de la programación de las Primeras Jornadas por Espacios para la Cultura, evento realizado en las instalaciones del Politécnico Marco Fidel Suárez y en el que participaron como ponentes Margarita María Muñoz, directora de Extensión Cultural de la Cámara de Comercio de Medellín, Ligia Penagos, directora de Relaciones Industriales de Fabricato, Miryam Calle, en representación de Comfama y el líder cultural y contador público Leonel Arturo Rodríguez, en representación de la Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura.
En el primer foro se destacaron las siguientes propuestas:
Presupuesto adecuado para el desarrollo cultural municipal.
Acertada administración de los recursos culturales.
Creación y habilitación de espacios para el Arte y la Cultura:
- Casa de la Cultura con talleres para cada una de las expresiones artísticas, sitios de reunión para la comunidad y sala de exposiciones y auditorio.
- Escuela Municipal de Artes populares
– Áreas artísticas en las comunas.
– Un Teatro Municipal y una Concha Acústica en el Cerro del Ángel.
– Mejoramiento sustancial de la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez.
Acondicionamiento de la ciudad para el disfrute con la remodelación de parques y jardines, La Meseta como jardín botánico, centro ecológico, mirador, jardín de esculturas, bohíos, etc.
Una concepción ateniense para el manejo de la Ciudad.
En el III Encuentro de Arte Joven por Bello en febrero de 1991 se fijó como objetivo central para el movimiento cultural la tarea de la conquista del Cerro La Meseta, irradió sus actividades al barrio El Cairo, el Parque Santander, la sede de la Corporación teatral TECOC, la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez, el Politécnico Marco Fidel Suárez, la Platea de la Choza Marco Fidel Suárez, la Biblioteca Chiquinquirá de Niquía, el barrio Bellavista, el “sótano de la cultura” en la nueva sede administrativa y La Meseta, lugar de clausura, con un festival de cometas y una enorme fogata y chocolatada comunitaria, hasta altas horas de la noche, rememorando la experiencia del Movimiento Fogatero.
Tal nivel de agitación llevó a que fueran convocados a una reunión inusual, los miembros de la junta directiva de la Corporación Rearte, fundada en mayo de 1991 (Omar Rivillas, Leonel Arturo Rodríguez, Rosalbina Gallego, Jairo Adolfo Castrillón, Juan Manuel Múnera), por el director político del partido de gobierno, el liberal Armando Estrada Villa, acompañado del secretario de Servicios Administrativos, Juan Hernando Muñoz, junto con el Secretario de Obras Públicas, William Álvarez, un integrante del comité ideológico del Partido Liberal, el Alcalde Federico Sierra y los arquitectos Francisco Restrepo y Sergio Agudelo, donde se les presentó la propuesta de comprar, remodelar y construir en las instalaciones del Teatro Iris, de propiedad de la familia Sierra Arango, la tan anhelada Casa de la Cultura, con el argumento de no correr los riesgos que para la época venía afrontando el Parque Gran Avenida, en palabras de Armando Estrada, de convertirse en un elefante blanco.
Meses antes, la Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura, había designado una comisión integrada por Jairo Adolfo Castrillón y Juan Manuel Múnera, para trabajar de manera integrada con los arquitectos en el diseño del que se denominó inicialmente como “Centro Integrado de la Cultura”, en el Cerro El Ángel, donde se daría cabida, no solo a un Teatro al Aire libre, sino la adecuación de un auditorio cerrado, con capacidad de 250 personas y diversas aulas y oficinas, para el funcionamiento de la Casa de la Cultura.
Ante esta propuesta, el vicepresidente de la Corporación REARTE, expresó su rechazo: “así fuera en carpas, habilitarían el Cerro del Ángel, para la Casa de la cultura”, posición que fue respaldada por los demás integrantes de la cultura convocados. El alcalde presentó de manera documentada los planos ya elaborados del futuro Centro Integrado de la Cultura y reiteró su compromiso para su ejecución; a los pocos meses consiguió el apoyo del director del Área Metropolitana, de una partida de setenta millones para la construcción del auditorio.
A comienzos de 1991 el movimiento cultural centró sus esfuerzos en la realización del III Encuentro de Arte Joven por Bello y logró el apoyo de Federico Sierra y de diversos medios de comunicación, como los programas Enlace, Arriba mi Barrio y los noticieros del canal regional de Tele Antioquia, condiciones que permitieron un vínculo directo con la estrategia de pacificación denominada la Consejería Presidencial para Medellín y su Área Metropolitana. María Emma Mejía, consejera presidencial, conoció de manera directa las experiencias de desarrollo cultural local y los semilleros de la propuesta de “Escuelas populares de iniciación artística infantil EPIAI”, para los cuales la consejería se comprometió con la consecución del instrumental Orff, desarrollado por una misión pedagógica alemana, para la enseñanza musical infantil. Sólo recuerdos quedaron y las promesas de apoyo fueron diluidas por el Artículo 355 de la nueva Constitución política de 1991 que prohibió de tajo los auxilios.
En 1992 y como expresión de consolidación del movimiento cultural, la Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura (después Corporación REARTE), le dio continuidad a la propuesta denominada “En Bello la cultura necesita espacios”. Se lograron definir tareas y se inició la organización del IV Encuentro de Arte Joven por Bello, que tuvo como tarea central reforzar la conquista del Cerro del Ángel, para la construcción de la Casa de la Cultura con un Teatro al Aire Libre, y evidenció su convicción entusiasta manifestada en el eslogan del plegable de programación:
Arte joven por Bello es un reto de la intelectualidad bellanita, un compromiso inviolable, una tarea por el futuro. Es la más clara intención de reunir a los mejores, a los más íntegros, a quienes no han perdido la esperanza. Queremos ser movimiento, forjarnos bases teóricas con pensamientos propios. Ansiamos el protagonismo de un pensamiento joven.
Desde el 9 de diciembre de 1991 se iniciaron las obras civiles en el futuro complejo cultural, a cargo de Coomunicipios, encargada bajo la modalidad de administración delegada, de su construcción, por un valor de 300 millones de pesos y para abril de 1992, el periódico La Región informó:
…más de 6.000 metros cúbicos de tierra removidos, 250 empleos creados para beneficio de los bellanitas, 15 subcontratistas y 50 proveedores son hasta ahora parte del balance del complejo cultural Cerro del Ángel. En el complejo se han invertido 90 millones de pesos, los cuales hacen parte del empréstito aprobado por el IDEA.
En mayo 30 de 1992, Federico Sierra Arango, junto con el alcalde electo Rodrigo Villa Osorio, Gilberto Quintero Zapata, secretario ejecutivo del Área Metropolitana, y la junta directiva de Coomunicipios, inauguraron la primera etapa del Centro Integrado de la Cultura, la platea y el anfiteatro, con capacidad para 1.200 personas.
La Corporación REARTE formuló su propuesta para el centro cultural, fundamentada en la creación de cuatro grupos: artes plásticas, subdividido en pintura y escultura; música, con cursos de solfeo e instrumentos, como guitarra, flauta, percusión y piano; teatro, con el ofrecimiento de cursos de expresión oral y corporal, zancos y grupo de danzas teórico práctico y un programa adicional de literatura para desarrollar los talleres de escritores bellanitas.
Con ocasión de la culminación del período de gobierno, la Corporación REARTE, hizo público su agradecimiento a Federico Sierra Arango y en una carta dirigida al despacho de la alcaldía, con copia a los medios de información, manifestó:
No empezamos ayer, somos compromiso colectivo de un sueño acuñado con sinsabores y desengaños, pero radiante y comprometido con la alegría de un pueblo convencido de su protagonismo.
Celebramos con alborozo la primera gran toma artística de nuestra soñada Casa de la Cultura; este monumento de cemento que solo los hombres comprometidos con lo más digno del pensamiento humano, harán resplandecer a nuestra azotada población en las postrimerías del siglo.
El proceso corporativo tuvo una corta duración, al hacerse evidentes algunas contradicciones en su interior, lo que dio como resultado la expulsión de dos líderes fundadores de los Encuentros de Arte Joven y ante la imposibilidad de que una organización de carácter privado, marcara las directrices de un movimiento social, realizó el II Foro por la Cultura en octubre de 1991, organizó las propuestas denominadas “Arte vías”, la Fiesta mural, apoyó la realización de actividades culturales en la sede de la Casa Teatro TECOC y lideró la elaboración del Plan de Desarrollo Cultural Municipal, bajo la coordinación de Jairo Adolfo Castrillón Roldán y John Jairo Rodríguez Echeverri (Otto).
De otro lado, los promotores del Encuentro de Arte Joven por Bello, expulsados de REARTE, lograron que el municipio de Bello reconociera institucionalmente los Encuentros, incorporándolos dentro del presupuesto municipal y, mediante el Acuerdo 047 de agosto 8 de 1995, el Concejo Municipal, le asignó una partida presupuestal de quince millones de pesos para el primer año, reajustable anualmente por el índice de precios al consumidor (IPC), partida que solo es respetada por el primer año, que pasó a convertirse año tras año, en un doloroso y manipulable rubro, sometido al buen querer del gobernante de turno.
La Casa de la Cultura “Cerro del Ángel” denominada así por el movimiento cultural, fue inaugurada oficialmente en abril de 1993, por el alcalde Rodrigo Villa Osorio y el Presidente de la República, Cesar Gaviria Trujillo, aunque fue necesaria la presión de los líderes culturales para materializar un proyecto de acuerdo con las condiciones de contratación y perfiles de los nuevos cargos para la administración y proyección del complejo cultural, y por convocatoria a concurso de méritos. En mayo de 1994 y luego de evaluar a 55 aspirantes para Promotores Culturales y 35 para Director, fueron elegidos para la dirección al comunicador social Jairo Adolfo Castrillón Roldán y como promotores culturales al teatrero Juan Manuel Múnera y al percusionista Nelson Rojas Montoya, quienes bajo el lema de “dándole alas a un sueño”, dinamizaron el nuevo Centro Integrado de la Cultura, favoreciendo las labores de proyección y formación, de las más diversas expresiones del arte en Bello.
En marzo de 1996, la alcaldía de Óscar Suárez Mira, mediante una reforma administrativa, suprimió el cargo de Director de la Casa de La Cultura y dejó su administración y manejo al amparo del Director Municipal de Extensión Cultural y sometido a la politiquería de turno.
En la década de los ochenta en Bello, época de terror en las barriadas, los jóvenes comprometidos con la búsqueda de mejores condiciones de vida para los pobladores, dieron origen a un singular movimiento social, con rasgos de identidad local, que logró crear un clima de agitación pública, con la consigna de “En Bello la cultura necesita espacios”, alcanzó importantes objetivos en el desarrollo cultural municipal, con especial énfasis en el territorio. Bello le debe a ese movimiento cultural la existencia de la Casa de la Cultura Cerro del Ángel, la Plazoleta Cultural del barrio El Rosario, el primer Plan de Desarrollo Cultural, la declaratoria del Cerro La Meseta como Parque Urbano y Mirador Ecológico, el Cerro Quitasol como referente de identidad cultural y el mejoramiento sustancial de la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez.

