Andalucía, primer trazo de urbanización moderna  

por centrodehistoriabello

Por Edgar Restrepo Gómez, historiador. 

Este artículo analiza el origen del barrio Andalucía como una de las primeras experiencias de urbanización moderna en Bello, en el contexto del crecimiento industrial, la especulación inmobiliaria y la consolidación municipal de comienzos del siglo XX. La historia de este barrio es el testimonio de la formación de Bello en sus primeros años de vida municipal, movida en parte por los intereses privados de hombres de negocios que vieron en la localidad la oportunidad de obtener grandes ganancias, a costa de la especulación con la tierra y la urbanización, situación similar que venía realizándose en Medellín con el nuevo desarrollo industrial. 

Una estrategia de especulación inmobiliaria 

La modernización de la ciudad de Bello a través de diversos procesos industriales, comerciales, migratorios y de integración territorial, impulsó el cambio de una aldea rural a una ciudad del siglo XX con todos sus desafíos, su constitución como municipio en 1913, obligó a crear la identidad estatal, con toda su regulación, tributación y órganos de administración y gobierno. A su vez, varios grupos de hombres se van erigiendo en sus líderes, determinando con su visión y su mentalidad, la nueva ciudad. 

De hecho, aquella será diseñada según sus intereses políticos y económicos. Paralelamente, la nueva ciudad será también estimulada por el desarrollo de industrias textiles y el surgimiento de la clase obrera, que puso en juegos sus aspiraciones políticas y sus reivindicaciones sociales. 

Los promotores de Andalucía no fueron simples propietarios locales, sino empresarios vinculados a redes comerciales, aseguradoras y urbanizadoras de Medellín. Antonio J. Álvarez Carrasquilla y Timoteo Jaramillo, creadores del barrio Andalucía, fueron prósperos comerciantes de Medellín, que vieron en el negocio de la urbanización una perspectiva de ganancia, dado el proceso de crecimiento de la ciudad, a raíz de las nuevas industrias y el estímulo a la inmigración consecuente. 

Antonio J Álvarez era hermano de Manuel (1855-1925), fundador de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, diputado de la Asamblea, Representante a la Cámara, miembro de la junta de caminos de Medellín en varias ocasiones y dos veces concejal de la misma ciudad. A su vez, Timoteo Jaramillo, hijo de Francisco N. Jaramillo, acaudalado comerciante de Medellín y dueño de varias propiedades en Bello hizo parte de varias sociedades anónimas de negocios, como la Sociedad Urbanizadora La Unión, la Sociedad del Circo España (Imbol, 2013, p.104) y la Sociedad de Urbanización Mutuaria (1919), que luego tomó el nombre de Sociedad de Mutualidad Nacional, dedicada a la urbanización y venta de seguros de muerte. Esta sociedad de negocios, de la cual formaron parte los hermanos Lalinde, Ricardo, José María y Federico; impulsaron la construcción de los barrios de Medellín: Manrique, Restrepo Isaza, La Polka, la Ladera, Balboa, Colón y la Florida (Botero, 1996, p.362). 

La prosperidad de dicha sociedad en el mercado de seguros y construcción impulsó su crecimiento en capital, socios y coberturas: “rápidamente compraron y vendieron mangas, trazaron y mercadearon lotes; hasta llegaron a comprar el mejor inmueble de la ciudad, el edificio Duque, sede principal de sus negocios. Para atender mejor el asunto de las pólizas, trajeron al año siguiente un técnico belga, el señor Lucien Mersenie, quien reorganizó la actividad aseguradora en los ramos de vida, transporte e incendio” (Suramericana de Seguros, 1994, p. 56) 

En 1924 cambió su razón social por Seguros y Urbanización S.A., luego de pagar a los afectados por el incendio de Manizales de 1922. Posteriormente, en 1944, la compañía dividió sus operaciones y creó dos empresas separadas: La Urbanizadora Nacional S.A. y la Compañía Suramericana de Seguros S.A. 

Álvarez y Jaramillo, hombres de negocios y dirigentes del comercio regional, consideran que estos proyectos urbanísticos, eran un síntoma indiscutible del beneficio y progreso de la ciudad, porque traían mejoras urbanas en la prolongación de calles y construcción de viviendas para los obreros, sin que aparentemente el municipio hiciera gasto alguno, aunque posteriormente tuviera que adecuar con alcantarillado, acueducto y energía, salud y educación a los nuevos habitantes.  

Estas prácticas constructoras y especulativas con el valor de la tierra son la expresión del nuevo desarrollo premoderno de la ciudad, que solo se romperá con las nuevas iniciativas del capital financiero y constructor del sector privado y estatal de finales del siglo XX. 

En una carta de 1924, Timoteo Jaramillo y Alfonso Zapata al Concejo Municipal, se expresa de forma clara la visión “progresista” para la ciudad de Bello y es una evidencia de que los urbanizadores concebían el acceso al agua y la propaganda territorial como condiciones indispensables para valorizar la tierra y atraer nuevos pobladores: 

“Siendo bien conocida del H. Concejo, la necesidad de dirigir a Bello por el camino del progreso y conociendo nosotros que ese es el deseo del concejo, hemos querido aportar a esas plausibles acciones de progreso, si así lo aceptáis, nuestro pequeño contingente, que no tendrá más mérito que su buena voluntad. Hay dos puntos que serían de muchísima conveniencia para el distrito y que son: primero con la reglamentación, distribución y acueducto del agua potable y el correspondiente alcantarillado de esta, que puede considerarse como el primer problema del distrito. Uno de los suscritos, que ha trabajado varias veces con los concejos anteriores para que esto se lleve a efecto, está plenamente convencido de que no se necesita sino un poco de tenacidad para llevarlo a cabo. Segundo, una campaña intensa de propaganda en Medellín y otras poblaciones sobre los mercados, medios de trabajo y demás atractivos de esta población que haría a fluir personal nuevo de gente que traen consecuencialmente el adelanto, cosa que podría hacerse con mucha economía si se logra aunar fuerzas entre el concejo, el señor cura, habitantes y demás interesados en el adelanto de la población y que sería de muchísima conveniencia para esta, una vez que disfruta de circunstancias excepcionales que solo esperan que sean aprovechadas, porque naturalmente aumentaría el valor de sus propiedades. El mercado se podría ensanchar de una manera prodigiosa, porque bello está en muy buenas condiciones debido a su abundante producción agrícola, y porque se puede hacer llegar a su mercado un considerable número de concurrentes de Medellín y otras poblaciones por el hecho de ser baratísimo el transporte en el ferrocarril. De Medellín a Bello, por ejemplo, vale el tiquete lo mismo que una montada en tranvía, en un trayecto de la ciudad de Medellín. Los precios del mercado son más bajos que los de Medellín, cosa que atraería un buen número de personas (…) el comercio podría llegar a ser de mucha importancia si se orientan las cosas bien, pues los precios de menudeo podrían ser mucho más bajos que los de Medellín, donde pagan los comerciantes altos impuestos y crecidos alquileres (…) el concejo que logre resolver estos dos problemas tendría asegurado un triunfo efectivo” (Archivo Histórico de Bello, en adelante A.H.B., correspondencia recibida, 8 de marzo de 1924). 

Se destaca en esta carta el interés de los urbanizadores en el abastecimiento de agua. “primer problema del distrito”, debido al interés de afianzar los nuevos barrios y, sobre todo, de establecer un atractivo sobre la población en crecimiento, aspecto que debía apoyarse con “una campaña intensa de propaganda” para atraer la inmigración, síntoma de adelanto y aumento en la valorización de las propiedades. El mismo Timoteo Jaramillo, había mandado a hacer unas vistas de la población, planos del barrio y de la ciudad, con miras a ser mostradas en la exposición de Antioquia en agosto de 2024 como parte de la campaña. 

Paralelamente, las familias terratenientes de Bello veían que, apoyando tal campaña de propaganda y fomento del crecimiento urbano de la ciudad, podrían tener la oportunidad de obtener ganancias sobre sus predios y, en especial, de evitar o disminuir el gravamen fiscal del distrito. Porque ante el aumento en la demanda de infraestructura de los nuevos pobladores y barrios, el estado municipal debía obtener la sustentación de su funcionalidad y eficacia a partir del presupuesto de rentas que se obtenía mediante el gravamen de impuestos sobre sus habitantes, de las actividades económicas y de la propiedad a través del impuesto predial. Esta nueva situación fiscal hizo poco rentable la tenencia de la tierra urbana o rural inoficiosa y presionó la dinámica de los negocios inmobiliarios. 

Es así como se expresaron dos tipos de estrategias de urbanización: por medio de las sociedades anónimas que compraban los terrenos adecuados y la iniciativa de los dueños de los mismos, que conformaban la sociedad y construían por su cuenta. Esta situación se corrobora porque el éxito de la urbanización en el barrio Andalucía, entre Álvarez y Jaramillo, sociedad de urbanización Mutuaria, posibilitó la creación posterior del Barrio Manchester en 1922 por la sociedad Jaramillo y Zapata. 

Hay evidencia en las notarías de Medellín que los terrenos alrededor de la fábrica y en el sector conocido como Calle Arriba, habían comenzado a ser objeto de transacciones, con miras a su urbanización para los trabajadores. Félix A. Correa e Hijos habían invertido en la finca La Selva, que luego de su liquidación en 1913, se comercializó a través del loteo de su terreno por el nuevo dueño Joaquín Jaramillo Villa mediante escritura No. 136, enero 24 de 1913, notaría primera; Calle Arriba, escritura No. 107, enero 21 de 1913; Calle del Socorro, escritura No.28, enero 7 de 1913, notaría primera. O las ventas de Juan de la Cruz Peláez y su esposa Bárbara Sierra, de los predios cercanos del ferrocarril de Antioquia o de la misma fábrica, escritura No. 162, enero 28 de 1913 (Archivo Histórico de Antioquia, en adelante A.H. A.)  

Un barrio con parquecito 

Por acuerdo No. 8 del 10 de mayo de 1918, el distrito fomentaba la fundación del barrio Andalucía y en su contenido se decía que estaba trazado de forma científica en “sus calles rectas y anchas”, y construido especialmente para las clases trabajadoras. En el documento, Antonio J. Álvarez y Timoteo Jaramillo se comprometían a hacer las calles y el municipio aceptaba en propiedad el nuevo barrio y se obligaba a la construcción de cinco fuentes de agua. Igualmente se contemplaba la excepción de impuestos por 10 años para el barrio, una estrategia de los urbanizadores y el concejo para impulsar la creación de unos barrios de obreros e inmigrantes. Una acción similar se realizó con la propiedad de los hermanos Pérez Mejía, urbanizadores del barrio del mismo nombre (A.H.B., acuerdo No. 38 de 1928). 

El terreno del barrio Andalucía era conocido como la manga del Cóngolo, una propiedad que pertenecía a la familia Zapata Restrepo, y uno de sus representantes, Alfonso Zapata Zapata en asocio con Timoteo Jaramillo, formaron la Sociedad Jaramillo y Zapata, la cual desarrolló el barrio Manchester en 1922, y le financió al municipio la construcción del acueducto, suministrando materiales y pagando los salarios de los trabajadores. Zapata, además, fue propietario de las tierras donde organizó los barrios Prado, Las Granjas y Pachelli, en homenaje al papá Pío XII (Restrepo, 2013, p.98). 

El barrio Andalucía comenzó a surgir de forma lenta. Los ingenieros y trabajadores de la Sociedad Mutuaria, abrían y adecuaban las calles, “encascajaban” las nuevas vías trazando, trazando el diseño del barrio con los instrumentos de la ingeniería. Si se observa el mapa del sector (Ver imagen), se encuentra contemplado el parque a manera de glorieta, entre las calles Córdoba y Girardot, equipamiento novedoso para la época y que demuestren los síntomas de la modernidad para la ciudad, donde se propiciaban espacios de reunión y esparcimiento para la comunidad. El parque inicialmente fue bautizado en honor del sacerdote Félix Mejía, sin ninguna escultura o símbolo; para luego convertirse en el momento actual (2026) como sitio de veneración con una estatua del Corazón de Jesús. 

Familia de Maruja Alzate: padre, hermanas y sobrinas, 1970. Archivo familia Alzate.

La modalidad de compra de lote se hizo similar a la utilizada en el barrio Aranjuez de Medellín, donde se intercambiaba trabajo por solares, es decir, los compradores pagaban en parte, trabajando en la adecuación del barrio; y en la otra, con el dinero ahorrado en sus escasos trabajos. Así se leen los nombres de los primeros pobladores del barrio Andalucía en un memorial de 1924 al concejo: Juan B Escudero. Dionisio Arán. José Milagro Ramírez, Jesús María Gómez, Juan de Dios Botero, José A. Herrera, José María Torres, Ramón Londoño, Félix Uribe, Benigno Rodríguez, Carlos Arango, Pastor Arango, Antonio María Aguilar, Antonio Ramírez, Jesús Arizmendi. Otros pobladores como Manuel Fonnegra y Claudio Coll, compraron algunos lotes y construyeron sus por su cuenta algunas casas (A.H.B. Acta del concejo, No.10 noviembre 29 de 1923. Acta del concejo No. 25, febrero 17 de 1924). 

Una de las familias de mayor presencia desde sus orígenes fueron los Arboledas. Aureliano “Nano” Arboleda Ortega, casado con Margarita Correa, montó tienda de víveres y carnicería, “la cual se componía de un reducido surtido suficiente para atender al menudeo de artículos para familias pobres”. Fue dueño de una cuadra de terreno, calle 56 con la carrera 51 (Carrera Boyacá con Córdoba), donde construyó su casa, que luego fue loteada en otras menores. Hoy sus hijas, Rubiela y Margarita (fueron 10 hijos), siguen viviendo allí (A.H.B., lista de habitantes gravados en 1914, carta de Aureliano Arboleda al concejo en 1942. Correspondencia recibida. Entrevista a Margarita Arboleda, septiembre de 2014). 

Asimismo, otros ejemplos de habitantes del barrio son Anita Gómez y Maruja Álzate, amigas entrañables, viven en una al lado de la otra y son jubilados de Fabricato. Anita, oriunda de San Jerónimo, llegó en 1937 y entró a la “fábrica de arriba” a la edad de 16 años y trabajó durante 34 años. Fue colaboradora del sacerdote Rogelio Arango, oriundo de Envigado, en la recolección de limosnas para la construcción de la iglesia El Rosario. María de los Ángeles Álzate Ramírez (Maruja), oriunda de Marinilla, se trasladó a Bello por recomendación del sacerdote Jorge González, y no para Medellín, porque según el padre era un lugar de perdición. Maruja entró a trabajar a la fábrica con Socorro, su hermana melliza, un 13 de marzo de 1945.  Tenían 17 años. Su padre Zenón de Jesús Álzate Tejada por sus creencias liberales lo persiguieron los conservadores en la época de la violencia, en especial por Eduardo Duque, un fanático y agresivo político local. En una ocasión, lo retaron a pelear al frente de su casa, lanzando vivas al partido conservador, pero él se abstuvo de salir. El grupo de godos se retiró y luego arrojó un taco de dinamita en otra casa (Entrevista a Anita Gómez y Maruja Álzate, agosto 2014).  

Anita Gómez y Maruja Álzate, fotografía Edgar Restrepo

También Andalucía fue escenario de la diversión sexual para los obreros, con las casas de citas de Maruja Holguín y Lolita Agudelo en el mismo sector, hasta cuando el padre Rogelio Arango, las puso en la picota pública en el sermón dominical, lanzó el pulpitazo y presionó su desplazamiento a la zona del barrio La Selva en 1947 (Entrevista a Cesar Orlando Tamayo, octubre de 2014).  

Las calles del barrio se realizaron “con una anchura de 15 varas de 80 cm y que hacen una superficie más o menos de 32.000 varas cuadradas” y su mantenimiento quedaba a cargo del municipio, propietario de estas. Al respecto, Álvarez Jaramillo recomendaban que el Consejo dictará un acuerdo “prohibiendo en absoluto, como ya lo han hecho en municipios de la importancia en Medellín, abrir nuevas calles que no obedezcan a un plan científico, que sean rectas y que tengan una anchura, por lo menos igual la que ofrecemos hoy” (A.H.B. Carta de Antonio J. Álvarez y Timoteo Jaramillo al concejo, Medellín, abril 8 de 1918, correspondencia recibida). 

Para 1923, se estableció la nomenclatura de calles y carreras: calle 55 (Sevilla), calle 56 (Toledo), calle 57 (Salamanca) y las carreras 50 (Santander) y 51 (Córdoba) (A.H.B., acuerdo No.16 de abril 19 de 1923. Se debe aclarar que inicialmente la orientación de las calles y carreras era inversa a la establecida en la actualidad, 2026. Ver también: Bello, Patrimonio Cultural, 2003, p.69). 

El agua en manos de los particulares 

El desarrollo urbano de la ciudad implicaba la provisión de los servicios básicos de agua y luz eléctrica. Asunto nada fácil si se tiene en cuenta que el agua. Natural de acequias, riachuelos o fuentes, estaba en manos de particulares y no os querían ceder su dominio para el uso comunitario, como lo ordenaba la ley. 

De ahí que en varias ocasiones se presentarán conflictos porque de una parte las autoridades recibían la demanda de servicios por los urbanizadores y nuevos habitantes; y por la otra, la restricción de oferta por parte de los dueños de las propiedades. Como afirma el escritor y periodista Reinaldo Spitaletta:  

“El municipio comenzó a enfrentar demandas instauradas por algunos ciudadanos que pretendían despojarlo de sus aguas propias de un lado, y del otro, también se dieron casos de propietarios de “aguas comuneras” que querían vender su derecho” (Spitaletta, 2004, p.5) 

Los servicios de agua y luz eléctrica se volvieron vitales. Así, los nuevos habitantes del del Barrio Manchester solicitaban la luz eléctrica, porque según ellos permitiría preservar la moralidad pública:  

“base primordial para que afluyan elementos sanos a la población. Seguimos también el alumbrado en este barrio, que está un poco apartado del centro… por el buen nombre de la población” (A.H.B., carta de marzo 8 de 1923, correspondencia recibida). 

En el barrio Andalucía, la implementación de las cinco fuentes de agua, según el compromiso de 1918, tuvo retrasos en su construcción, ya que en 1924 Carlos Cock, gerente de la sociedad de urbanización Mutuaria, solicitaba su implementación pues: “este asunto le interesa grandemente a la sociedad para darle impulso al barrio y por eso espero una pronta y favorable resolución” (A.H.B., carta de Carlos Cock, marzo 12 de 1923, sobre fuentes de agua, correspondencia recibida).  

En respuesta, y debido especialmente a la mala situación pecuniaria del distrito, el Consejo le solicitó un préstamo a la sociedad para construir el acueducto del barrio Andalucía y atender así el compromiso asumido en el acuerdo, pero aquella en carta al presidente del Consejo le contestó que “no le era posible desembolsar suma alguna” (A.H.B., carta de marzo 24 de 1923, correspondencia recibida).  

En vista que seguía pasando el tiempo y el concejo no tomaba ninguna decisión, Carlos Cock insistió y presionó de nuevo en abril, lo que produjo un pequeño debate en el concejo, donde el concejal Bernardo Jaramillo manifestó: 

“Que no teniendo el municipio aguas propias, es imposible cumplir el compromiso que en mala hora contrajo el concejo pasado” (A.H.B., acta No. 17, abril 3 de 1923).  

Al final de la deliberación, el concejal Abelardo Villa hizo la siguiente proposición que fue aprobada: “… Como el negocio de que se trata, tiene muchos puntos urgentes que discutir que se le pase una nota al señor gerente de dicha sociedad, manifestándole que el municipio está animado a los mejores sentimientos para cumplir las obligaciones contraídas con dicha sociedad para con el barrio Andalucía y que para llegar a una conclusión definitiva, se le convoque a la próxima sesión del Consejo. Para que de común acuerdo se proceda a verificar el cumplimiento de tal contrato” (A.H.B., acta No. 17, abril 3 de 1923). 

En la sesión del concejo de junio asistió efectivamente el gerente de la sociedad recalcando el compromiso “cuyo plazo está vencido”, a lo cual el concejo, a través de Abelardo Villa manifestó que la sociedad También tenía la obligación. De colaborar para reglamentar el servicio de aguas y poder dar cumplimiento a tal compromiso, sin lo cual, hoy por hoy no podía”. Como la reglamentación era un asunto demorado y el futuro del barrio dependía del acceso al vital líquido, el gerente Carlos Cock propuso la negociación de una faja de terreno con Gabriel Zapata para Obtener el agua para el barrio, Lo que se concreta en cantidad de $500 pesos de oro, los cuales se pagarán de lo último que entra el tesoro de este municipio del auxilio que le fue concedido por la Asamblea Departamental” (A.H.B., acta No. 40, junio 29 de 1924) 

Finalmente, para agosto, el concejo decidió la construcción de las fuentes y la reglamentación “de las aguas en el distrito, que es lo más urgente” (A.H.B., acta No. 34, agosto 13 de 1923, el concejal Tobón propuso avisar sobre la decisión a la Sociedad de Urbanización Mutuaria).  

En efecto, el distrito contrató la construcción de 10 pilas con el albañil Trino Congote: cuatro en el barrio Andalucía, una en la calle del cementerio, dos en la calle de Bolívar y tres en el Barrio Nuevo Manchester: “Teniendo en cuenta que las cinco últimas no serán de canilla, sino de agua corriente, ya que el concejal (Alfonso) Zapata, sede para esta zona producto propio” (A.H.B., acta No. 41, septiembre 27 de 1923, contrato entre el Personero y Trino Congote) 

Según el presupuesto de rentas y gastos de 1914, cada “paja de agua” usada por los particulares debían pagar 10 centavos oro mensual y anticipadamente (A.H.B., acuerdo No.1 de 1914).  

Para noviembre, el concejo autorizó el personero para elevar a escritura pública el pase del agua para el barrio Andalucía, cedidos por el señor Teódulo Velázquez (A.H.B., acta No. 5, noviembre 14 de 1923). Esta obra alivió bastante la situación de los pobladores del barrio y propició su mayor desarrollo, así es manifestada por varios vecinos, quienes agradecen por:  

“La especial distinción con que ustedes en su celo admirable por el progreso del municipio un gran costo que, en nuestro concepto, sus resultados beneficiosos no estarán en proporción a la suma invertida” (A.H.B., memorial de los vecinos del barrio Andalucía, correspondencia recibida, marzo 4 de 1925). 

En cuanto a la urgencia de reglamentar el uso de las aguas, el concejo se retardó en tomar medidas porque solo hasta 1926 creó la Junta de Empresas Públicas municipales y en 1928, la empresa de Acueducto. 

En la Calle Arriba, sector del barrio Andalucía, se vivieron problemas en el suministro de aguas, que se convirtió en un conflicto social y político, un florero de Llorente en la realidad política local. Es el caso de Roberto López de Mesa, líder conservador y concejal en los inicios del municipio, que el 23 de enero de 1921, embriagado en la “Fiesta de cuarenta horas” de la Iglesia del Rosario, y en compañía de otros individuos, rompió el dique que dividía las aguas que iban a la planta eléctrica y el sector de la Calle Arriba, “lo que dio por resultado la apagada de la luz, causando con esto alarma y perjuicio para el distrito y los particulares…”, según palabras de Gabriel Zapata Restrepo, alcalde desde 1917. Por este hecho conminó a López de Mesa para que se abstuviese de volver a practicar tales acciones, so pena de cárcel de treinta días. Esta medida, provocó que López de Mesa, buscase la destitución del alcalde ante el gobernador. El asunto dividió a los diferentes sectores de la ciudad. Los conservadores lo criticaban, los obreros lo apoyaban, el concejo liberal lo respaldaba (A.H.A., carta de Gabriel Restrepo al gobernador, enero 21 de 1921, fondo gobierno y municipios) 

El Consejo reconoció en Zapata “las excepcionales cualidades de energía, prudencia, justicia y competencia en el empleo que buena obra le fue encomendado para el progreso material y moral del municipio, llegando hasta sacrificar su propia tranquilidad por el bien general” (A.H.A., carta de Gabriel Restrepo al gobernador, enero 21 de 1921, fondo gobierno y municipios) 

El propio Roberto López de Mesa, en carta del 25 de enero de 1921 al Gobernador, justificaba su conducta por el uso de las aguas para la planta eléctrica: 

“Cuando se dotó de luz en la población, ya desde tiempos remotos, los vecinos de la parte alta venían gozando el cauce y de las aguas de que ahora los priva arbitrariamente señor alcalde a nombre de la municipalidad; pero no es esto precisamente lo más curioso, sino que infinidad de veces se le ha insinuado a la municipalidad que proceda a reparar el mencionado cauce para que  así aproveche todas las aguas que se escapan y pueda a la vez, proveer de la fuerza necesaria a la planta, y no menoscabar los derechos de los asociados, quitándoles el agua” (A.H.A., 1921, fondo gobierno y municipios) 

Sin embargo, el asunto de las aguas para la planta eléctrica solo era un pretexto que enmascaraba una disputa política por los cargos dirigentes estatales como concejo, personería y alcaldía, en especial con miras a las próximas elecciones y el ambiente agitación social luego de la huelga de 1920. Los conservadores opinaban que veían con “desencanto y desconfianza”, que el alcalde, el secretario y los agentes de policía fueran liberales, y prevenían al gobernador sobre el clima político local: 

“Y es que, en esta población, a donde tan fácil llegan los falsos aire de civilización, hay ya un fuerte fermento de socialismo que en un momento determinado puede a la viva fuerza efectuar una de la de que ellos llaman reivindicaciones sagradas. Y entonces –conocidos los nexos entre liberales y los socialistas- ¿Podremos nosotros tener seguridad en manos de autoridades liberales?” (A.H.A., carta al gobernador, 1921, Fondo gobierno y municipios) 

Los conservadores hacían referencia a la pasada huelga de mujeres en la fábrica de tejidos de bello, que había creado gran impacto en la opinión pública, el empresariado y en los obreros. Igualmente, proponían al gobernador que en las elecciones próximas para concejo: “sería altamente conveniente tener autoridades de policía conservadora” para contrarrestar la hegemonía liberal, en los Cargos del alcalde, el Personero, el Consejo y los secretarios del despacho. 

Contrario a la opinión conservadora, un grupo de 87 ciudadanos aproximadamente, Firmaron un comunicado comentando que: 

“El señor Gabriel Zapata Restrepo sobresale por su posición social y pecuniaria, circunstancias que lo exhiben, a la vez que como hombre independiente, como ciudadano merecedor de la estimación general que ha sabido captarse por su ejemplar conducta” (A.H.A., memorial de varios vecinos de Bello al gobernador, mayo 3 de 1921, Fondo gobierno y municipios) 

Otro grupo de obreros en el día de la fiesta del trabajo dirigieron al gobernador un memorial en el mismo sentido:  

“Hemos sabido con profunda extrañeza que a vuestra señoría se dirigió un memorial con algunas firmas, en el cual se acusa de mala fe y con apasionamiento desmedido al señor alcalde de este distrito; pues ninguno más que nosotros, obreros, hijos del pueblo que en la mayor de las veces, somos víctimas de las injusticias de malos empleados, conocemos tan íntimamente los buenos servicios que presta este benemérito servidor” (A.H.A., memorial de los obreros al gobernador, mayo 1 de 1921, Fondo gobierno y municipios) 

Después de la medición de fuerzas, y en una tira y afloje, Zapata Restrepo fue ratificado en el cargo y permaneció un año más, completando seis años en el mismo, hasta su renuncia en marzo de 1922. En las certificaciones de su hoja de vida, se lee la del Gerente de la Compañía de Tejidos de Medellín, Emilio Restrepo Callejas, Quien decía. Que había desempeñado muy bien su puesto durante varios años y que no había oído que es alguna. Igual comentaba el Personero José a Gutiérrez, era un informe general del distrito:  

“Zapata está a contentamiento general de los vecinos. Ya que algunos individuos que han pretendido acusarlo lo han hecho por la razón de que la justicia tenía que ver con ellos en distintas formas. Por haberme tocado de cerca conocer la actuación del señor Zapata es por lo que afirmó que este empleado merece la confianza pública” (A.H.A., informe al gobernador, enero 12 de 1922, Fondo gobierno y municipios) 

Este pequeño recuento de la historia inicial del barrio Andalucía, demuestra sus primeros pasos, sus dificultades y primeros pobladores. Desde 1918 hasta hoy el barrio ha vivido diferentes procesos sociales políticos y culturales que tienen en común con el resto de la ciudad como el auge de los obreros, la presencia de Fabricato, la dinámica y el progreso de sus habitantes antiguos y nuevos, los actores políticos del clientelismo y aquellos que viven de la economía ilegal. 

Conclusiones 

La historia del barrio Andalucía permite observar una continuidad problemática: la ciudad ha crecido bajo tensiones persistentes entre el interés privado, la acción pública y el derecho colectivo al territorio.  

Andalucía fue el primer experimento de las sociedades urbanizadas que continúan en el año 2026, obteniendo réditos del territorio, porque la planeación urbana del municipio sigue sus intereses, sin pensar en el bienestar general de la ciudad y sus habitantes: ¿Cómo conciliar crecimiento y armonía ambiental y convivencia? ¿ciudad desarrollada y progresista, versus la ciudad sostenible? 

Investigar la historia del territorio permite también pensar en la planeación sostenible, con movilidad, servicios educativos y de salud, parques, bibliotecas y seguridad. Es más apremiante hoy, cuando Bello sigue creciendo en su población, con torres de apartamentos de 25 o más pisos en diferentes puntos del paisaje urbano.  

Los dirigentes se sienten orgullosos del desarrollo de la ciudad y creen que ya no es “el patio trasero de Medellín”, como se decía. Sin embargo, se desconoce o se oculta la realidad de la economía delincuencial que ha hecho nombrar la ciudad como la mafia del ladrillo, como tituló el periódico El Colombiano en septiembre 1 de 2014: 

“Los nuevos señores de la propiedad raíz en Bello tienen las manos teñidas de sangre. Son personajes graduados en atracos y balaceras, que ahora poseen lotes y apartamentos, y patrocinan construcciones que de a poco se devoran las laderas de la ciudad (…) la extorsión ligada a la construcción y a la compra, venta y usurpación de terrenos, es un rubro que está haciendo millonarios a los cabecillas de Bello, al punto que estos ingresos hoy riñen con los del tráfico de estupefacientes” (Matta, Nelson La Mafia del ladrillo azota a las construcciones de Bello). 

Bello como una urbe congestionada, contaminada, aglomerada (hacia futuro un millón de personas en 20 km2), insegura, con problemas de convivencia y empleo, es una ciudad que los dirigentes locales, gremios de la construcción, firmas consultoras, no alcanzan a visualizar porque consideran que Bello, “pasó a ser una de las 10 ciudades del futuro en Colombia”, y se diría que es un futuro hipotecado para las generaciones siguientes, ante los problemas que se avecinan por el crecimiento urbano desaforado. 

También se dice que es el municipio más atractivo para las construcciones, desde la reformulación del POT, porque tiene más licencias, obras y ventas de vivienda del departamento de Antioquia. Según titular del periódico El Tiempo de octubre de 2014, se calcula que serán construidos 33.800 apartamentos, en los próximos cinco años, así: Proyecto Horizonte con 18.573; Amazonía con 7.563; Buenaventura 4.818; Campo Verde y Serramonte 3.000 unidades. 

Según Eduardo Loaiza, gerente de Camacol, gremio de los constructores, con el nuevo auge, se ha acabado con el estigma de realizar proyectos de estratos 4, 5 y 6, pero se equivocan, porque es construir una ciudad de espaldas a las necesidades de la mayoría de sus pobladores, que son de estratos bajos y que necesitan vivienda a menor costo. 

“A la luz de este recorrido, la pregunta sigue abierta: ¿qué tipo de ciudad se está construyendo para sus futuros habitantes? Si la casa, la calle, el barrio y la ciudad constituyen los escenarios de la memoria viva de todo ciudadano, el crecimiento urbano desordenado amenaza con empobrecer no solo el paisaje, sino también la imaginación, la convivencia y el sentido de pertenencia. En esa perspectiva, el barrio conserva una importancia decisiva. Como recuerda Sergio Spitaletta, es ‘la versión infantil de la ciudad’, una memoria arraigada y dinámica que acompaña al ciudadano hasta el ocaso de la vida.”  (Espitaleta, 2009, p.104) 

Referencias 

Botero H., Fernando. Barrios Populares de Medellín. En: Historia de Medellín. Tomo I, 1996, Suramericana de Seguros. 

Bello, Patrimonio Cultural, 2003, impresión Litomadrid. 

Espitaleta, Sergio. De barrio eres y en barrio te convertirás. Revista Huellas de Ciudad, revista del Centro de Historia de Bello, No.11, abril 2009. 

Imbol R., Carolina. Timoteo Jaramillo, un mercader con cara de filántropo. Revista Huellas de Ciudad, revista del Centro de Historia de Bello, No.15, diciembre 2013-abril 2014. 

Restrepo G., Edgar. Alfonso Zapata: Todos los hombres se venden, lo difícil es averiguar por cuánto. Revista Huellas de Ciudad, revista del Centro de Historia de Bello, No.15, diciembre 2013-abril 2014. 

Spitaletta, Reinaldo. Agua que no has de beber, en Bello la tenías que tomar. Revista Huellas de Ciudad, revista del Centro de Historia de Bello, No.6, diciembre 2004-marzo 2005. 

Suramericana de Seguros. Historia de la Compañía Suramericana de Seguros, Benjamín editor Villegas, 1994. 

Archivo Histórico de Bello (A.H.B.) 

Archivo Histórico de Antioquia (A.H.A.) 

Entrevista a Anita Gómez, Maruja Alzate, Cesar Orlando Tamayo. 

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