Por Manuel Arango Londoño, historiador.
El biógrafo arma su puzzle a conciencia, valiéndose de los incoherentes, deshilvanados testimonios escritos que el capricho del azar preservó, y el resto, la intimidad del personaje y a menudo sus rasgos y datos esenciales, se le escapan. Cree haber apresado en las redes de la erudición y de la exégesis a alguien con quien lo vincula cierta incalculable afinidad, muerto hace muchos años, y no hace más que recoger los fragmentos heteróclitos de un naufragio. Si el inspirador de ese estudio pudiese apreciar el fruto de las investigaciones, estupefacto, no se reconocería. Manuel Mujica Lainez (Mujica, 1985, p.593).
Gracias al arte, en lugar de ver un solo mundo, el nuestro, lo vemos multiplicarse, y tendremos tantos mundos a nuestra disposición como artistas originales existan… Marcel Proust. En búsqueda del tiempo perdido.
Del nacimiento de la artista
María Dolores Vélez Sierra nació en Bello el 5 de mayo de 1920, en el seno de una familia de cierta tradición artística. Bautizada con el mismo nombre de su madre, quien del primer matrimonio dio a luz a Berta y a Luis Escobar, y casada en segundas nupcias con Rafael Vélez, relación de la cual nacieron: Alonso de Jesús, Margarita, Rafael Antonio, Augusto, María Ligia, Ignacio y María Dolores “Lola” (Martínez, 2006).
Lola realizó sus estudios de primaria en Bello, y bachillerato en el Colegio de la Presentación de Bello, allí fue regular estudiante y buena deportista, llegó a ser la capitana del equipo de baloncesto, además, de buena pintora. Según me dijo Lola, la motivó a pintar la rica experiencia y grata influencia artística familiar. Baste decir, que María Ligia tocaba el piano (Entrevista a Lola Vélez, junio de 1996). El marido de Ligia, era médico, quien le compró el piano a la actriz Fábregas. La inclinación al arte pictórico lo comenzó desde muy niña.
Mientras tanto, en Medellín el arte se comprometió con lo protagónico y con lo social, los artistas encontraron en la acuarela el vehículo idóneo. Así, el arte iba madurando como proceso y acumulaba ricas y valiosas experiencias.
Lola, luego de terminar sus estudios secundarios se dedicó a la pintura e ingresó a estudiar al Instituto de Bellas Artes de Medellín en 1945, con los maestros – artistas Carlos Gómez Castro, Pedro Nel Gómez (Anorí, 1899–Medellín, 1984) y Rafael Sáenz (Rionegro 1910-Medellín, 1998). Rafael Sáenz, había estudiado en México, regresó a Medellín en 1948, y sería uno de los maestros de Fernando Botero, en Medellín, 1932 (Cardenas, 1987, p.93).
Las lecciones de Pedro Nel iban despojándose poco a poco de la carga política para algunas de sus alumnas (Catalógo, 1991).5 Pedro Nel y Rafael se sirvieron de Lola como modelo y la retrataron en sendos cuadros significativos, que reposan en la casa que siempre habitó la artista. También estudió en la Casa de la Cultura, hoy Departamento de Artes Visuales (Facultad de Artes) de la Universidad de Antioquia, y compañera de trabajo en el secretariado de Fabricato con Jorge Marín Vieco.
Estos maestros la reconocieron como artista de gran talento. Como parte de la exaltación de la vida, Lola practicó baloncesto en su juventud, y Pedro Nel Gómez la pintó jugando este deporte. Juventud que viendo una fotografía de Lola, vestida de negro, con sombrero, guantes, cartera con cadena metálica y zapatos de tacón alto, es fiel testimonio de su elegancia y hermosura.


Viaje de la artista a México
En 1950, Lola se ganó una beca para estudiar en México, en este país, residían algunos familiares que reiteradamente la solicitaban. Allí, tuvo suerte y placer de estudiar con el maestro y muralista Diego Rivera, quien la llamó con cariño y afecto “la güera colombiana”, mexicanismo para decir “la mona”. En un libro de la obra de Rivera, el muralista le escribió de su puño y letra, quizá a su regreso del país centroamericano, esta dedicatoria:
“Para mi querida discípula talentosa simpática y guapa Lolita Vélez Sierra en recuerdo del placer de haberla visto trabajando en mi taller y con mis deseos de verla de vuelta aquí cuanto antes sea posible. Diego Rivera, diciembre 18 de 1954” (Gamboa, F., 1951).
Del maestro mexicano, Lola aprendió el uso del color, el mural al temple, algunas técnicas de las emulsiones al huevo, con pigmentos, el fresco y la acuarela en tela. Además, comprendió la importancia de la investigación. Lola expresó categóricamente de Diego Rivera: “Fue un maestro que me enseñó a trabajar técnicas nuevas y a no temerle al color. De alguna manera, a él le debo esta pasión por el arte” (Estrada, 2006, p.61).
Del maestro Diego Rivera, aprendió Lola, además, el dibujo, algunos secre- tos de ciertas técnicas y el muralismo, que marcarían su vida como artista. Lola decía, que tuvo la suerte de arreglar en muchas ocasiones la paleta del maestro, y de dialogar en reiteradas oportunidades con su esposa y artista Frida Kahlo (Coyoacán, México, 1907- 1954), en su residencia mexicana.
Lola también estudió técnica de dibujo y óleo en la escuela La Esmeralda, y en su segundo viaje al país azteca captó los elementos básicos en Restauración en la Escuela de Churubusco. La artista restauró con muy buenos resultados un retrato de Marco Fidel Suárez, entre otros trabajos artísticos.
Durante su segundo viaje a México, falleció su padre Rafael Vélez, en Colombia y no pudo asistir a su entierro. Otro hecho luctuoso que afrontó, fue la muerte de Frida, quien ya se encontraba paralítica y sumida en la cama, en 1954.8
Otro suceso triste que soportó con estoicismo, fue el olvido de un retrato que le había hecho el maestro Rivera a la “Güera” y le había regalado dos días antes del viaje de regreso a Colombia, lo dejó abandonado en un aeropuerto de Guatemala.
De acuerdo con el profesor Carlos Ar- turo Fernández:
“Muchos de nuestros grandes artistas, como Pedro Nel Gómez, Débora Arango, Fernando Botero han encontrado en el arte mexicano paralelismos o fuentes de información que, de paso, han contribuido a dar a sus trabajos una dimensión más universal. Lo mismo ocurre con Lola Vélez, a través de una larga estancia en México que la puso en contacto con el muralismo, especialmente el de Diego Rivera. Y debe recordarse que el muralismo (y no sólo en el caso mexicano; también en el de Pedro Nel Gómez) no fue una simple moda sino un compromiso de carácter estético y político para cambiar la realidad y es lo que Lola Vélez intenta frente a la cotidianidad. Pero frente a las posiciones más intrigantes del primer muralismo mexicano que rechazaba de manera radical la pintura de caballete, Lola Vélez tuvo un mayor contacto con el Rivera tardío y con su ambiente; por eso, aquí nos encontramos con la más amplia variedad de técnicas, desde el fresco hasta el óleo y la acuarela. Y a través de ellas, enfrenta tres temas fundamentales: en primer lugar, los bodegones que son el acercamiento más directo y evidente con el mundo de lo cotidiano; luego las flores, donde con frecuencia se ven aparecer los detalles de aquellas vendedoras de flores de Rivera; y en el tercer lugar, la figura humana, muchas veces en relación con los temas anteriores, en la cual se plasman, más que retratos, la idiosincrasia de lo regional” (Fernández, 1995, Catalogo).
Según Leonel Estrada, entre 1910 y 1950 se sucede en México un replanteamiento o nuevo orden pictórico que tomó como fundamento la Revolución Mexicana y se expresó en muros y paredes con clara intención social. Gradualmente el Muralismo se extendió a través de América Latina. Sus principales representantes fueron en México Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. En Brasil, Cándido Portinari; en Colombia, Pedro Nel Gómez e Ignacio Gómez Jaramillo.
La expresión “Ecce Homo”, fue tomada del evangelio Juan, 19,5 y ha servido para designar las imágenes de Cristo tal como se le describe en aquel contexto, a saber, quebrantado por la flagelación y coronado de espinas; también cubierto por el manto de púrpura que los soldados le pusieron por irrisión (Colón, L., 2004, p.83).
De allí provienen su realismo y expresionismo figurativo, como legados valiosos, presentes en la posterior obra de la artista. Sin embargo, la técnica que más le gustó a Lola Vélez fue el óleo, con el óleo se sintió más segura, técnica que la estimuló a pintar bodegones, retratos y desnudos. Particularmente la sedujeron las propuestas plásticas y estéticas de Vincent Van Gogh y Paul Cézanne. No obstante, mereció premios en concursos de acuarelistas.


Lola Vélez, en vida, nunca dejó de pintar, no tuvo un prolongado receso, su descanso cotidiano fue el dibujo y la pintura; “yo descanso, pintando”, decía, disfrutó al máximo las tareas colaterales al oficio, como estirar el lienzo y montar- lo en el bastidor, tareas que fueron para ella rituales de alta magia. Por ello, Lola al trabajar no buscó la perfección sino la vida misma. Buscó la frontera entre el arte y la vida. Su vida fue una obra de arte. Se ha celebrado en la producción pictórica de Lola Vélez, los manteles de delicada filigrana en sus bodegones, los desnudos de pequeño formato en suaves colores y, por supuesto, los ángeles y arcángeles basados en Angelino Me- doro de principios del siglo XVII. Me dijo en una entrevista, que pintando ángeles, se sintió mística e inspirada. De la iconografía religiosa, también pintó, el Ecce Homo, Santos y Vírgenes, entre otros íconos (Entrevista a Lola Vélez, junio de 1996).
En 1955, Lola Vélez, el alcalde de Bello Ramón Rincón Ramírez y el sacerdote Roberto Jaramillo, conformaron la Junta Procentenario del natalicio de Marco Fidel Suárez. Dos años después, el alcalde Octavio Álvarez Arango instaló la Junta de Extensión Cultural en Bello, la mesa directiva estuvo conformada por el sacerdote Roberto Jaramillo Arango, y el alcalde Álvarez, como Presidentes Honorarios, y la señorita Lola Vélez Sierra en calidad de Presidenta Efectiva.
En septiembre de ese mismo año, de 1957, la Biblioteca Marco Fidel Suárez, realizó la exposición pictórica de la artista Lola Vélez, consistente en veintisiete cuadros pintados en Medellín, Bello y México. En ese mismo año murió su maestro Diego Rivera.
Una actitud renovadora la hizo la artista Lola Vélez, con la técnica de la acuarela en tela, entre otras técnicas pictóricas, como su retrato en oleo sobre lienzo, de 150×100 cm. (Secretaría de Educación y Cultura de Medellín, 1999, p.97).
El 2 de junio de 1965, el concejo municipal le hizo reconocimiento a Lola Vélez, entre diferentes personalidades, y le otorgó $400 pesos: “por concepto de clases de dibujo dictadas en la Biblioteca, durante los meses de marzo a junio/63, la suma de $400” (Archivo Histórico de Bello (A.H.B.), fondo acuerdos, acuerdo N.º 13 de 1965, folio 2).



La Corporación Fabricato para el Desarrollo Social
Esta Corporación se creó como resultado de las políticas sociales y culturales de Fabricato y por el dinamismo de algunos sectores bellanitas. Además, como expresión y producto de una investigación realizada por la empresa entre 1963 y 1964, que recomendó la conformación a mediano plazo de la Corporación Fabricato: “Como medio de desarrollo para sus trabajadores, para Bello y para la comunidad en general”, se dijo en sus inicios.
El primer director de la Corporación Fabricato fue Óscar Navarro, quien luego sería director de la Asociación Pro-Bello. En la Corporación, Lola dictó clases de dibujo y de pintura a las esposas de los directivos de Fabricato, a los hijos de los empleados, a los trabajadores y a otro público previamente seleccionado; de allí surgió un primer grupo de artistas bellanitas. Lola impulsó un concurso para premiar la mejor tarjeta de navidad dentro de la Empresa. En el Concurso 5º Aniversario de Fabricato al Día, en diciembre de 1964, la revista publicó y premió la tarjeta de navidad enviada por María Dolores Vélez, con el seudónimo de MONA. Fue el primer premio en la Fábrica, el cuadro se llama “Dos ángeles tocando trompeta sobre el pueblo”( Contraportada, Revista Fábricato al Día, No.60, noviembre 1964). Estas tarjetas de navidad, las diseñaba la artista para su familia, para sus amigos íntimos, año tras año.
Lola disfrutó los años que perteneció a la Corporación, en compañía de Amparo y Emma que dirigían el Programa Artístico. En esta Corporación Cultural colaboró Martha Elena Bravo, quien fue directora de la sección de Relaciones Humanas, en Fabricato en 1964. Creó los conjuntos de danza, cuerdas y percusión, integrados por trabajadores, hijos y hermanos de trabajadores; organizó el coro e inició las Semanas de la Cultura y el Libro dentro de Fabricato. Martha Elena abandonó la Empresa Fabricato en 1966 (Fabricato al Día, No.69, Volumen VI, 1966, p.35).
La Revista Fabricato al Día, instruía a los lectores en cuanto a pintores, músicos, artistas universales y nacionales. Además, le dedicó portada y páginas completas interiores a pintores, como: Jaime Muñoz, Horacio Longas, Francisco Antonio Cano, Eladio Vélez, Pedro Nel Gómez, Ramón Vásquez, Gustavo López, Marco Tobón Mejía, Alejandro Obregón, Edgar Negret, Fernando Botero, Rafael Sáenz y Andrés de Santa María, entre otros artistas. También publicó artículos de críticos y teóricos como Leonel Estrada, entre muchos más.
Lola fue socia fundadora de la Unión Femenina Fabricato (UNIFFA), más tarde transformada en la Unión de Secretarias y Empleadas de Fabricato. Luego, para obtener la jubilación, Lola trabajó en la Biblioteca de Fabricato. La Unión Femenina Fabricato (UNIFFA), hizo en 1972 un programa de pintura entre los pacientes del Hospital Mental (Revista Fabricato al Día, No. 108, 1972, p. 44).



La artista deseó expandir el arte de la pintura por doquier, y para este noble propósito contó con el respaldo de los directivos de Fabricato. En los años 70, se fundó en Bello la Casa de la Cultura, proyecto quijotesco orientado por el Presbítero Tiberio Berrío López, apoyado por Francisco Cadavid, Dolly López de Mesa de Jiménez, Libardo González, Ernesto Marín, Teresita Arismendy A, Aura Valencia de C., el maestro José Longas Isaza, Gustavo Morales y Lola Vélez Sierra. Casa de la Cultura que ocupó por algunos años el viejo templo de Hato Viejo, que otrora había sido convertido en fábrica de baldosas.
Al cumplir Lola cincuenta años, “que es cuando los pintores empiezan a ser buenos”, de acuerdo con la frase y observación de Antonio Caballero, acerca de su hermano Luis: la artista se enrutó a ser guía y faro de la cultura local, y su figura de mujer del arte, trascendió la historia del arte regional y nacional.
Dicha Casa de la Cultura de Bello, tuvo como centro de actividades la residencia de la pintora Lola Vélez. Además, este movimiento generado en los años 70, fue el promotor de varios eventos y proyectos culturales en el municipio durante esa década: no obstante, por razones políticas, dejó de existir en 1977 (monografía, 2002, p.77).
Su casa y magisterio
La pintora Lola Vélez vivió, se expresó y trabajó en su gran parte de la aventura vital, en el centro de Bello, su hogar y estudio – taller ubicado a doscientos metros del Parque Santander, precisamente en el costado Norte de la Platea Marco Fidel Suárez. La casa de Lola Vélez, de finales del siglo XIX, es una típica —ya escasa— residencia y estancia de patio central, tapias generosas en su tamaño y fres- cura, fuente surtidora con un espléndido jardín interior, jardín donde trinan los pájaros suspendidos en móviles jaulas.
Esta casa, además de ser patrimonio arquitectónico, urbanístico y cultural, es por su atmósfera y magia una rica acuarela o un preciso bodegón de estupenda composición. Aunque el desarrollo de la malla vial le arrebató cuatro piezas y le hizo cambiar el sentido de la fachada y puerta de acceso principal, que antes se hacía por la “calle arriba”, y era de piedra y ladrillo. Hoy esta casa que habitó la artista continúa campante en el siglo XXI, a la espera de ser convertida en casa – museo, y el espíritu de Lola sigue siendo su guía tutelar. Según Reinaldo Spitaletta:



“Quizá lo que más llama la atención en ella es su casa. Esplendida. y vieja, con más de cien años. De esas que ya no se ven. Elevadas tapias, escaparates fantasmales, radios de catedral, péndolas que ya no señalan el tiempo, y las pin- turas de Lola, por doquier. Atrás, el solar enorme que desprende olores de mango y zapote. Hay un caminito empedrado que, precisamente, conduce, entre ver- dores, al estudio de la artista, al que también le da sombra un anciano árbol de aguacate, junto al cual, en noches que ya casi nadie recuerda, se escucharon sonidos de campanas. Los espantos de antes…” (Spitaletta, R.,1995, p. 8D)
Por su trayectoria plástica, por sus aportes socioculturales a la ciudad, por su presencia en los ámbitos, local, regional, nacional e internacional, por sus cualidades y calidades humanas, por sus viajes y exposiciones en Panamá, Venezuela, México, España, Francia e Italia, entre otros países visitados, Lola Vélez ha sido el centro formador e inspirador de artistas de reconocimiento nacional e internacional, como: Fabián Rendón, Rubén Darío Crespo, Flor María Bouhot, Raúl Amaya, Mario Madrid, Mario Del- gado, Javier Múnera, Omar Rivillas, Julio César Muñoz y John Fernando Idárraga, entre un sinnúmero de pintores más de esta “Ciudad de artistas”. Ciudad que está representada en la colección permanente del Museo de Antioquia, en Medellín, precisamente con el cuadro “Lupita” de Lola Vélez.
La artista bellanita hace parte de un movimiento cultural de una época en la que florecieron Adelfa Arango Jaramillo, Débora Arango y nuestra delicada Jesusita Vallejo de Mora Vásquez. De acuerdo con Reinaldo Spitaletta:
“A Lola Vélez, la maestra pintora de Bello, el cielo, que es un lugar repartido por toda su casa de más de cien años, la dotó de arte. Ya lo traía puesto de nacimiento, pero lo desarrolló en un pueblo arisco, indiferente a las manifestaciones estéticas, que sin embargo, después, reconoció en ella un emblema. Lola es un estandarte de la pintura en Antioquia. Lola, en sí misma, es música, que acrecienta con el perpetuo canto de sinsontes y canarios y turpiales del patio central de su residencia, que también, como la artista, es patrimonio cultural de Bello. Y es música, no solo por sus cuadros y frescos, sino porque los gorgoteos de la fuente la acompañan en su creación. Lola es una vida dedicada al arte, sin es- cándalos ni publicaciones frívolas para llamar la atención. Pinta y pinta. Y esa labor encomiable es suficiente para que ya sea parte de la historia plástica de un país de inequidades sociales y estropea- do, entre otros flagelos, por una cultura light y alienante.” (Spitaletta, R., 2005, p.3)
Lola tuvo —hasta casi el final de su existencia— una extensa carrera como docente. Magisterio que fue expresión de amor que siempre le expresó a su ciudad natal. Fue cofundadora del Hogar Judith Jaramillo y militó en el Directorio Liberal de Bello.
Según el artista y profesor Mario Delgado, Lola fue una mujer muy tímida. No obstante, dicha timidez, la obra de esta artista es rica y plural: payasos, flores (girasoles, cartuchos, y cactus) bodegones, figuras humanas, como la Tongolele entre otras más. Lola se mantiene escondida y desconocida –aun después de muerta– por la niebla de la crítica y por el olvido de los mismos artistas locales.
La “chimba de Lola”
En una entrevista sostenida con el crítico de arte y curador, Walter Correa Cadavid me comentó que Lola Vélez era, bella, salerosa, conversadora y agradable. Vestía muy bonito y muy colorido. De buen maquillaje, impecable, amable y de muy buen genio, con todo el mundo. Era una gran bailarina y apreciaba la música. Según Walter Correa, Lola fue muy importante en toda el área metropolitana, asistía a exposiciones, recitales musicales, a conversatorios varios. A las fiestas, era la primera invitada. Su forma de ser era querida por todos los artistas. Fue profesora en Fabricato, en la Biblioteca Marco Fidel Suárez y en el Museo de Zea, hoy museo de Antioquia. Sí. Era la primera invitada por la elite de Medellín y la clase alta de la capital. “Si Lola no es- taba invitada, no valía la fiesta”, me dijo Walter (Entrevista a Walter Correa Cadavid, 2013).
Ella, era un símbolo social y cultural. Se hizo la comparación entre personas, objetos o situación, con la exclamación: “Ni la chimba de Lola”, aseveró Walter Correa. Esta exclamación sirvió como expresión de especial y espiritual, de estado de ánimo y de energía positiva. Por lo tanto, no es ofensivo hablar de la “Chimba de Lola”, frase que fue acuñada por Amilkar U (Osorio), gran amigo nadaista de Lola. Y que tiene validez en la tradición y cultura antioqueñas.




No es morbosidad. Fue utilizada por todos los estratos sociales de la región. Esta expresión se puede datar, de aproximadamente en 1965, durante el Primer Festival de Teatro Universitario, programado y organizado en la Primera Semana Cultural de Estudios Generales de la Universidad de Antioquia, cuando la expresó Amilkar U (Osorio), creador con Gonzalo Arango del Nadaísmo, en 1958. De acuerdo con Walter Correa, Amilkar la quiso mucho. Lola fue cercana al movimiento Nadaísta, y algunos de sus integrantes, venían a casa de Lola, en compañía de Walter, quien observó que, las rumbas en casa de las Vélez duraban desde el viernes hasta el lunes. No sobrará advertir que, Walter fue compañero de Seminario de Amilkar U, literato, cineasta, artista, es- cultor y conceptualista.
Algunas de las últimas exposiciones
En 1995, el Museo de la Universidad de Antioquia, realizó la exposición retrospectiva Lola Vélez, allí se proyectó el video documental que Fernando Mora Meléndez le hizo a la artista (Fernández, 1995, p. 226).
A menos de un año, la Cámara de Comercio de Medellín, inauguró en febrero de 1996 la exposición Tres Artistas de Bello: Lola Vélez, Jaime Carmona y Edgar Correa (Camara de Comercio, 1996) Al respecto de la obra de Lola Vélez, el presentador de la exposición, Elkin Rojas Montoya, expresó: “…Es una explosión íntima de pétalos y bodegones de solariego impresionismo clásico…”(Tres artistas bellanitas. El Colombiano, febrero 10 de 1996). En el año de 1996, salió a la luz pública la revista Perspectiva, en la cual Olga Lucía Muñoz, publicó el artículo “Si tu nombre pudiera abarcarte Lola Vélez,” texto que termina planteando:
“…Si tu nombre pudiera abarcarte Lola Vélez… tendría que evocar estas y otras mil cosas, pero entretanto, “haces nuca” como dices, y elevando orgullosamente la cabeza, te sientes plenamente realiza- da cuando la gente te reconoce como la pintora, la pintora de Bello, este pueble- cito que adoras más que cualquier lugar del mundo” (Muñoz, 1996, p.25)
Casi dos años después, el Politécnico Marco Fidel Suárez, realizó el Primer Salón de Arte Lola Vélez, colectiva en la que participaron: Javier Múnera, Beatriz Espinal, Marco Mejía, Marta Herrera, Martín Trespalacio, Edgar Correa, Lola Vélez, Mario Delgado, Liliana Hernández, Jorge Lenis, Jaime Carmona, Hugo Santamaría, Leopoldo Saldarriaga, Fernando Nieto y Flor María Bouhot (Politecnico Marco Fidel Suárez, 1997)
En 1998, hubo tres momentos significativos para la vida de la artista: participó en la exposición colectiva (más de treinta artistas), que organizó la Alcaldía de Bello, en las jornada del día del Idioma, exposición titulada Bello y sus artistas, inaugurada el 23 de abril, en la Rotonda de la nueva Biblioteca Marco Fidel Suárez (Alcaldía de Bello, 1998). En septiembre, El Politécnico Marco Fidel Suárez le hizo a Lola una exposición individual. A propósito, Bruno Salomón, en el catálogo respectivo escribió:
“Lola Vélez, la pintura como vida. Toda una vida dedicada a la pintura como experiencia central, como forma de ser, como búsqueda de lo que el arte significa plenamente, hacen de Lola Vélez un paradigma de nuestra tierra y de nuestra mejor tradición cultural no solo como mujer creadora sino como artista de las más claras y señeras calidades…”( Marco Fidel Suárez, 1998)
Y el Centro de Historia, en colaboración con Rodrigo Villa Osorio, Presidente del Concejo, el alcalde Rodrigo Arango Cadavid, le tributaron a Lola Vélez Sierra un homenaje en su residencia. En este reconocimiento, el programa realizado la noche del 29 de diciembre de 1998, tuvo como oferentes a Beatriz Agudelo Puerta, Secretaria de Educación, Reinaldo Spitaletta, Presidente del Centro de Historia, los citados Rodrigo Villa y Rodrigo Arango.
La artista intervino con unas palabras y agradecimientos, que se quedaron remolineando en el cálido ambiente de su casa y de la noche y aun me asombran y el suscrito autor de estas líneas, leyó un texto “Lola Vélez: la exaltación de la vida”. La velada estuvo amenizada por la serenata que compartió el maestro y amigo José Longas Isaza, y matizada por una copa de vino. Del texto leído esa noche por Reinaldo Spitaletta, deseo resaltar los siguientes apartes:
“…A un pueblo se le mide su grado de civilización por la calidad de sus hombres de arte y ciencia. Y en ese sentido, podríamos aventurar esta noche una tesis: Bello, nuestro pueblo, está sal- vado gracias a la presencia de notorias figuras en las letras y las artes. Y entre ellas contamos con la suerte de tener a Lola Vélez Sierra, que ya pertenece a la historia de la pintura en Colombia. Digamos que en Lola (o en Lolita, como le decía su maestro mexicano Diego Rivera), se encarnan las virtudes del gran artista: sensibilidad, hondura mental, posición política frente al mundo y sobre todo, un amor enorme por su pueblo, por su gente, a la que interpreta en sus obras… Lola es la suma de una vida sensible dedicada al arte, entre patios frescos, entre paletas y pinceles, entre pájaros y sueños, que todo eso lo podemos apreciar en su casa, que también, como ella, ya es patrimonio cultural de la ciudad… Lola es, sin duda, un paradigma de lo que es un pintor. La vida sólo existe para la pintura, y eso, quizá, podríamos encontrar con el pintor que ella más ama, con Van Gogh; aunque en esto soy un poco temerario porque segura- mente ella también dedica gran parte de sus afectos artísticos a su maestro Rivera. En Lola también se reúne el magisterio, esa vocación por la enseñanza del arte, y la mujer cívica, metida siempre en empresas culturales (ahora, precisa- mente, es la presidenta honoraria y gran animadora del Centro de Historia de Bello) y, a su vez, en Lola encontramos eso tan raro en otros artistas: la sencillez, el don de gente, el ejercicio de la amistad. Debemos de sentirnos felices por contar en Bello con una artista de la talla de Lola Vélez, tal vez una de las pocas personas del arte en Colombia que domina las técnicas del muralismo, el fresco, las emulsiones al huevo, la acuarela en tela. Lola, como todos sabemos, ha pintado flores, gamines, mujeres, cuadros profanos, pero, a su vez, ha plasmado vírgenes y ángeles y santos. Nada le es ajeno…” (Spitaletta, 1998).
Antes de finalizar el “corto” siglo XX, Lola, como expresión de su infatigable y múltiple producción estética y plástica, elaboró dos murales para la sede del Concejo Municipal de Bello, además, pintó el Escudo del Centro de Historia de la localidad y patria chica de la artista. También montó –ella misma en compañía de su “sobrina” Margarita– una exposición de sus alumnos en la nueva Biblioteca Marco Fidel Suárez, rotonda que, efectivamente, lleva el nombre de esta singular bellanita.
En 1999, el Alcalde de Medellín, Juan Gómez Martínez y el Secretario de Educación y Cultura, Juan Luis Mejía Arango, inauguraron el 28 de julio la exposición de la Maestra Lola Vélez, en el teatro Lido, del parque Bolívar (Alcaldía de Medellín, 1999).
En el 2000 Lola, cuando contaba con 80 años de edad y de fructífera vida, realizó su cuarto y último viaje a México en un intercambio cultural entre las ciudades hermanas San Nicolás de las Garzas (México) y Bello (Colombia). En respuesta armónica, fuimos visitados por un grupo de artistas de esta ciudad azteca, quienes pintaron junto con bellanitas varios murales en la Estación Bello del Metro.
Un año después, le llegó un inconveniente al ser invitada a exponer una retrospectiva de su obra y producción pictórica en el Hotel Belfort en Medellín, le rechazaron unos desnudos artísticos al parecer por “inmorales”, este acontecimiento, en el siglo XXI, le causó un pro- fundo desengaño y dolor a la artista (Martínez, 2006).
En el ámbito local y en la Alcaldía de Rodrigo Villa Osorio, la Secretaría de Educación, Extensión Cultural y la Biblioteca Marco Fidel Suárez, en la programación de la Semana del Idioma, inauguraron la Exposición Lola Vélez Sierra, en dicha Biblioteca, en el catálogo para la Exposición en la Galería de Arte Lola Vélez Sierra, J. Mario Madrid, escribió:
“Lola y su obra. Para mirar la obra de Lola Vélez Sierra, hay que revestirse de la pureza espiritual y la delicadeza con que ella ejecuta su pincelada sobre la tela, imprimiendo cierta inocencia angelical que invita a mirarla una y otra vez con la emoción que invita a compartir su paz interior, cómplice de su genial creatividad. Apenas con el alba, sus relojes vivos la despiertan, luego de ser bañada con la atmósfera poseidoniana y de haber tomado un frugal desayuno en el “Santa Santorum” de su estudio Lola se sienta frente a la tela blanca que reposa sobre el caballete, visualizando anticipadamente lo que será su obra, que puede ser una flor que está en su sencillo pero esplendoroso jardín; comienza con colores tenues, hasta llegar al rojo vivo y el rosa fuerte que son la expresión de su amor por la armonía de la luz y del color. Todas sus obras requieren de un análisis especial. Aunque almuerzo y cena se han quedado olvidados sobre la mesa, ya en la noche, sin nada de cansancio, luego de echarse la última bendición del día, Lola piensa en sus hijos espirituales: sus alumnos, que han sido muchos, y sus obras pictóricas que, también, han sido muchas. Lola no cuenta ovejas cuenta obras. Toda una vida, dedicada al arte” (Alcaldía de Bello, 2003).
En el 2003, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, realizó la retrospectiva Lola Vélez S, en la sede Niquía (Cámara de Comerció de Medellín, 2003).
La muerte cercana
Al siguiente año falleció su hermana Margarita, gran amiga y confidente con la que compartió su vida familiar, el dolor por esta pérdida humana fue tan grande, que diez días después de este fallecimiento, Lola sufrió una hemiplejía (parálisis de un lado del cuerpo) derecha, impidiéndole pintar y aislándola del ambiente social. Siete meses más tarde, un coágulo se llevó a Lola, al amanecer del 23 de marzo de 2005, miércoles santo, a ese otro cielo, allende su paraíso y remanso hogareño. Parodiando a Federico Engels, ante la tumba de Carlos Marx: “Hoy, a las 6 am. Lola ha dejado de pintar”.
El cuerpo yacente, fue puesto en cámara ardiente en la Rotonda homónima de la Biblioteca Marco Fidel Suárez. La misa de despedida se llevó a cabo en la iglesia El Rosario, a las 3:30 pm, del mismo, muy triste, y luctuoso día de la semana Mayor. Durante los oficios religiosos se leyeron los siguientes testimonios:
A la memoria de nuestra exalumna, leído por una monja de la Presentación. El Decreto Extraordinario de la Alcaldía, promulgado por la alcaldesa Olga Suárez Mira. Texto de Oscar Suárez Mira, Representante a la Cámara. Sentido pésame de la pintora Beatriz Espinal, ofrecido por la Corporación Picasso. Y la “Declaración de Duelo” del Centro de Historia de Bello. Lola Vélez, una vida dedicada al arte, leí- do por el presidente Reinaldo Spitaletta. De este último texto, reproducido en la revista Huellas, extracto unos párrafos:
“Despedir en su hora definitiva a la maestra Lola Vélez no deja de ser un acto de dolor ante su ausencia corporal, pero a su vez es un momento para decirle de nuevo gracias por su arte, por sus aportes a la cultura y la sensibilidad de un pueblo que siempre la admiró y respetó. Ella, una artista íntegra, supo interpretar las angustias y alegrías de la gente para dejar en sus frescos, óleos y acuarelas un testimonio estético de su paso por el mundo. Lola Vélez, emblema de una población obrera y llena de desamparos, contribuyó a que Bello fuera llamada la Ciudad de los artistas y siempre supo que la belleza es una posibilidad para mirar el entorno con ojos de asombro y para no perder la esperanza en un futuro mejor. Lola Vélez, toda una existencia dedicada al arte con profundidad y serenidad, nunca apeló al fácil expediente del escándalo para hacerse publicidades frívolas ni permitió que los diversos poderes la hicieran caer en las tentaciones comercialoides. Respiraba arte y talento, y por eso ya en vida era parte de la historia artística de un país que casi siempre ha mirado con desprecio a sus creadores… Sin embargo, no es hora de tristezas, porque Lola Vélez nos deja un legado cultural invaluable, un ejemplo de disciplina y entrega total al arte; Lola pintó como si cada pintura suya fuera la última de su vida, sirvió de ejemplo a muchos artistas jóvenes y su obra continuará viviendo. La maestra Lola seguirá siendo un faro para las generaciones de hoy y del porvenir…” (Spitaletta, 2005, p.5)
En 2006, al cumplirse el primer año del fallecimiento de la artista y maestra Lola Vélez, y como forma de honrar su vida, obra y memoria; la notaría primera de Bello a cargo de Juan Hernando Muñoz, hizo una exposición de la obra de Lola (Muñoz, J., 2006), y contó con más de 38 obras.
Un periódico local resaltó esta exposición Lola Vélez, Retrospectiva (1920- 2005), y expresó, entre otras cuestiones:
“…con gran trayectoria internacional, fue merecedora de premios de primera categoría y de su constante trasegar en el arte pictórico, esta artista antioqueña, se consagró como una de las mujeres más importantes en su género y marcó pauta en los historiales contemporáneos. Lola Vélez una mujer introvertida y romántica para quien el arte fue signo vital que palpitó permanentemente en su existencia” (Voz Bellanita, No.26, 2006, p.5.).
En este mismo año, apareció el libro Hilando Memorias, antología de artistas y gestores socioculturales de Bello:
“Dedicado a la memoria de nuestra pin- tora Lola Vélez Sierra, porque siendo ciudadana del mundo, prefirió vivir con los suyos consagrando su vida a la formación de nuevas generaciones de artistas y gestores culturales. Porque, desde la sencillez de sus obras, nos legó una ciudad llena de colores… (Estrada, 2006, p.3)
Por todo lo anterior, Lola Vélez Sierra en su espíritu de vida, creación plástica, contribución a la ciudad en el civismo, la cultura, la educación, la política y su aporte al beneficio de la comunidad, al igual que su reconocimiento como Presidenta Honoraria del Centro de Historia de Bello, se encuentra por siempre en el proceso generador de nuevas propuestas estéticas y en el alma del ser bellanita. Pues su obra y existencia, son indiscutibles, la exaltación misma de la aventura del arte y manifestación pre- clara del transcurso existencial de esta mujer artista bellanita. Lola es la exaltación de la vida misma. Aunque desde su sencillez, y por el desinterés de críticos e investigadores, no aparece en casi ninguna antología del arte, la pintura regional o nacional.
El Acuerdo N.º 25 de 2007, del Concejo de Bello, hizo un reconocimiento por medio del cual, rinde homenaje a la memoria de la pintora Lola Vélez Sierra y se dictan otras disposiciones. Han transcurrido ocho años después de la muerte de la artista y pintora Lola Vélez, y la ciudad que la sintió nacer y la disfrutó en sus 85 años de vida, espera ver con- vertida su casa – taller en un verdadero museo, espacio para conservar en su interior la valiosa pinacoteca de alta calidad artística e histórica (objetos, obras y muebles), los murales y los implementos de estudio y de trabajo de esta gran artista bellanita.
Referencias
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Colón Llamas, Luis Carlos. Las ciudades y los muertos cementerios de América Latina. Museo de Bogotá, 2004, p. 83)
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Muñoz, Juan Hernando. Exposición en homenaje al primer año de fallecimiento “Lola Vélez. Retrospectiva”, Notaría 1a, finales de marzo hasta el 7 de abril de 2006.
Muñoz, Olga Lucía. Si tu nombre pudiera abarcarte Lola Vélez. En: Perspectiva. Revista de Opinión. No.1,1996.
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Politécnico Marco Fidel Suárez. Catálogo Primer Salón de Arte Lola Vélez.1997.
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Revista Fabricato al Día, N.º 60, Volumen V, noviembre y diciembre de 1964. Contra- portada.
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Spitaletta, Reinaldo. La maestra Lola Vélez, emblema bellanita. En: Huellas. Revista del Centro de Historia de Bello, Año VI, N.º 6, 2004
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Voz Bellanita. Edición 26, abril de 2006.
Entrevistas: Lola Vélez, junio de 1996; Walter Correa Cadavid, octubre 28 de 2013.

