Por Guillermo Aguirre González, sociologo.
Resumen La biblioteca pública de Bello se creó como la mayoría de ellas en Colombia. El populismo del régimen liberal de 1934 a 1938 llevó la biblioteca aldeana a muchos municipios y obligó a abrirle un local y construir estantería. En Bello se creó por acuerdo en 1935. Se olvidó, se recuperó, hasta la construcción de una sede propia en 1956. La biblioteca Pública de Bello compartió funciones con la extensión cultural, fue centro de animación social y referente del imaginario artístico e intelectual para muchos ciudadanos, a pesar de sus carencias sin fin.
Introducción
El presente artículo, se ha construido con base en la información de las actas del Concejo de Bello y algunas publicaciones periódicas desde 1935. Los datos se organizaron por temas, los mismos que corresponden a los entre títulos. La argumentación se ha manejado en términos cronológicos para facilitar la comprensión, aunque en algunos pasajes se hace sincronía para conectar varios hechos de momento. Llama la atención la posibilidad de detectar el trabajo por la cultura del municipio de cuatro generaciones, quienes comenzaron sus actividades particulares al establecer relaciones con el libro y la biblioteca y abogar por sus existencias.
El lector encontrará unos periodos claros y delimitados como la época de la cultura aldeana, la época de los productores de pequeños periódicos y grupos de debate. Otra la del lustro de la dictadura que alcanza los años setenta del siglo XX y finalmente la de los movimientos sociales, las bibliotecas comunales y los nuevos espacios para el arte, el libro y la cultura.

del ex presidente de origen bellanita. Foto José María Obando.
Una biblioteca para la aldea
La vida de los seres humanos puede transcurrir en la inmediatez. Los días y los trabajos se cumplen para mantener el cuerpo y garantizar la existencia; pero la sociedad se hace compleja y esta misma complejidad exige la construcción de dispositivos para responder a las necesidades de vestido, vivienda y salubridad. Los seres humanos ya no pueden vivir en la inmediatez, tienen que llevar una memoria de los hechos y acontecimientos para mantener esa existencia complicada. Sin esa memoria, se tendría que volver a empezar cada vez. La virtud de la memoria, cuando es escrita, se expresa en la posibilidad de servir de mecanismo de educación y desarrollo cultural de los pueblos.
La memoria escrita, para permanecer, tiene por excelencia, la forma libro. Y por convención y comodidad, se llama biblioteca a ese lugar en el que se alma cenan, compilan y clasifican los libros. Las sociedades que han logrado hacerse a una biblioteca, pública o privada, han girado alrededor de ella, ya sea para destruirla, rehacerla, controlarla, enriquecerla o declararla la alma madre del pensamiento y la acción.
En la Nueva Granada, futura Colombia, la generación de hombres y mujeres de cultura ilustrada, a finales del siglo XVIII y guiados por Francisco Moreno y Escandón, organizaron la primera biblioteca pública del país (1774), con el acervo bibliográfico del Colegio de San Bartolomé, perteneciente a la expulsada Compañía de Jesús (Espitaleta, 2007, p.160).
El orden republicano colombiano fue organizado por grupos socia les que pusieron como principio de la nacionalidad el culto personal del libro, leyéranlo o no, y lucharon contra el clero para poder expandirlo. Este proceso fue lento y trasegó el siglo XIX, mediado por la guerra y la confrontación ideológica. En los años mil novecientos, el país entró en un periodo de capitalismo industrial y exigió una mano de obra capaz de vivir en centros urbanos, con habilidades en lectoescritura, hábitos higiénicos e informados de los hechos sociales y políticos. Estas necesidades las suplieron la radio, el cine y las bibliotecas. El gobierno de corte populista y reformista entronizado en 1934, fue el que asumió las satisfacciones de esas exigencias con la pro puesta de desarrollar la cultura aldeana, es decir, se quiso poner en los pueblos de Colombia algún mecanismo de acceso a los bienes de la modernidad.
Este es el origen de la gran mayoría de las bibliotecas públicas en Colombia y, por tanto, el de la biblioteca pública del Municipio de Bello. Todo parte de la Ley 12 de 1934, la cual reorganizó el Ministerio de Educación Nacional, creó un secretario único para las cuatro secciones en que se dividió y se le dió, como una de sus funciones más importantes: dirigir el nuevo programa creado por el gobierno, llamado Campaña de Cultura Aldeana y Rural, que incluye los elementos educativos modernos, de la radiodifusión, el cinematógrafo, las bibliotecas, la designación de médicos, odontólogos y abogados, y la constitución, dotación y orientación técnica de una comisión de Cultura Aldeana y Rural, compuesta del siguiente personal:
a) Un perito en urbanismo; b) Un perito en salubridad pública; c) Un perito en Agronomía; d) Un perito en Pedagogía; e) un relator literario, perito en Sociología […] Esta comisión actuará en los Departamentos e Intendencias que constituyan a su costa comisiones seccionales, similares a ella y de ella filiales, que continúen su obra y la hagan perdurable regionalmente (Ceballos, 1990).
Respecto a los libros, la campaña tuvo el nombre genérico de Biblioteca Aldeana y la asumió la Biblioteca Nacional. A Bello llegó la directiva y el Concejo acordó el tres de marzo de 1935 proveer al distrito de una biblioteca pública de esta manera:
“ [Se] autoriza al Personero Municipal para que proceda a hacer construir un armario apropiado para la colección de libros con las instrucciones emanadas de la Biblioteca Nacional […] El Director de la escuela de varones será el Inspector de la biblio teca o bibliotecario[…] Queda el bibliotecario autorizado para prestar al público el libro o libros que desee leer, previa la consignación en calidad de depósito de la suma equivalente al valor del libro o libros, cantidad que será devuelta una vez entregados a este o estos al bibliotecario de lo cual dará aviso a la tesorería de rentas donde debe hacerse la respectiva consignación[…] Queda asimismo autorizado el Personero Municipal para que dé la partida apropiada en el renglón de compra de útiles y muebles para las escuelas del respectivo presupuesto, se haga la compra sucesiva de libros con que debe dotarse la biblioteca[…] Con las instrucciones de la Biblioteca Nacional, el bibliotecario y el Personero Municipal procederán a hacer que la organización de la Biblioteca sea una verdadera institución para lo cual darán al concejo un informe mensual de las labores llevadas a cabo en relación con la biblioteca” (Archivo Histórico de Bello, A.H.B., acuerdo No. 4 de marzo 3 de 1935).
Los olvidos iniciáticos y los primeros libros
Los informes mensuales no se leen en las actas del Concejo. Se olvidó la buena intención, por la poca familiaridad con esa institución de reciente creación. La Biblioteca Pública de Bello nace en una ciudad, con quince años de expansión de su zona urbana; esta, tuvo una forma alargada, porque el poblamiento originario se hizo en ambos lados de la calle que conectaba el puente de Acevedo con San Pedro de los Milagros, bautizada luego calle Santander. Después, se pobló el espacio entre la calle originaria y la vía de contacto del ferrocarril con la fábrica vieja, vía llamada por el sentir popular “El carretero”. El poblamiento siguió por el suroriente con el establecimiento de la Estación Bello y Fabricato. Las letras fue ron impartidas en dos escuelas urbanas, una para cada sexo. El Concejo ordenó a finales de 1916, “blanquimentarlas” para propiciar una estadía agradable a los niños y el Inspector Provincial de Instrucción Publica hace un balance de las rurales y recomienda amoblarlas pues les falta mucho para garantizar la enseñanza y el aprendizaje (A.H.B., actas del concejo No. 44 y 55 de 1916 ).
El municipio no alcanza a cubrir la población en edad escolar. La preocupa ción antes de la creación de la biblioteca pública es la construcción y ampliación de escuelas, por eso, las buenas intenciones de marzo de 1935, quedaron ahí. Esa condición de alquilar los libros con un trámite engorroso, fue en contra de facilitar el acceso a la lectura. En la ciudad de Bello muy pocos podían sacar dinero para hacer ese depósito. Según el acuerdo No. 4 de 1935, ya citado, Bello había recibido la colección “Biblioteca Aldeana” y sería puesta en la escuela de varones ubicada en el marco de la plaza. Dice Jorge Orlando Melo de la colección:
“Se compró a un editor español, Araluce, una lista básica de 100 clásicos literarios. Incluía a Homero, Shakespeare, Tolstoi, Balzac, Washington Irving y muchos más, en versiones simplificadas. Habían sido preparadas para niños, lo que se gún el director las hacía muy apropiadas para la mente campesina, que estaba al nivel de la de los niños. Además, se prepararon 100 obras de autores colombianos. Eran antologías de diferentes géneros, libros de historia y muchas de las obras del canon literario nacional del momento […] Para entonces la lista había sido adoptada por un editor privado y los libros estaban disponibles. El gobierno decidió comprar la colección, reimpresa bajo el nombre de Biblioteca Aldeana de Colombia. Se debía incluir un tercer grupo de obras, formado por manuales y folletos elementales sobre asuntos prácticos: salud, agricultura, química, dibujo, gimnasia, etc., así como un diccionario y resúmenes de historia y geografía. Entre los manuales técnicos se incluyeron libros sobre astronomía, historia griega, fisiología y geología y un tratado de economía política de W. S. Jevons. Las dificultades en la obtención de buenas y rápidas propuestas condujeron a una selección más bien idiosincrásica. Algunas bibliotecas que iban a estar en escuelas recibieron además algunos textos escolares”(Melo, 2005).

A Daniel Samper Ortega, director de la Biblioteca Nacional de 1931 a 1938, le fue encomendado coordinar el proceso de la campaña respecto al libro. En 1935 envió a los bibliotecarios de los municipios unas indicaciones de cómo organizar la biblioteca y conservarla. Les dice: Deben adoptar un reglamento que con tenga la numeración de los libros recibidos a la fecha y los próximos envíos, del número uno en adelante. Llevar un libro con los datos de cada libro, su número, nombre del autor, título, número de páginas y tamaño del libro en centímetros:
“Este catálogo debe iniciarse inmediata mente para que luego no encuentre usted dificultades, ni se vea muy recargado de trabajo, pues por ahora, cada bibliotecario recibirá 20 cartillas sobre temas distintos, además 100 obras empastadas que están para llegar del exterior y que fueron pedidas para ustedes” (Samper, 1935, p.210).
Se pide enviar el catálogo a la Biblioteca Nacional y reportar los libros que a futuro adquiera la biblioteca junto con:
“el movimiento de lectores […] e indicando cuáles obras le piden con mayor frecuencia, para obsequiarle ejemplares repetidos tan pronto como estemos en condiciones de hacerlo” (Samper, 1935, p.211).
Samper explica a los bibliotecarios la importancia de la información que debe construirse sobre la biblioteca de cada municipio, porque con ella el gobierno nacional puede medir y suplir las necesidades de los habitantes del país.
Los libros cautivos
Dentro de ese espíritu populista y reformista iniciado en 1930, se pone de moda la palabra modernismo en Colombia, además de los intentos de masificar el cine, la radio, el libro e impulsar el equipamiento urbano. En Bello, la mayoría de los concejales y los civilistas se adhieren a ese modernismo. De la época, los nombres de Hernán Villa Baena, los hermanos López de Mesa, José Abel Jiménez, Luis Montoya Cuervo y otros, están asociados a la celebración del cumpleaños de la municipalidad. En sus 25 años, Bello debía ser una “tacita de plata” y para lograrlo se sacó el merca do público de la plaza, se construyó un parque en su lugar, se proyectó un teatro para cine, se programó un carnaval y se volvió a pensar en la biblioteca (Aguirre, 2013, p.79).
Villa Baena le dijo en el Concejo al Personero:
“averigüe en poder de quien están los libros llegados al Municipio con destino a la Biblioteca Suárez, pues parece que el Dr. Daniel Samper Ortega ha enviado algunos y como aquí no existe tal institución, debe el Concejo poner a bien segu ro tales obras, para cuando se organice la biblioteca municipal” (A.H.B., actas del Concejo, 1937, No. 6).
El primero de febrero de 1938, Villa Baena con Mejía Montoya propusieron al Concejo y se aprobó la formación de una comisión para estudiar el establecimiento de la biblioteca popular (A.H.B., actas del Concejo, 1938 No. 7). Sin embargo, el concepto cambia tres años después, cuando antes se hablaba de lo público, ahora es lo popular. La biblioteca pública ponía condiciones imposibles de cumplir para la generalidad. Ahora la biblioteca popular debía estar abierta y sin restricciones, poner el libro en las manos del pueblo. Los comisionados fueron Julio Arango y Octavio Moreno y debieron presentar un proyecto de acuerdo al respecto. El tres de marzo, del mismo año, Villa Baena insiste por la biblioteca y pide un informe (A.H.B., actas del concejo, 1938). Y el 29 de abril se aprueba el acuerdo que crea la Biblioteca Popular y se manda colocar el retrato del Sr. Suárez (A.H.B., actas del concejo, 1937, No. 6).

Foto Archivo de Javier Arboleda
La Biblioteca Popular Suárez, continúa funcionando en la Escuela Urbana de Varones, en el marco del recién construido parque de Bello y en el contexto de una ciudad en transformación, pues se ha trazado y construido el barrio Andalucía alrededor de un “parquecito” circular y cobijado al norte y oriente por el “Carretero”, en el lugar donde este se quebraba y formaba un ángulo de 120 grados. Se construye años más tarde, el barrio Manchester en los alrededores de Fabricato y la estación del ferrocarril.
En ese espacio urbano habitaban 8.180 ciudadanos que observaban el empedrado de las calles y diversas construcciones, como un acueducto moderno y subterráneo, un palacio de gobierno, un mercado cubierto y un cine para ochocientas personas. La biblioteca creció y desbordó las funciones aumentadas del director de la Escuela Urbana de Varones. El Concejo en 1942, enfrenta la situación, crea la escuela nocturna y pone a su director, a su vez, como director de la biblioteca. En ese año se llama Biblioteca Aldeana Suárez y sigue funcionando en las instalaciones de la escuela. Dice el acuerdo:
“Créase la Nocturna Municipal, la cual funcionará en el local de la Escuela Urbana de Varones[…] Créase el puesto de Director de la Biblioteca Aldeana Suárez[…] La dirección de la Biblioteca será servida por el Director de la escuela Nocturna con una asignación mensual de veinte pesos ($20.00) m.l. durante los diez meses del año lectivo, y a razón de quince pesos ($15.00) mensuales durante los dos meses restantes, o sea los meses de Enero y Diciembre[…] Son deberes del Director de la Biblioteca: abrirla diariamente al público durante dos horas, de 5 a 7 p.m. y en los días feriados de 1 a 5 p.m. no permitir que del local de la biblioteca salga ninguna obra; llevar un índice preciso, de las obras que existen en la biblioteca y de todas las que lleguen posteriormente […] El nombramiento del Director de la Escuela Nocturna será hecho por la Dirección de Educación del Departamento, de terna que para el efecto enviará el Concejo […] Vótase la suma de cuarenta pesos ($40.00) m. l. para dotar la biblioteca de los muebles indispensables para empezar su funcionamiento” (A.H.B., acuerdo No. 5 de enero 28 de 1942).
Se observa aún, reserva con la circulación del libro. El director de la nocturna y de la biblioteca debe garantizar que los libros no salgan del local. Además, el 25 de febrero del mismo año, el Concejo corrige el anterior acuerdo y en vez de director de la biblioteca y de la nocturna dice créase el “Encargado de la Biblioteca Aldeana Suárez[y]será servida por el Profesor de la Escuela Nocturna” ( A.H.B., acuerdo No. 16 de febrero 25 de 1942 ).

Marco Fidel Suárez 1965.
Foto Archivo de Javier Arboleda
La verdadera universidad es una biblioteca
El libro sigue cautivo y la biblioteca divorciada del pueblo, por eso un defensor de los libros públicos, José Abel Jiménez, bajo el seudónimo de Jamel escribió en el periódico Acción:
“y que sus iniciadores iban tras el propósito de poner al servicio de la población tan envidiable obra de progreso con que ya cuentan otros municipios de menor importancia. Su formación empezó con envíos de la Biblioteca Nacional, Ministerio de Educación etc.; pero a muchos individuos que solicitaban un libro, se les contestaba que no podían prestarse. En la actualidad he oído decir que la biblioteca está desnutrida y casi desierta. ¿Cuál es la labor q’ con esta obra se ha hecho entonces? Si una biblioteca no es para que se facilite el acceso de los libros al pueblo en general y especialmente a las clases trabajadoras, ¿qué otra cosa puede esperarse de ella? Y como aquí todo se habla muy claro, yo pregunto al señor encargado de la Biblioteca Suárez, admitiendo que no hubiera tenido autorización para prestar las obras: ¿por qué varias personas han comprado a individuos particulares libros con el sello de esta biblioteca?” (Jimenez, 1945).
Los encargados de la biblioteca no cumplieron con las directrices de la Biblioteca Nacional y en cambio, los libros quedaron presos de la rapiña; esa situación fue la que obligó a quienes desde 1938 mostraron una preocupación por el libro público, Hernán Villa Baena, José Abel Jiménez y Luis Montoya Cuervo a llamar a la Dirección de Educación de Bello, encargada del control de la biblioteca, a ponerle orden “ya que nuestra educación primaria es deficientísima, no tenemos institutos obreros, ni obra alguna de cultura popular y […] debemos recordar siquiera la frase de Carlyle: “la verdadera universidad es una biblioteca” (Jimenez, octubre 6, 1945).
Sigue el periódico Acción:
“Se ha pedido al encargado de la llamada biblioteca Suárez, algunas explicaciones sobre la marcha de esta obra cultural y su estado en la actualidad”. El encargado se negó y Jamel se queja de la Dirección de Educación porque “jamás ha sabido cumplir su verdadera función: la educación del pueblo”. El director de educación no puede decir que tenemos una gran biblioteca, antes debe “iniciar una campaña” por la consecución de un espacio, “Y podría iniciarse con un renglón para este ramo en el presupuesto de 1946” (Jimenez, octubre 6, 1945).
El encargado contestó que la biblioteca es propiedad de la nación y por eso no respondió a las peticiones del periódico. Jamel se cuestionó y llevó el problema al Concejo. Este resolvió pedir al director información al respecto (Jimenez, noviembre 17, 1945).
El periódico continúo el análisis de la situación de la biblioteca. Dice:
“Pocos saben en Bello de la existencia de un embrión de biblioteca, Ya que fue en este mismo lugar donde nos encargamos de sacar al sol los apolillados libros y los polvorientos anaqueles de la llamada Biblioteca Suárez, no vamos a permitir que se escondan nueva mente, sin dejar bien clarificado el asunto; o por lo menos, que se diga mañana, hicimos cuanto correspondía a nuestra labor, así nos quedamos sin haber sido los impulsores de un provecho público, por culpa de la indolencia de otros. Nada pudo explicar el señor director de esta obra, en el Concejo, porque no se le prestó atención. Posteriormente nos explicaba él mismo que la única causa para que la Biblioteca no se encontrara a la luz pública, era la falta de local, de armarios y útiles necesarios que el Municipio no había querido proporcionar. De manera, pues, que, aunque la obra tiene carácter Nacional, el Gobierno central solo ha enviado unos cuantos libros y folletos; pero no suministra un armario ni útiles necesarios, ni local, ni paga a un empleado que la maneje. Es inexplicable que la Nación haya hecho esta creación para dejarla abandonada y no permitir tampoco que nadie ponga manos en ella para su mejoramiento […] solicitamos la amabilidad del Sr. Director […] para que nos desate la enredada situación de esta obra que es de legítimo interés público; pero nos atrevemos a anticipar: la Biblioteca Suárez no tiene por qué figurar con carácter nacional; lo único que allí puede mirarse como tal es la pequeña Biblioteca Aldeana y la colección infantil Araluce que la Nación envía a todas las escuelas del país y es en ese lugar donde debería estar. Las demás obras han sido enviadas por entidades o personas particulares y países vecinos como Venezuela” (Jimenez, diciembre 15, 1945).


La biblioteca tiene quien le escriba
Desde la creación de la biblioteca y las directrices de Daniel Samper Ortega, el municipio de Bello esperó que el Gobierno Nacional enviase libros, dotación y dinero para el pago de local y bibliotecario. Como esto no ocurrió la Biblioteca Aldeana Suárez, nunca funcionó. Se quiso cargar la responsabilidad a la nación y ocultar tras ella toda una concepción local sobre el libro y la biblioteca.
Es una concepción no manifiesta; pero la actitud la muestra. Jamel termina su campaña de denuncia y reivindicación de la biblioteca Suárez, absuelve al encargado y culpa al Concejo; dice:
“la biblioteca ha sido cuidada y aumentada por el director, por eso debe ser pública y municipal “ya habíamos sugerido al H. Concejo […] que en lugar de tantos empleos y erogaciones inútiles, debe asignar una partida para el funcionamiento de esta Biblioteca y para su acrecentamiento continuo” (Jimenez, diciembre, 1945).
En el Bello de los años cuarenta, se puede ver la existencia de un sector de la sociedad convencido de la necesidad de trabajar por la cultura. Se publicaron periódicos como El Avispón Verde, dirigido por los señores Hernán Villa Baena y Luís Montoya Cuervo (Botero, 1990, p.206); el Periódico Acción dirigido por José Abel Jiménez y la publicación Brisas del Aula, de la que se dice ser “una revista de excelente edición y selecto material, del Colegio de la Presentación de Bello” (Jimenez, octubre 6, 1945).
Los grupos adoptaron en general el nombre de centro como concepto referido a la acción social o comunal. Se encuentran Centros Cívicos en los barrios y en el activismo cultural. En esos años existió el Centro Fernando Vélez:

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“Tal vez la única institución en su clase de la que Bello ha podido sentirse orgulloso, organizó un sencillo festejo del 12 de octubre [de 1944]que, sin embargo no dejó que desear dentro de la exigua suma aportada por el municipio” (Jimenez, octubre 6, 1945).
Después de la fiesta cívica del 20 de julio, la más importante a nivel local fue la fiesta del 12 de octubre; luego de 1955 (centenario de M.F. Suárez), lo fue el día del idioma el 23 de abril. Esto se infiere por la observación y queja del columnista del periódico Acción. Dice que ese año de 1945 no será mejor [el 12 de octubre] por falta de presupuesto y de cumplimiento con el deber de esta tierra de renacimiento, como consecuencia de la decadencia y destrucción de Europa (Jimenez, octubre 6, 1945).
Los impresos estuvieron al lado de la radio. “La Voz de Bello”, emisora con espacios culturales, tuvo un programa llamado “Selección Musical” a las ocho y treinta de la noche. A la fecha se invita a escuchar las oberturas “Italianos de Argel” y de la ópera El barbero de Sevilla de Rossini; “Danza macabra” de Saint-Saens; “Miserere” de Verdi; […] “Las alegres comadres de Windsor” de Nicolai; selección de la ópera “Rigoletto” de Verdi; trozos de óperas y comentarios musicales” (Jimenez, noviembre 17, 1945).
Iniciativa privada: El Centro Cultural Marco Fidel Suárez
La emisora La voz de Bello creada en los años cuarenta, permitió a un grupo de jóvenes, desde finales de la década, recoger la bandera de la biblioteca pública. Fieles a la forma organizativa de entonces, crearon el Centro Cultural Marco Fidel Suárez en 1949. Entre ellos: Delimiro Moreno Calderón, estudiante; Miguel Ángel Díaz García, maestro de escuela y conservador; Luis Mejía, funcionario de Cine Colombia; Rafael Castaño Franco, secretario del Consejo de Administración de Bello desde 1953; Abel Álvarez Muñoz, trabajador conservador de Tejicóndor; José Benjumea, empleado; Abelardo Ospina López, estudiante liberal; Israel Escobar, estudiante; Los Velásquez, estudiantes; Ramiro Jaramillo Betancur, obrero pro-comunista de Coltejer; Héctor, “el cojo” Gómez Gallego, estudiante liberal [y] Germán Orrego, sensible poeta conservador (Moreno, 2013).
El Concejo dio la bienvenida en 1950 y les presentó:
“Un saludo muy atento al Centro Cultural “Don Mar co Fidel Suárez” entidad esta reciente mente organizada que solo tiene por fin propender por el progreso moral y mate rial de esta ciudad” (A.H.B., actas del concejo, No.1, 1949).
El Centro “se reunía en la casa paterna de Abel Álvarez, donde se fundó y sesionó muchos meses […] Luego, cuando se nos entregó la Choza de Suárez para su mantenimiento, ésta y el salón de frescos de Gabriel Estrada […] frente a la choza cuando aún no había sido construido el monumento que hoy la alberga, y donde atendíamos a visitantes ilustres de la chocita” (Moreno, 2013).
Por su intensa actividad y reconocimiento el Concejo de Bello les dio en administración la Choza de Marco Fidel Suárez, la biblioteca y los dotó de un presupuesto de $125.00 mensuales. La biblioteca salió de la Escuela de Varones y fue ubicada en un local alquilado. En el orden del día de las reuniones semanales del Centro se incluía por obligación un informe sobre el estado del monumento.
Dice Delimiro Moreno:
“Luego del debate literario se abría “un espacio para tratar sobre tareas prácticas […] el cuidado de la choza y su jardín, la biblioteca, el periódico Ideas, los contactos con otros centros como el Porfirio Barba Jacob de Medellín, y el Centro de Historia de Envigado” (Moreno, 2013).
En las reuniones tuvieron algunas veces la visita del nadaista Gonzalo Arango, el difusor de psicoanálisis Estanislao Zuleta y Bernardo Blair Gutiérrez, director de la biblioteca Santander de Medellín (Moreno, 2013).
Los $125.00 pesos no alcanzaban para el pago de local de la Biblioteca, un funcionario y el sostenimiento de la Choza. La bibliotecaria Marta Montoya dice:
“A la fecha 9 de octubre de 1954 cumple 5 años de funciones [El Centro] y la biblioteca 3 años de fundada, para que el Centro subsista es indispensable la Biblioteca. Cuando se carecía de ella, el Centro efectuaba sus reuniones en la Choza o en casa de un miembro y con menos frecuencia por el ambiente inseguro e impropio. Se necesita ahora un local propio o más amplio. El Municipio con solo $125 pesos para local y empleado, apenas si intenta ayudar. Se precisa un auxilio siquiera para pagar un sueldo” (A.H.B. Papeles varios. Boletín Bibliográfico. Órgano oficial de la “Biblioteca M.F. Suárez. No.3, octubre 9 de 1954, dirige Marta M. Montoya).

La aldeana olvidada
Según el Boletín Bibliográfico, la biblioteca la fundó el Centro Marco Fidel Suárez y la documentación que ha producido el Centro y otros sobre él, lo dan, por cierto; pero si se tiene en cuenta la información conseguida para este artículo, el Centro recibió la biblioteca con una historia iniciada en 1935. El Concejo de Bello lo tenía presente. Cuando el Municipio compró Los Sueños de Luciano Pulgar en julio de 1950, resolvió destinar:
“la suma necesaria [de los fondos de la biblioteca] para adquirir las ediciones de Los Sueños de Luciano Pulgar (Marco Fi del Suárez). Una con destino a la Biblioteca Aldeana Marco F. Suárez, y la otra a la biblioteca del corregimiento de Fontidueño” (A.H.B., actas del concejo, No. 10 julio 17 de 1950 ).
Los jóvenes que relevaron a la generación de los cuarenta, se acercaron a la filosofía, la política y el arte desde el existencialismo, el marxismo y el psicoanálisis. Ese bagaje los llevó a creer que partían la historia en antes y después de ellos. La biblioteca en Bello comenzó a existir con ellos y se lee en más de un documento: “la Biblioteca del Centro Marco Fidel Suárez” (Moreno, 2013).
En el 2005, una publicación dice:
“Es así como La biblioteca “Marco Fidel Suárez”, abrió oficialmente sus puertas al público el 12 de octubre de 1951, “en un modesto local de la calle Santander” [propiedad] de la Institutora María Díaz” (Restrepo, 2005).
Rafael Castaño, integrante del Centro y secretario del Concejo en 1953, cuando la dictadura cierra estas instituciones, trasladó la biblioteca al palacio Municipal en el recinto del Concejo.
Dice Edgar Restrepo:
“Este [Rafael Castaño] aprovechó el periodo de recesión de actividades del Concejo, para solicitar el espacio para la biblioteca, enriquecida con un aporte esencial en mobiliario, estanterías y libros de la biblioteca nacional” (Restrepo, 2005).
La biblioteca del Centro Marco Fidel Suárez es la misma creada en 1935, encomendada a ese grupo de jóvenes emprendedores, quienes aumentaron el número de libros y la hicieron realmente pública. Después de 16 años del arribo del libro público al Municipio de Bello, el ciudadano común pudo tenerlo en su casa, aunque los interesados fueron pocos.
Dice la directora:
“Durante el pasado mes de septiembre [1954] hubo en la Biblioteca un total de 320 lectores. Se prestaron 32 obras para leer fuera de la Biblioteca” (A.H.B. Papeles varios. Boletín Bibliográfico. Órgano oficial de la “Biblioteca M.F. Suárez. No.3, octubre 9 de 1954, dirige Marta M. Montoya).
Monumento, choza y biblioteca
El Centro Cívico MFS, desde el traslado de la biblioteca al Concejo, inicia una campaña por conseguirle una sede propia. Se aprovechó la coyuntura de la propuesta de celebrar el centenario del nacimiento de Marco Fidel Suárez. Desde julio de 1954 se proyectó hacer un monumento para guardar la choza de Suárez. La calle angosta en la que estaba ubicada, se abriría para hacerla circular alrededor del monumento. Los predios necesarios fueron expropiados con indemnización y los costos del monumento los asumió Fabricato. En la celebración del centenario estaba incluida la inauguración de la biblioteca. El 23 de abril de 1955 se inauguraría.
El Consejo de Administración, destinó un presupuesto para esas efemérides y creó una Junta Procentenario. La Sociedad Histórica organizada y dirigida por Montoya Cuervo y el Centro Cultural Marco Fidel Suárez propusieron dividir el presupuesto entre los tres porque cada uno tenía actividades para desarrollar. Rafael Castaño se opuso, llamó a trabajar unidos y centralizar todo en la Junta, escribió en el acta:
“La Sociedad Histórica ha dicho que trabajará por traer los restos del Señor Suárez como iniciativa principal para el Centenario, y el Centro Cultural tiene proyectada exposición artística, feria del libro, ciclo de conferencias, inauguración de la Biblioteca, conciertos musicales, etc. pero no obstante el mismo Centro ha creído necesaria y conveniente la unificación de todas estas iniciativas en la Junta del Centenario. Aparte de esto si se divide el auxilio se tendría que auxiliar igualmente otra cantidad de entidades que vienen preparando actos para el Centenario, como los Centros Cívicos y la Cátedra Suárez del Instituto Cayzedo. De tal manera que este problema se obviaría concediendo un solo auxilio a la Junta y que esta trate de financiar todas las demás iniciativas de las otras corporaciones que le sea posible (A.H.B., actas del consejo administrativo No.14, enero 5 de 1955).
Otro consejero, Jesús M. Duque, se refirió a la biblioteca para poner en duda la necesidad de ella y del bibliotecario. Dijo que esos $ 250.00 mensuales de sueldo y mantenimiento de la biblioteca se debían invertir en otra cosa y “pide se le expliquen cuáles son las funciones de este empleado. El Sr. Presidente [del consejo] dice que sí es justificable desde el momento que sea una biblioteca de buenas proporciones por su número de volúmenes y concurrencia de lectores” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.14, enero 5 de 1955).
Rafael Castaño, secretario del Consejo Administrativo, integrante del Centro Cultural Marco Fidel Suárez y guardián incansable de la biblioteca, solidificó sus tres intereses en uno, escribió:
“El suscrito secretario [dio]algunos detalles de la efectividad de los servicios que actual mente se prestan en la biblioteca, a pesar de funcionar en un local anticuado, y con un empleado pésimamente mal remunerado” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.14, enero 5 de 1955).
Otro consejero, Cárdenas, dice que para evitar problemas en el Centenario, se debiera nombrar otra Junta. El secretario Castaño responde: esta viene trabajando desde hace tiempo y no estaría bien pagarle con la destitución.
“Si lo que quiere el H. C. Cárdenas es una representación de las entidades, en la actualidad existe de manera efectiva esa representación, ya que por parte del H. C. está el Señor Presidente y el secretario, por parte de la Sociedad Histórica está don Hernán Escobar E. y por parte del Centro Cultural Suárez también el suscrito secretario. Si lo que se busca es dar una más amplia representación, inclusive a los Centros Cívicos, actualmente hay tres renuncias para reintegrar la junta, y se puede sugerir al señor alcalde que al hacer esa reintegración se tenga en cuenta este deseo del Consejo” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.14, enero 5 de 1955).
El monumento se inauguró el 23 de abril de 1955, en un acto solemne y se dejó memoria en unas fotografías panorámicas de José María Obando. La biblioteca no se construyó. Delimiro Moreno escribió al Consejo como director de la Biblioteca Seccional “Marco Fidel Suárez”. Dice que ejerce ad honorem el cargo de bibliotecario y hace varios meses no se le paga. Propone que el dinero que el Consejo destina para el pago del empleado de la biblioteca se aumente y “se asigne más bien al sostenimiento de la Biblioteca, a fin de cubrir urgentes necesidades y poder desarrollar una labor de efectivo beneficio para la cultura del pueblo” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.36, mayo 25 de 1955).
El consejero Argemiro Jaramillo dice que se debe hacer de la biblioteca una entidad actuante al servicio de la cultura. El Consejo debe atender la petición y “además [dice] tiene conocimiento de que el actual empleado no se le ha hecho nombramiento y viene prestando eficientemente sus servicios desde hace dos meses sin percibir un solo centavo” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.36, mayo 25 de 1955).
Rafael Castaño intervino, dijo que el local que la biblioteca ocupa en el Palacio Municipal es inadecuado y mal ubicado. El presidente, Jesús M. Benjumea, llamó al Consejo a no ocuparse del local de la biblioteca:
“Ni pensar en alquilar […] ya que el edificio se construirá dentro poco, pues se encuentran listos los planos y aun la financiación. En cuanto al oficio debe pasar a la comisión de educación para que estudie sobre el terreno las necesidades de la Biblioteca y proponga la solución del caso al H. Consejo” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.37, mayo 26 de 1955).
En la sesión del siguiente día, informó que se había entrevistado con el Gerente del Banco de la República, respecto a la promesa que hizo en el acto del centenario, de donar $50.000.00 para Bello. El presidente le dijo al gerente que se tenían los planos de la biblioteca elaborados por el doctor Blodek [Federico Blodek Fischer, austriaco], se los pasaría para ser presentados ante la junta directiva del banco y lograr dedicar los dineros prometidos a la construcción de la biblioteca(A.H.B., actas del consejo administrativo No.37, mayo 26 de 1955).
El Centro Cultural “Marco Fidel Suárez” envió un oficio al concejo en el que in formó sobre “la marcha de la Biblioteca, comunica los proyectos a desarrollar en esta entidad en el próximo año, y presenta el presupuesto necesario para esta labor” (A.H.B., actas del consejo administrativo No.73, diciembre 9 de 1955). El concejo resolvió ocuparse de lo referente a la biblioteca cuando se tenga terminada la construcción. Jesús Benjumea como presidente del Concejo, resalta las labores administrativas, entre ellas:
“La pronta iniciación del edificio para la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez. Esta se hará con los cincuenta mil pesos donados por el Banco de la República, y con dicha entidad se han agotado todos los recursos para activar su pronta realización. Primero fue la contratación de planos, luego la asesoría técnica mundial de la Unesco para proyectar un edificio moderno, más adelante los trámites de la Junta Directiva del banco, y por último parece que ya aprobados los proyectos y el presupuesto se va a firmar el respectivo contrato, para dar de inmediato principio a la obra” (A.H.B., actas del consejo administrativo No. 83, abril 3 de 1955).
Se terminó la construcción de la biblioteca a finales de 1956. El Centro Cultural “Marco Fidel Suárez” recibió un auxilio extraordinario, para “los procesos de organización técnica [de la] Biblioteca Suárez, en su nuevo edificio, y para los gastos de inauguración. En consideración el H. C. Jiménez manifiesta que dicho auxilio se concede “hasta la suma de $3.500.00” pesos, por cuanto puede gastarse menos y entonces no hay necesidad de cobrar todo el auxilio” (A.H.B., actas del consejo administrativo No. 107, noviembre 8 de 1955).
En el presupuesto de 1947 se incluyó una partida de $250.00 mensuales para la biblioteca. La petición y sustentación la hizo por escrito Delimiro Moreno (A.H.B., actas del consejo administrativo No. 10, enero 4 de 1957).
La dictadura en la Biblioteca
Se esperaba la inauguración de la biblioteca, con la programación cultural elaborada por el Centro; pero el miembro del Centro Marco Fidel Suárez, Rafael Castaño, quien fuera el secretario del Consejo de Administración desde 1953, fue reemplazado por Bernardo Osorio Arismendi. Este a través del consejero Blas Estrada solicita una beca en el Instituto de Bellas Artes para Hernando Osorio, familiar suyo. Se le pide al Centro que pague la beca con los dineros que se le han asignado para la inauguración. Este incidente quebró la inauguración planeada de contenido cultural y se hizo con un acto de respaldo a la dictadura y lanzamiento del general Rojas para un próximo periodo presidencial. El nuevo secretario suscribió un acta especial de ese evento:
“Acta especial. El día diez y seis de ene ro de mil novecientos cincuenta y siete, siendo la una y media de la tarde, en el salón de actos de la Biblioteca Marco Fi del Suárez, en Bello, Antioquia, Colombia, en un acto de adhesión y respaldo al Gobierno de las Fuerzas Armadas, se reunieron los Consejos Administrativos de Bello, Copacabana, Zaragoza, Gómez Plata, San Pedro, Amalfi, Barbosa, corporaciones que venían presididas por los respectivos alcaldes. Se dio comienzo a la sesión bajo la presidencia de don Octavio Álvarez Arango, alcalde de Bello; como secretario actuó el del Consejo Administrativo del mismo municipio. [Inició la sesión José Quintero Salazar, organizador del evento; elogió] “al Municipio de Bello, a los laboriosos ciudadanos de su conglomerado, a su feraz tierra y a los hombres ilustres que la han engrandecido naciendo en ella; dijo bellas frases del Cervantes Americano, del cual afirmó: “Don Marco Fidel Suárez, como los dioses, escogió exquisito el Olimpo bellanita para nacer” (A.H.B., actas del consejo administrativo, acta especial, enero 16 de 1957).
En los 60.000 habitantes de Bello, entró como referente cultural la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez, como ese espacio visible, abierto y ubicado en el lugar de la memoria cultural. La salud, la cultura y la historia se ubicaron en tres edificaciones contiguas, alrededor de una plazoleta dedicada a Andrés Bello y que ya contaba con un busto en bronce del gramático, donado e instalado por una delegación venezolana en 1954.
De las edificaciones, dos fueron diseñadas y levantadas por la compañía Arquitectura y Construcciones Ltda. del ingeniero Tulio Ospina Pérez: El Monumento Choza Marco Fidel Suárez y la Biblioteca Pública. Los diseños fueron del arquitecto austriaco Federico Blodek Fischer, al servicio de la firma, autor además del edificio Fabricato en Medellín. En la historia de la arquitectura del país aparecen sus obras incluidas en la primera modernidad colombiana.
El libro público y las actividades en torno a él, se ubicaron en el tiempo y en el espacio. El salón de eventos animó y potenció la actividad cultural a pesar de haberlo inaugurado los intereses de la dictadura. Al director de la biblioteca, se le encomendó además la extensión cultural del Municipio. Después de la caída de la dictadura de Rojas, el viejo Concejal Hernán Villa Baena propone regular lo referente al recurso humano:
“El nombramiento y remoción del Director de la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez [dice] estará a cargo del Concejo Municipal, el cual también reglamentará sus funciones. […] El nombramiento del personal subalterno de la Biblioteca estará a cargo del Director de la misma, quien reglamentará sus funciones” (Acuerdo No. 1, noviembre 7 de 1958).
Una fuente de animación
Hubo animación cultural con varios hechos y propuestas. A la concejal Ma ría Díaz se le encomienda estudiar “la asistencia de estudiantes a la Biblioteca Marco Fidel Suárez con el fin de adjudicar la Beca Marco Fidel Suárez a quien compute mayor tiempo de estudio” (A.H.B. Actas del Concejo, noviembre 1 de 1958). El ciudadano Luis Guillermo Velásquez propone la fundación de una empresa editorial y tipográfica, en forma de sociedad anónima o limitada “de la cual el Municipio sería de los principales accionistas, lo cual daría margen a la fundación de un periódico y de otras publicaciones oficiales” (A.H.B., actas del concejo de administración No. 83, abril 3 de 1956). El hermano Salomón, rector del Instituto Manuel José Cayzedo pidió ayuda para montar una emisora. Dijo en el concejo que la Radiodifusora Nacional le donó unos equipos y envió un técnico para estudiar su instalación; es “otra escala de progreso notable [para el] municipio, ya que la emisora estará al servicio de las autoridades, civil y eclesiástica para la debida orientación en sus labores” (A.H.B., actas del concejo de administración No. 59, septiembre 12 de 1956). La animación cultural de los años cincuenta impulsó a los cineastas a hacer su aporte. Dice el acta: Arturo Sanín Restrepo y Enoc Roldán, pidieron un aporte y se aprobó:
“Para la elaboración de un documental cinematográfico relacionado con la vida del Dr. Marco Fidel Suárez, eminente repúblico y humanista, preclaro hijo de esta tierra a la que por trascendentes motivos estamos igualmente vincula dos. La finalidad que los peticionarios se proponen no puede pasar inadvertida para esta corporación a la que de manera directa toca enaltecer, por todos los medios a su alcance, la ilustre memoria del varón epónimo. Las dotes ya sobradamente reconocidas de la casa Error Films en estas materias son perfecta garantía de que la labor que se propone tendrá cumplido éxito, lo que determina que esta corporación atienda a tan justa solicitud” (A.H.B., actas del concejo No. 21, enero de 1959).
Cambio de frentes en la biblioteca y la cultura
El Frente Nacional se expresó en los asuntos internos de la biblioteca: “El Concejo Municipal de Bello, en desarrollo de los principios legales imperantes sobre la participación paritaria de los partidos políticos en el poder público, acuerda la siguiente distribución de los cargos oficiales en la administración del distrito: Liberales: tesorero, jefe de Valorización, director de Higiene, subsecretario del concejo. Conservadores: Personero Municipal, secretario del Concejo, Almacenista, Bibliotecario” (A.H.B., actas del concejo No. 11, diciembre 4 de 1958). Al día siguiente se nombró a Horacio Uribe Bolívar “para desempeñar las funciones de jefe de Biblioteca” (A.H.B., actas del concejo No. 12, diciembre 10 de 1958).
Los bibliotecarios encargados de dirigir la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez, bajo la milimétrica frentenacionalista comenzaron a sucederse. Conrado Lopera que se posesionó el 24 de febrero de 1961, informa lo siguiente sobre el año 1962: Lectores 1.040. Obras consultadas das 760. Conferencias 6. Conferencias en la Escuela Marco Fidel 2. Exposiciones de pintura 1. Boletín Cultural No.3. Concierto de la banda Departamental 1. “Se han creado puestos fijos de la biblioteca, con un total de 300 obras en los barrios Tierradentro, Zamora, en la Cárcel Municipal, Barrio Sta. Ana”. Clases de dibujo de tres horas a la semana con la “Señorita Lola Vélez”. Clases de música de 2 horas semanales. Conciertos de música clásica todos los días de 6 a 7 p.m (A.H.B., papeles varios. Comunicación de Conrado Lopera Gallego director Biblioteca Pública de Bello Marco Fidel Suárez, para Señor presidente y demás H. concejales).
El bibliotecario saliente Francisco Ta mayo G. entrega un inventario al bibliotecario encargado doctor Jairo Henao Vélez así: libros de referencia 3.119 ejemplares. Obras de la biblioteca del Padre Jaramillo 378. Libros agregados a la colección 57. Libros para jóvenes y en referencia 509, entre ellos Las mil y una noches, Don Quijote, Ben Hur, Aventuras de Tom Sawyer (A.H.B., Libro de inventarios, 1963).
El Concejo acuerda en septiembre de 1964:
“Encargase de la Dirección de la Biblioteca “Marco Fidel Suárez” al señor rector del Liceo “Fernando Vélez” [Guillermo Sierra] hasta tanto el Con cejo disponga lo contrario”. Presidente José Abel Jiménez. Secretario Alberto Uribe (A.H.B., acuerdo No.11, septiembre 10 de 1964).
Guillermo Sierra le entrega al periodista Juan Roca Lemus, “Rubayata”. En el periódico El Colombiano se dice:
“Rubayata ha cumplido una labor laudable como jefe de extensión cultural de Bello. En la Biblioteca Marco Fidel Suárez se han realizado obras dignas de todo encomio, entre ellas una serie de conferencias dictadas por insignes personajes, recitales, veladas culturales y exposiciones pictóricas” (Casillero de letras. https://www.elcolombiano.com/blogs/casillerodeletras/)
Rafael Castaño vuelve en marzo de 1969 como director y jefe de Extensión Cultural Municipal; manifestó al periódico La Cordillera:
“Estamos agotando todos los recursos necesarios para lograr el tan necesitado ensanche que exige el actual local de la biblioteca. Esta ampliación se obtendrá, construyendo un segundo piso para dividirlo en salón de conferencias, sala de consultas y tareas escolares. Se está buscando dicha ayuda, con el Banco de la República […] actualmente se están haciendo algunas modificaciones dentro del establecimiento cultural, en vía de una mayor y mejor organización” (Periódico La Cordillera. No. 20. Bello, marzo 22 de 1969).
Las necesidades culturales de los 121.000 habitantes crecieron hasta el punto de desbordar la oferta oficial. La Fábrica de Tejidos del Hato, entró de nuevo a marcar un hito como lo hizo en 1955. Creó la Corporación Fabricato para el Desarrollo Social, al final de la década de los sesenta. Sirvió cursos de pin tura, música, mantuvo una estudiantina y unas danzas folclóricas de renombre nacional.
Los jóvenes universitarios se organizaron, tomaron como sede la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez en sus inicios y luego montaron una sede amplia en la cual desarrollaron una actividad cultural para toda la ciudadanía. Dice el Periódico La cordillera:
“La asociación de Universitarios de Bello (ASUBE), está celebrando en la semana que termina sus dos primeros años de fundación. Para festejar tan grata efemérides, las directivas de la institución organizaron un magnífico programa […] desde el sábado 15 y que termina mañana”. Se llamó “Semana Cívico Cultural” con ex posiciones de arte, torneos de ajedrez y conferencias (“ASUBE” Celebra sus dos años. La Cordillera. No. 20. Bello, marzo 22 de 1969).
Libros públicos para las comunidades
Otras mujeres y otros hombres crecieron con idearios afines a la expansión y democratización de la cultura. Jóvenes habitantes de una ciudad en acelerada expansión de su territorio urbano y explosión demográfica. Los imaginarios izquierdistas de la década de los setenta se cambiaron por otros de contenido participativo en la vida social y política. La fiesta, la recreación y el libro, se llevaron a los barrios, se descentralizaron. El fenómeno cultural se llamó “Movimientos Sociales”. Comenzó a actuar el Movimiento Fogatero, el Movimiento Recreativo, grupos de pintores y musicales.
Respecto al libro, la aspiración tuvo eco en la administración municipal y se organizó por acuerdo, el programa de Biblio tecas Comunales cuyo objetivo fue crear la Biblioteca Pública en los barrios:
“[…] Con el fin de promover el desarrollo de los valores culturales y artísticos, fomentar y facilitar la difusión de la cultura y el arte y mejorar los medios de instrucción de los habitantes de Bello, establécese el programa oficial denominado “Bibliotecas Comunales”, el cual será desarrollado por el Departamento de Extensión Cultural y Biblioteca [quien] conjuntamente con las Juntas de Acción Comunal, promoverá, auspiciará y fomentará la creación y funcionamiento de las bibliotecas públicas en los barrios del Municipio. […] Para garantizar el cumplimiento de los objetivos del presente Acuerdo, el Departamento de Extensión Cultural y Biblioteca, pro curará colaborar en la construcción y dotación de las bibliotecas comunales en los barrios. Así mismo, promoverá los seminarios y cursillos de preparación del personal de las bibliotecas. También impulsará periódicamente la celebración de actos culturales en esos centros y los auxiliará con servicios técnicos. […] Los gastos que demande el cumplimiento del presente acuerdo, se imputarán al artículo 2341-0225 Programas Culturales del Fondo de Educación Extensión Cultural, durante la vigencia presupuestal. […] Dentro del presupuesto para cada vigencia, créase un nuevo renglón denominado “Bibliotecas comunales” con una partida de Trescientos mil pesos ($300.000) m.l. […]. Autorizase al Alcalde para efectuar las operaciones presupuestales que fueren necesarias. Artículo 8º. Este Acuerdo rige a partir de la fecha de su sanción legal” (Acuerdo No. 22, mayo 2 de 1983. En: Crónica Municipal No. 2 Bello 1984).
A las bibliotecas comunales se les dotó de una bibliotecaria, muebles y libros (Se hizo una compra muy importante dice la exbibliotecaria Elvia Piedrahita, entrevista noviembre 14 del 2014. Periódico La Región. No. 33. Bello. Julio de 1988, p. 5)
El mandato del acuerdo sobre construcción no se cumplió, porque se aceptó la comodidad de poner a funcionar la tecas comunales.
La administración se biblioteca en las sedes de las acciones comunales que han tenido un carácter privado y por tal el Estado municipio no puede invertir en ellas dineros públicos. Esta situación ha generado muchos conflictos que han dejado como consecuencia un servicio ineficiente en la mayoría de las bibliotecas comunales. Algunas de ellas sí cumplieron con el objetivo de promover el desarrollo de los valores culturales, artísticos y la difusión del libro, como las bibliotecas del barrio el Rosario, barrio El Carmelo y Niquía Chiquinquirá, porque tuvieron la compañía de una comunidad movilizada y centrada en torno a la biblioteca. La administración desde finales de los años setenta unió la biblioteca al servicio de extensión cultural y ambos bajo la Dirección o el Departamento o Secretaría de Educación. En el acuerdo antes citado se habla del Departamento de Extensión Cultural y Biblioteca. En el Periódico La Región de julio de 1988 se registra la salida del director y lo que deja tras 6 años:
“Se retira al director de Extensión Cultural de Bello, Omar Augusto González. Ocupó el cargo desde 1982 hasta la fecha. Hizo el siguiente balance: En 1982 [en la biblioteca] solo existían 3.000 libros. En 1953 se reportaron 14.000. Hoy en 1988 existen 12.000 volúmenes. Se proyecta la sistematización. En 1984 se cursó acuerdo municipal para crear 15 biblio encargó de dotarlas de estanterías y má quinas de escribir. “Las acciones comunales acondicionaban los locales”. Las primeras: El Rosario, Tierradentro, San Félix, Niquía Chiquinquirá, Niquía parte baja, Acevedo, la Gabriela, Santa Rita, París, Santa Ana, Carmelo y Bellavista. Organizó la Asociación de Artesanos de Bello, con los hermanos Escobar Barrientos. Organizó una feria artesanal cada 4 meses. Promovió la ayuda a músicos y pintores, el rescate de la identidad be llanita. Mantuvo abierta la casa de la cultura y el teatro municipal. Mantuvo la Fiesta de la Antioqueñidad y el reinado comunal” (Periódico La Región. No. 33. Bello. Julio de 1988, p. 5).
Estas acciones se ejercían desde la sede de la Biblioteca Pública Marco Fi del Suárez. Ahí estuvo el despacho del Departamento de Extensión Cultural y Biblioteca. La Casa de la Cultura, fue unas veces solo nombre, otras ocuparon espacios caídos por azar. Primero fue la iglesia de Hato Viejo (la iglesia vieja); se cerró para la cultura con argumentos clericales y antisubversivos. El lugar se alquiló para una fábrica de baldosas. Luego la casa de la Cultura se ubicó en el teatro Bello, instalaciones que la iglesia vendió al municipio (ese pudo ser el Teatro Municipal). No se quiso sostener económicamente y se convirtió en un depósito de desechos de la administración.
El movimiento social de Bello, que tenía como objetivo la lucha por la promoción y democratización de los servicios culturales, emprendió desde 1990 una campaña por “Espacios para la Cultura”. Los 350.000 habitantes necesitaban una casa de la Cultura y una biblioteca para tanta gente. El objetivo unió la diversidad. La propuesta tuvo eco en la administración. Se compraron unos terrenos en el antiguo calvario, sobre ellos se construyó la Casa de la Cultura Cerro del Ángel. Luego, por el mismo clamor, la biblioteca que construyó el Banco de la República en 1956, se demolió, se compraron terrenos aledaños y se levantó un bello edificio sobre una planta de 1800 metros cuadrados, con cuatro pisos.
La casa de la cultura se inauguró en 1994, la biblioteca en 1997. Extensión cultural se extinguió y la casa de la Cultura Cerro del Ángel se encargó del desarrollo cultural de la ciudad. La biblioteca Pública Marco Fidel Suárez, se ha sistematizado y entrado en red con otras 45 bibliotecas de la región, pero sigue esperando presupuesto adecuado y la promoción del libro y la escritura como la voluntad política de la administración.
Hoy ingresan a las instalaciones 94.678 usuarios en el año, para utilizar el auditorio en diversos eventos culturales y muchos de esos usuarios visitan los 42.285 documentos (libros, audiovisuales, recursos digitales, publicaciones seriadas, otros formatos) disponibles.
Epílogo
No todas las ciudades pasan de pequeños poblados a grandes asentamientos. Para que ocurra esto último, es necesario que en su territorio se establezcan centros de producción de alcance nacional. Le ocurrió al Municipio de Bello con el montaje a comienzo del siglo XX de la industria textil y los talleres centrales del ferrocarril. Estas atracciones generaron un poblamiento sostenido y la aparición de necesidades crecientes de acceso a los bienes de la cultura. Uno de ellos es el libro público. Cuando aparece en Bello la propuesta de crear La biblioteca pública, fue recibida con una aceptación de obviedad. Hasta 1956 se le trató como mendiga y se debió recomenzar el debate sobre su papel fundamental en el desarrollo cultural del pueblo. Con unas instalaciones construidas por un arquitecto de talla internacional -Federico Blodek Fischer- se mantuvo en el tiempo, abierta y albergando todas las expresiones culturales, incluido el proselitismo político. Esta construcción entró en obsolescencia en los años noventa del siglo XX y debió dar paso a unas instalaciones mejores, para poner el libro en las manos de los ciudadanos interesados. La biblioteca pública de Bello con 79 años de existencia sigue con las carencias de siempre: falta de re cursos, de dolientes y sus instalaciones utilizadas para actividades distintas a su objeto.
El propósito de establecer la biblioteca pública en el municipio de Bello data desde 1935. Fue intención, salvo en épocas de madurez de generaciones cultas y dolientes de la ausencia del libro público en la ciudad. La generación que maduró en 1938 exigió la biblioteca pública; la de 1945 buscó la biblioteca creada pero oculta. Los jóvenes existencialistas de 1950 desconocieron ese pasado de la biblioteca y creyeron ser los fundadores. En los años ochenta del siglo XX se exige la ampliación y des centralización del servicio de biblioteca pública. Se observa la inexistencia de una vocación lectoescritora en los dirigentes políticos; ausencia de una familiaridad con el libro, de una convicción por mantener abierto y boyante el espacio de la biblioteca. Se prefiere montar oficinas administrativas en los espacios para el libro y la cultura. La población de Bello en permanente crecimiento, no tiene facilidades para ac ceder al libro público. Hoy la biblioteca está abierta y necesita programas permanentes de promoción del libro y la escritura atendidos por profesionales. Los espacios para la cultura, el libro y el arte son una conquista popular y con función específica.
Referencias
Aguirre, Guillermo. Hernán Villa Baena: un liberal culto, defensor de los trabajadores. En Revista Huellas de Ciudad. Bello 2013.
Botero Restrepo, Juan. La tierra de Suárez. Gráficas Girardot. Medellín 1990.
Ceballos Maya, Elpidio. Legislación educativa codificada. Secretaría de Educación y Cultura. Medellín 1990.
Espitaleta de Villegas, Lina. En Gran Enciclopedia de Colombia. Círculo de Lectores. Bogotá 2007. Tomo 1. Cultura.
Melo, Jorge Orlando. Educando a los campesinos y formando a los ciudadanos. Cambio social y bibliotecas públicas en Colombia. En: https://jorgeorlandomelo.org/2025/03/09/educando-a-los-campesinos-y-formando-a-los-ciudadanos-cambio-social-y-bibliotecas-publicas-en-colombia/
Restrepo, Edgar y otros. El Centro Cultural Marco Fidel Suárez (1949 – 1960). Edición Delimiro Moreno. Medellín 2005.
Samper Ortega, Daniel. Correspondencia a directores de las escuelas del departamento. En Revista Educación Antioqueña. Medellín, 1935.
Archivos: Archivo Histórico de Bello (A.H.B.)
Prensa: Periódico Acción. Columna: Contra el Viento; El Colombiano; Periódico La Cordillera; La Región.
Entrevista Delimiro Moreno Calderón. Centro de Historia. Bello, noviembre 23 de 2013.

