De Hatoviejo a Bello 

por centrodehistoriabello

Por Edgar Restrepo Gómez, Historiador.  

El origen del municipio de Bello se encuentra en la merced de tierras otorgadas a Don Gaspar de Rodas en 1574, en el valle de Aburrá. En el sitio de Niquía, Rodas formó una estancia de ganado con los pocos indígenas del lugar, no fundó ningún poblado oficialmente, ni creó parroquia o casco urbano reconocible. El sitio actual de Bello vino a constituirse luego de procesos diversos de poblamiento espontáneo. Posteriormente, el territorio recibió sucesivos nombres: Hato de Rodas, Hato de Alarcón y, finalmente, Hatoviejo en 1613, como forma de distinguirlo por su antigüedad de los hatos como la Tasajera (Copacabana) y Hatogrande (Girardota). 

Las tierras de Rodas se dividieron en manos de sus herederos y esto dio para su lenta ocupación y poblamiento entre 1660 y 1750, por inmigrantes españoles, payaneses y santafereños. Desde 1615, los indígenas Niquías fueron trasladados al poblado de San Lorenzo (Medellín), por orden del oidor visitador Francisco Herrera Campuzano. 

El siglo XVIII vio crecer la población de Hatoviejo, pues se pasó de aproximadamente de 581 personas en 1675 a 977 personas entre blancos, mestizos, esclavos y mulatos en 17861. Este crecimiento se debió principalmente la crisis minera del siglo XVII que impulsó la formación de nuevas haciendas y fortaleció el flujo migratorio, igualmente a la fuerte atracción que el valle de Aburrá ejercía sobre las gentes de Santa Fe de Antioquia por ser un territorio de ricas tierras de labranza. En efecto, la hacienda como unidad productiva por excelencia, aglutinó los diferentes pobladores de la localidad y estimuló la conformación de nuevos referentes espaciales: Hatoviejo, Niquía, Fontidueño y Madera. 

Hatoviejo colonial 

En 1786, la villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín le asignó un párroco, Don Mateo Palacios y Guerra; un juez pedáneo subalterno de Medellín, Don Lorenzo de Mesa y se le señalaron límites:

“Desde la quebrada nombrada de don Lorenzo Escobar, por un lado, del río de dicha villa, hasta la quebrada de La Madera; por el otro lado: desde la quebrada de La Puente (hoy quebrada de Rodas), hasta la quebrada Seca. Y de cumbre a cumbre de las lomas, que vierten a dicho río; que unos y otros límites contienen, en largo una legua de tierra, y en ancho como dos leguas y media…” 2 

El Hato viejo colonial se caracterizó por la apropiación y la explotación de sus recursos naturales y minerales, así como de la mano de obra mestiza y esclava por parte de varias familias blancas descendientes de los primeros españoles de la provincia de Antioquia. Algunas de esas familias fueron los Piedrahita y Saavedra, los Villa Castañeda, los Gutiérrez los Montoya, los Tamayo y los Barrientos. 

La hacienda colonial fue autosuficiente, es decir, suplía todas las necesidades económicas de la localidad y generaba su alrededor variedad de actividades como la molienda, la herrería, la carpintería y la albañilería. Igualmente utilizó en su mayor parte mano de obra esclava, que representaban un bien de alto valor en el patrimonio de los hacendados locales.  

Para principios del siglo XIX, Hatoviejo se había convertido en un sitio que realizaba intercambios comerciales con las tierras altas de San Pedro y las minas de Santa Rosa de Osos, abasteciendo carne, maíz, hortalizas, entre otros; apoyados en una abundante cría de caballos y mulas. Así mismo, el estamento mestizo o pardo libre fue creciendo en su población, sustituyendo paulatinamente a los esclavos en el trabajo. Esto sucedió especialmente después de la independencia de Antioquia que había promulgado la manumisión de los esclavos con Don Juan del Corral en 1814.   

“El espacio de Hatoviejo estuvo organizado de acuerdo con el rol económico de sus gentes. Las casas, pajizas unas y de teja otras, se plantaron a lado y lado de la calle principal y casi única. Era común la referencia “calle arriba y calle abajo”, que tomaba como punto central la plaza y la iglesia del Rosario”3

Durante el resto del siglo XIX, Hatoviejo estuvo suscrito a la jurisdicción de Medellín y vivió los avatares de las guerras civiles, causando un descenso en su población y por ende en su economía, además de las reformas liberales de mediados de siglo afectaron las grandes propiedades y en general el panorama político de la provincia de Antioquia. Por otro lado, la administración pública se afianzó con la construcción de un edificio que albergó la cárcel, la escuela y las oficinas del alcalde, los jueces y el cabildo. Un miembro de la elite local, Don José María Barrientos expresaba especialmente que la cárcel era un buen instrumento para “escarmentar y contener a la plebe de los excesos comunes”.  

Cambio de nombre 

Hacia finales del siglo, concretamente en 1883, Hatoviejo cambiaría su nombre por el de Bello. El 27 de octubre, cincuenta y seis ciudadanos, entre ellos, el inspector de policía José Domingo Sosa y los presbíteros Nilo Hincapié y Baltasar Vélez Barrientos dirigieron un memorial al presidente del Estado de Antioquia, Luciano Restrepo E., en el cual argumentaban que la denominación “Hato”, los había hecho ser despreciados y humillados, era un nombre injurioso porque

“era propio solamente para una manada de cuadrúpedos que pastan en una dehesa”. Si Hatogrande cambió su nombre por “el héroe del inmortal del Bárbula”, el pueblo de Hatoviejo quiere hacerlo por el de Bello: “más culto, más propio y más digno…(nombre) del amigo y consejero de Bolívar, del gran patriarca de las letras americanas”.

También aducían que el joven Marco Fidel Suárez lo había propuesto por ser miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, por haber estudiado y admirado a Andrés Bello.  

Finalmente, Bello se convierte en municipio cuando por ordenanza de la Asamblea Departamental No. 48 del 29 de abril de 1913, es segregado como corregimiento del Municipio de Medellín. Para esos momentos, se tendían los primeros rieles del ferrocarril en el naciente municipio y se levantaba la estación, que comunicará a sus habitantes con Medellín y el resto del Departamento. Posteriormente y ante el incremento del volumen de carga y el proceso de urbanización, se construyeron los talleres del ferrocarril entre 1921 y 1925, año de su inauguración.  

Por otro lado, en 1923, Bello veía nacer la industria textil con Tejidos e Hilados El Hato (Fabricato). Ambas industrias trajeron gentes de otros municipios y produjo el incremento de la población y una nueva dinámica social y económica. Fue una modernidad de fuertes contrastes y un desarraigo de sus pobladores, que aún tienen la esperanza de forjar un mejor futuro.  

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