Alfonso Zapata: “todos los hombres se venden, lo difícil es averiguar por cuánto”.

por centrodehistoriabello

Por Edgar Restrepo Gómez, historiador.

Resumen Alfonso Zapata fue un dirigente liberal que participó en la política local y regio nal, en las décadas del treinta y cuarenta del siglo XX, época de agitación social y cambio de hegemonía partidista. Ade más, participó como constructor de dife rentes proyectos urbanísticos a través de organizaciones inmobiliarias o asociado con otros importantes hombres de capi tal de Medellín, entre ellos Timoteo Jara millo.

Familia

Alfonso Zapata Zapata y familia. Foto: Pérez, Hernán. Tras la huella de los Zapata Nacido en 1899, fue hijo único de José Isaac Zapata Restrepo y Laura Zapata Restrepo. Alfonso descendía de la familia Zapata que se remonta a Jesús María Zapata Arango, arriero y comerciante, quien se radicó en Hatoviejo y contrajo nupcias con Dolores Restrepo. Entre sus tíos se destacan Juvenal Zapata, administrador de Fabricato y Gabriel Zapata Restrepo, y sus primos Raúl y Gilberto Zapata Lotero, políticos liberales y líderes empresariales (Pérez, 2005, p.17).

Alfonso Zapata Zapata y familia. Foto: Pérez, Hernán. Tras la huella de los Zapata

De su abuelo materno, Tomás M. Zapata F., se originó la herencia en tierras, pues comenzó a administrarlas desde temprano, en nombre de su madre Laura (Escritura 726 del 16 de abril de 1921, venta terrenos al Ferrocarril de Antioquia. Registro Catastro de 1914. Archivo Histórico de Bello (A.H.B.). Alfonso Zapata se casó con Edelmira Zuluaga Jaramillo, con quien tuvo dos hijos: Carlos Humberto y María Dolores.

Fue un hombre de negocios en la lo calidad, con propiedades en el casco urbano, urbanizador de tierras y contratista principal del Municipio en materia de obras públicas en la década del veinte (AHB. Acuerdo 1, del 8 de enero de 1923, folios 859-862. Venta de una casa de tapia y teja para la enseñanza en el paraje de Sabanalarga por 600 pesos y el arriendo de uno de los primeros camiones para el transporte de material destinado a obras civiles).

En 1922, aparecía ya con un capital de nueve mil pesos (A.H.B. Lista de los individuos gravados con Contribución Directa al Municipio, abril-marzo/1922. Actas y Acuerdos), producto de su herencia materna, de sus actividades comerciales, compra y venta de tierras, por lo que realizó una sociedad con Timoteo Jaramillo, Sociedad Jara millo y Zapata (Archivo Histórico de Antioquia. Escritura 2373, del 26 de septiembre de 1928, Notaría Primera. A.H.B. Contrato celebrado entre el Personero Jesús M. Duque y la sociedad Jaramillo y Zapata sobre acueducto, Acuerdo 35 de 1925), quien lo introdujo en el próspero negocio de la urbanización en Bello. Gracias a sus proyectos urbanísticos en la sociedad conformada con Timoteo, Alfonso pudo disfrutar de exención de impuestos sobre sus pro piedades pues el Concejo Municipal se comprometió a “no cobrar por espacio de 10 años ninguna contribución sobre los predios que poseen”( AHB Acuerdo 38 de 1928).

Familia Zapata Restrepo. Foto: Pérez, Hernán.
Tras la huella de los Zapata

Para 1928, la sociedad se disuelve, repartiéndose los activos representados en capital, bienes y lotes aportados por cada uno de los socios. Este fracaso empresarial llevaría posteriormente en 1942, a las rivalidades políticas entre ambos, a través del proyecto de construcción de la plaza de mercado de Bello por la firma Construcciones S.A. (Valencia, 2012, p.80).

 En 1934, aunque su capital gravable fue apenas de $10.100, en realidad su capital ascendía a $17.819.50, parte de los cuales los tenía en 24 créditos hipotecarios por $4.600, producto de sus actividades “urbanísticas” (AHB. Lista de Catastro. Junta Municipal de Caminos, folio 81, 1934).

Sus propiedades estaban distribuidas así: Un local en la calle Santander, una casa en la Carrera Uribe Uribe, siete casas y garajes en la calle Bolívar, 19 casas en el Barrio Prado9 y Las Granjas, 20 lotes en los Barrios Las Granjas y Manchester.

En el barrio Prado, identificado inicialmente como calle de Sevilla, levantó cuatro edificaciones que fueron construidas por Jesús Hurtado. Sin embargo, el Personero Antonio Lotero las hizo suspender, ya que no cumplían con el Acuerdo de edificaciones (No. 50 de 1940).

 En este barrio financió con Timoteo Jaramillo la construcción del acueducto, suministrando materiales y pagando salarios de los trabajadores (AHB. Acuerdo del Concejo Municipal No 35, del 16 de septiembre de 1925, folio 954). Acción nada gratuita porque él mismo había promocionado su creación.

El hombre político.

Su carrera política se inscribió en el Partido Liberal, siendo concejal en varios períodos entre 1930 y 1945 (Imbol y Arango, 2013, p.85), presidente del Concejo (1941, 1945 y 1947) y diputado de la Asamblea Departamental. Además, se desempeñó como presidente de la Junta Municipal de Caminos en los años cuarenta.

 En 1941, Zapata gana las elecciones para el concejo municipal, a través de la conformación del comité político Pro Bello, integrado por varios dirigentes, entre ellos, Eliseo Gaviria, y junto a los conservadores realizan una alianza bipartidista para gobernar, manteniéndose el sector liberal oficial como oposición. Su designación como presidente de la corporación suscitó algunas críticas, a las cuales contestó:

“Refiriéndose al comentario callejero res pecto a que él se había vendido agregó: hay un refrán que dice que todos los hombres se venden, lo difícil es averiguar por cuánto, que tenía el orgullo más grande y que no creía todos lo tuvieran y es el de no haberle trabajado en 43 años de vida, media hora a nadie, que cuando estuvo en Europa le tocó estar frente al santo padre, frente a Benito Mussolini y frente al Alfonso XIII y los vio pequeños ya que él era libre y ellos tenían que estar sometidos a la voluntad del pueblo. Que sí se vende a Fabricato, pero cuando esta empresa dé las garantías que ordenan las leyes a los obreros, cuando no se les humille, en fin, cuan do los obreros puedan tener salud y no tengan de qué lamentarse; a Fabricato, agrega, le hace mucha falta dinero para comprarme, pues una empresa que tiene muchos millones, pero para repartir entre quinientos mil accionistas, que visto individualmente tiene más que cualquiera de ellos; que mucho menos podría comprarlo don Ramón Echavarría como había hecho con varios, toda vez que este no era más que un empleado superior y en cambio yo, agrega, tengo mi dinero y tengo mis empresas, por último agradece al H Concejo la confianza en él depositada”( A.H.B. Acta del Concejo municipal, noviembre 1 de 1941).

En este pronunciamiento se evidencia la práctica de la compra de votos en el concejo por Fabricato y, a su vez, alardea de su fortuna y sus viajes, en contraste al capital de la empresa. Por otro lado, los conservadores en una muestra de la alianza política y la conveniencia clientelista declaraban que Zapata era “un hombre pulcro, sereno, imparcial, generoso y más preocupado por los intereses colectivos que por las ambiciones banderizas” (AHB. Acta del Concejo municipal, noviembre 1 de 1941).

Para 1945, mantuvo la disidencia del partido liberal, que tomó el nombre de Comité Liberal Doctrinario, grupo que buscó la depuración administrativa del Municipio de “los odios partidistas”, de la precisión de los principios liberales, en marcados en la corriente del líder popular Jorge Eliécer Gaitán. A través del “comité” fue elegido al Concejo Municipal y ocupó la presidencia. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año, los demás integrantes del Comité le exigían a Zapata su retiro del Concejo porque:

Concejo Municipal de Bello, 1942.

“Continúa haciendo tratos perjudiciales para el Comité, sin consultar para nada con el grupo que representa, entregando todas las posiciones y todos los intereses a los directoristas”( Periódico Acción, No. 6, Bello, diciembre 15 de 1945, dirigido por José Abel Jiménez).

En una sesión del con cejo, Zapata se refirió a las acusaciones comentando que ese “comité”, a quien debía su elección, había:

“ …perseguido el mejor bienestar y engrandecimiento del pueblo; pero que hoy solo buscaba puestos públicos y satisfacer una “política de estómago” y de odios, por lo cual él protestaba de ese grupo. El señor presidente continuó desatándose en improperios contra el grupo disidente que lo llevó al Concejo. Manifestó luego que le habían exigido la renuncia y que así lo haría pero anticipaba que su suplente, que era un recto y digno caballero, no tenía la virtud del perdón, como lo tenía él, y vendría a patrocinar toda clase de infamias para saciar sus odios, por lo cual correrían ríos de sangre en el municipio…”(Imbol y Arango, 2013, p.85)

A pesar de las críticas del grupo de apoyo, se mantuvo en el concejo y en calidad de presidente del mismo, de mayoría liberal de orientación gaitanista en 1947, lideró un pleito jurídico del municipio por derechos de agua contra Nicolás Sierra, comerciante y gran propietario. El pleito tenía carácter de confrontación política, porque los conservadores estaban interesados en que el proceso fallará en contra del Municipio para des prestigiar la administración liberal en la Alcaldía y el Concejo. Al decir del concejal liberal Luis Montoya:

“El señor Sierra había intentado que una visita al juzgado a la localidad no se realizara y así definir el pleito (en contra) y asegurando la imparcialidad de la corporación en asuntos públicos decía que dentro del recinto del concejo, nadie tiene amigos… y si era preciso se perdieran todas las posiciones que el Liberalismo tenía, si para conservarlas se defendían los intereses particulares y descuidar los del Municipio” ( AHB. Acta 47 del concejo municipal, agosto 5, folios 48-49).

 El sector liberal gaitanista estaba integrado por Alfonso Zapata Z., Gerardo Arango Escobar, José Abel Jiménez, Hernán Villa Baena, Pablo Emilio Montoya, Ernesto Molina U., Gabriel Octavio Saldarriaga, Luis Montoya, entre otros. Este grupo de líderes y concejales aprobó una proposición de saludo y apoyo a Gaitán, especialmente por sus acciones de unión del partido:

“Hacemos votos sinceros, porque su labor de unión liberal, redunda en beneficio de la colectividad, para bien de los principios preconizados por los inolvidables Jefes Doctores Rafael Uribe Uribe y Herrera. A la vez, se congratula con el programa de acercamiento y compactación de todas las fuerzas, para robustecer el partido, en bien de la Patria, de la libertad, equidad y justicia del pueblo colombiano” (A.H.B. Proposición 265, Acta 45, de julio 11 de 1947, folio 39).

 En 1947, como año electoral y para mantener la hegemonía conservadora, el gobernador designó fuerza de policía escogida, según un concejal liberal “entre conservadores de los más sectarios” y el nombramiento del alcalde recayó en Luis Escobar M., conocido como “El terror de Yolombó”. Posteriormente y ante la oposición local de los liberales, el gobernador nombró provisionalmente al teniente Gabriel Upegui Escobar.

La utilización de la fuerza policial por el gobierno nacional para dirimir los conflictos partidistas, hizo que el Concejo de mayoría liberal aprobara el Acuerdo 23 del mismo año18, que disolvía la fuerza de policía municipal, argumentando el ahorro para las finanzas del municipio y como elemento innecesario para el control público. Ante la situación, Zapata como presidente de la corporación ano taba que:

“El liberalismo debe proceder con mucho tino y con gran prudencia y que esto aconseja a sus copartidarios… que no se expongan ya que el partido conservador tiene el mando y las armas y sabe que ellas son para descargarlas sobre las masas liberales” (A.H.B. Actas del Concejo 1947, folio 155).

Tanto el Alcalde como el Gobernador desaprobaron el Acuerdo y, por tanto, fue devuelto al Concejo. El conflicto se resolvería cuando el nuevo Concejo, de mayoría conservadora y elegido en julio, anularía el acuerdo y aprobaría la instalación de la nueva fuerza de policía, dependiente del Alcalde.

El urbanizador

Zapata identificaba el progreso de Bello con el suyo propio. Fue propietario de las tierras donde urbanizó los barrios Prado, Mánchester y las Granjas (A.H.B. Urbanización de los barrios El Prado y Las Granjas. Acuerdo 32 de 1930. Acuerdo 62 de 1936. Acuerdo 9 de 1937).

Mucho antes, en 1922, con Timoteo Jaramillo, había levantado el Barrio Mánchester, legalizado por Acuerdo 31 del 15 de noviembre. Fue fundador del Barrio Pacelli, en homenaje al Papa Pío XII, donde había trazado las calles y un acueducto de “gran capacidad” y vendido varios lotes, y reportado una ganancia de 20 mil pesos.

Ya para 1947, Zapata proponía al Concejo donar los terrenos que aún faltaban para lotear el Barrio Pacelli y para hacer atractiva su propuesta, afirmaba que entregaría las calles explanadas, el plan aprobado y una compra de cinco mil pesos en tubería; por último, decía que:

“no pedía retribución a su ofrecimiento, pero que tampoco era un acto filantrópico, porque él sacaría partido de tal donación…”

Al respecto, el concejal Enrique Mora objetaría que:

 “el ofrecimiento ojalá no sea como un viejo negocio de calles bien conocido del sr. Zapata” (A.H.B., Acta 14 del 18 de diciembre de 1947, folios 148-149).

Ese “partido” era la oficialización del barrio ante el ente municipal con sus respectivas obligaciones de acceso a los servicios de luz, agua y alcantarillado, además de pavimentación y adecuación de calles y apertura de otros terrenos posibles de ser urbanizados; es decir, comercializados a los habitantes y, por ende, de mayores posibilidades de negociación y valorización de tierras. Esa actitud de agresivo urbanizador, fue una característica de su temperamento, que intentaba evadir la reglamentación municipal con el fin de sacar adelante sus proyectos.

Como fue el caso en el Barrio Prado, donde el obrero de construcción Jesús Hurtado se negaba a acatar la suspensión de cuatro edificaciones que no cumplían el Acuerdo 5 de 1940, porque Zapata le ordenaba hacer caso omiso del llamado de la Personería (A.H.B. Oficio del Personero Antonio Lotero al alcalde. Correspondencia año 1941). Igualmente, desde 1938 Zapata buscó lotear el terreno que se encontraba en la zona intermedia de los Barrios “Andalucía” y “El Prado”, y que luego tomaría el nombre de Barrio El Cóngolo:

“por el frente de occidente, con la carrera de Bolívar, por el costado norte, con pro piedades de Fabricato, Dolores Restrepo viuda de Z., etc., por el costado sur, con propiedades de Timoteo Jaramillo y otros, y con las calles de Berrío y Cisneros y con la carrera de Pichincha y por atrás u oriente, con la calle No. 2 oriente.”

El ofrecimiento tenía una supuesta ventaja: la conexión de los ser vicios públicos municipales “a precios reducidos” (A.H.B., Carta al concejo municipal, 8 de septiembre de 1938).

Zapata como miembro de la clase dirigente y política del municipio consideraban que estos proyectos urbanísticos, eran un síntoma indiscutible del beneficio y progreso de la ciudad, por que traían mejoras urbanas en la prolongación de calles y construcción de vivienda para los obreros, sin que aparentemente el municipio hiciera gasto alguno, aunque posteriormente tuviera que adecuar con alcantarillado, acueducto y energía, salud y educación a los nuevos habitantes. Estas prácticas constructoras y especulativas con el valor de la tierra son la expresión del nuevo desarrollo pre-moderno de la ciudad que sólo se romperá con las nuevas iniciativas del capital financiero y constructor del sector privado y estatal.

Finalmente, el recorrido histórico que se ha realizado por la vida de Alfonso Zapata Zapata, demuestra que, al combinar en su carrera, la política y la acción urbanística, evidencia la estrategia de varios miembros de la clase alta de la ciudad, que utilizaban su estructura de poder económico para controlar el aparato estatal, a través de agrupaciones partidistas oficiales o disidentes, y obtener así beneficios y privilegios para sus negocios.

Este aspecto hace referencia a las prácticas del clientelismo político, mecanismo que dominó el desarrollo de los partidos y el estado municipal durante gran parte del siglo XX, cuyos ecos repercuten en el presente.

Referencias

 Imbol, Carolina y Arango, Manuel. Historia del Concejo de Bello 1913-2013. Cien años de acuerdos y desacuerdos. 2013.

Pérez Zapata, Hernán y Pérez Gómez, Liliana María. Tras la huella de los Zapata, 2005.

Valencia, Nubia. La Plaza de mercado, entre la politiquería y el patrimonio popular. Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello. Año XII, No. 14, diciembre 2012, pp. 80-81.

Archivo Histórico de Bello (A.H.B.)

Periódico Acción, No. 6, Bello, diciembre 15 de 1945, dirigido por José Abel Jiménez.

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