Instrumento de control y adoctrinamiento de obreros

Por Edgar Restrepo Gómez, historiador.
Resumen: El Patronato de Fabricato fue una institución social de la compañía para sus obreros. Sirvió de apuntalamiento a la disciplina fabril, moldeamiento de la conducta y centro religioso importante para la población bellanita. El Patronato obedeció a los propósitos de los Empresarios Antioqueños, de la Iglesia, en especial de la Compañía de Jesús, y del Partido Conservador para mantener a salvo sus intereses de la agitación comunista y prolongar el statu quo en la región.
Palabras Clave: Patronato, Control, internado, Iglesia, paternalismo, Fabricato.
1. De iniciativa privada
“Si nuestros obreros tuvieran alguna preparación intelectual y supieran apreciar el valor de una obra social de la índole del Patronato, levantarían desde el fondo de su alma, un himno de agradecimiento a sus fundadores”. Así escribía una hermana de la Presentación en 1946 sobre la obra del Patronato. Hoy, sesenta años después de su inauguración, el Centro de Historia de Bello considera que esta investigación es una reivindicación a todos aquellos obreros que participaron de este centro social –ahora patrimonio arquitectónico— desde el cual se irradió un gran beneficio para la ciudad de Bello.

El Patronato fue una institución creada en 1938 por iniciativa de Fabricato, en cabeza de su gerente Jorge Echavarría, era su “sueño dorado”. En una carta suya a los accionistas de la Empresa, del 15 de marzo de 1933, manifestaba las intenciones de su construcción: “considero la realización de esta obra como una manifestación de cristianismo, como un acto de reconocimiento del capital a sus colaboradores, como una medida de conveniencia para la Empresa, para contrarrestar las ideas comunistas que pronto pueden ser infiltradas y propagadas entre este sano y selecto personal”. Y más adelante comenta pormenores de lo que sería el futuro Centro Obrero (citamos en extenso por su importancia):
“Es mi proyecto fundar el club con todo el personal actual de la Empresa…parte muy importante de este club será un comedor, para proveer de almuerzo, a precio de costo, servido en mesa debidamente cubierta y con vajilla, con el objeto de eliminar el poco agradable espectáculo que hoy presenta el personal que vive retirado de la empresa y que es por lo menos un 50%, a quienes se les lleva el almuerzo en pobres vasijas y lo toman sentados en la manga cuando hay verano o en los andenes de la calle cuando llueve, pues desgraciadamente la Empresa no tiene espacio apropiado para subsanar esta deficiencia.
Además tendrá el club duchas para que durante las horas de descanso pueda el personal tomar baños refrescantes, pues adolece de ellos, amenazando así la higiene general de la Empresa, en parte por falta de facilidades y en parte por falta de costumbre. Todo esto se corregirá al poner suficientes duchas con abundante agua y toallas a discreción.
Otra de mis aspiraciones es que el edificio a que me refiero tenga un salón para billar que en el transcurso del tiempo podremos obtener, y al cual son aficionados muchos en la Empresa. Para las mujeres tendremos un saloncito de lectura y de reposo, con mobiliario confortable que las descanse de su dura labor diaria de muchas horas en pie, vigilando sus respectivas máquinas.
También tendrá el edificio espacio para jugar basket-ball, bajo techo, de manera que las mujeres, en quienes tanto entusiasmo se ha notado por este deporte últimamente, puedan ejercitarlo. Este salón servirá también de cuando en cuando para conferencias culturales y exhibiciones de cine. Para los hombres tenemos espacio mas que suficiente, que quedaría en la parte de atrás del edificio, para el juego de Fútbol”.[1]
El paternalismo de los dirigentes fue una característica muy propia de la primera era de la industrialización, y los dirigentes de Fabricato no fueron ajenos a esto. Echavarría, digno representante de ese paternalismo, confiesa en su Diario Personal que a los obreros les daba continuas conferencias sobre disciplina, ahorro y lujo, aprovechando toda ocasión para ello, además hacia el final del año, otorgaba premios por asistencia cumplida e incremento de la producción.[2] Es el patrón que mantiene una relación directa con sus obreros y empleados, conoce sus historias familiares e interviene en ellas. Su autoridad tiene un respaldo religioso y manifiesta la voluntad totalitaria de controlarlo todo. Como dice la historiadora Luz Gabriela Arango, “la visión paternalista impregnaba todas las políticas de Fabricato hacia sus trabajadores, desde la selección de la mano de obra hasta las políticas de integración, pasando por los mecanismos de protección y control de los obreros dentro y fuera de la empresa”. Igualmente, estas políticas de integración estaban motivadas por una ideología cristiana que equiparaba a la fábrica a una comunidad o familia, donde cada uno tenía responsabilidades con los demás, en especial ante el administrador o supremo director.

La iniciativa del Patronato en Jorge Echavarría obedecía a una política social que los industriales antioqueños en alianza con la Iglesia, deseaban implementar: restar piso social a las reivindicaciones y fuerza política de los grupos de obreros que estaba surgiendo en el país. La encíclica Rerum Novarum buscaba que la clase industrial realizara un capitalismo más social, es decir, un capitalismo que redujera las brechas entre obreros y patronos y traer beneficios sociales a una gran parte de ellos. Los barrios obreros y los sindicatos creados a iniciativa de la Iglesia como la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) y la labor de bienestar social tanto en descanso, salud y alimentación; apoyaban la idea de esa política.
2. Contexto institucional
Fue una institución producto de la acción de la Iglesia, con su política de Acción Social Católica,que buscó dirigir en Antioquia, el movimiento de las clases trabajadoras; en clara reacción a la influencia de las ideas socialistas y comunistas que comenzaba a abrirse paso entre los medios intelectuales y obreros. Para ello, constituyó una organización amplia como la Juventud Católica, la sección sindical del Patronato de obreras de Medellín (fundada en 1919 y que ya en 1925 tenía 215 obreras), la Congregación Obrera de San José, y medios impresos diversos, como El obrero católico(1924) en Medellín y Trabajo y Paz (1926), en Bello.

Igualmente, las parroquias fueron utilizadas por la Acción Católica para difundir la nueva política religiosa y social, y en torno a la cual se organizaban las distintas asociaciones de hombres, mujeres y jóvenes católicos. En Bello fueron sacerdotes dirigentes de la Acción Católica: Hernando Díez, Roberto Jaramillo (1941-43), Damián Ramírez (1943-45), Félix Mejía, Rogelio Arango y Juan Bautista Bedoya.[3]
Como resultado de esta labor y reflejo de la importancia de las parroquias en la política social de la Iglesia, el padre Carlos Pérez varios años después, en una entrevista dada a la Revista Fabricato al Día, comentaba: “(es) el caso de animar a los obreros para que permanezcan incondicionalmente adictos a la Parroquia y a la empresa; que sean siempre agradecidos con una y con otra, pues la primera les proporciona el pan espiritual y la segunda, el material”.[4]
Adicional a las actividades de las parroquias, varias organizaciones de la Acción Católica se dedicaron a la difusión de los principios católicos a través de la prensa, libros y boletines y hojas sueltas; a la vigilancia de casas y patronatos de obreras; y a participar de campañas moralizantes sobre el cine y los espectáculos públicos y manifestaciones y fiestas religiosas. Es así como fabricato publicó para la época, el periódico El Telar(1943-48), donde se registraba los acontecimientos más relevantes y las ideas y principios de la Acción Católica, luego fue sustituido por las Revistas Fabricato al Día (1956-72)y Gloria (1946-52) y Moda Nova (1972-74), éstas últimas dedicadas específicamente a la moda y la costura. Fabricato al Día, comenzó como un boletín pequeño y continuó en junio de 1959 como revista de gran despliegue en diversos temas, desde los artísticos hasta económicos y culturales.

Los grupos de jóvenes de la Acción Católica se reunían en el Patronato los domingos cada quince días, con el fin de respaldar la labor del capellán de Fabricato y actuar en comisiones de “cine, juegos, licor, prostitución, que empleando métodos especiales, los trabajadores se aparten de estos vicios que son la ruina moral”.[5]
3. Antecedentes
El Patronato de Fabricato fue una institución social cristiana que buscaba emular el ejemplo, el desarrollo y el éxito de su par: el Patronato de Medellín. Su creación se debió a una clara orientación e influencia de los Jesuitas, quienes con apoyo de los empresarios antioqueños de la capital, lo habían creado a partir de 1912. Fue un modelo digno de proyectar por igual en el medio fabril de Bello, dadas sus bondades de moldear una creciente masa de trabajadores.
A la comunidad religiosa de los Jesuitas se debe principalmente la iniciativa de los primeros Centros de Obreros pues desde 1846 fundaron en Medellín, la Congregación de Obreros de San José, con sede en la iglesia de San Francisco, hoy San Ignacio. Entre sus objetivos estaba: “fomentar entre artesanos, industriales y obreros la vida cristiana, ayudarse mutuamente en sus profesiones y en la vida ordinaria, instruirse moral e intelectualmente, y procurarse recreaciones honestas en los días de descanso”.[6] Nótese que el sentido de esta congregación es asimilable a los objetivos del Centro Obrero de Fabricato, aunque con una diferencia social: allí se concentraban en una gran mayoría mujeres. Esta Congregación tomó después el nombre de Centro de industriales y obreros de San José y en sus primeros años alcanzó los seis mil afiliados.

El Patronato de Medellín alcanzó la mayor cobertura de todos, fue creado, de una parte, como una respuesta expresa al aumento de las fábricas y al consiguiente incremento del número de obreros y, de otra, con la intención precisa de alejar a las jóvenes trabajadoras fabriles del vicio y cimentar en ellas la moral cristiana. En efecto, el objetivo era desplegar un severo control moral dentro y fuera de la factoría de tal manera que la vida dentro del trabajo no se disociara de la vida fuera de él.
La junta directiva del Patronato de Medellín, integrada por hijas de familias notables, creó varias secciones para impulsar esa moral cristiana y control del tiempo libre: Sección del Culto, la Congregación de Hijas de María, la Liga Eucarística, Retiros Espirituales, de Colocaciones (empleo), de Propaganda, Escuela Dominical (clases de corte y bordado, lectura, escritura, aritmética, gramática castellana y cocina), de Caja y Ahorros y Préstamos. Finalmente la Sección de Recreo donde se programaban veladas artísticas, reuniones musicales, rifas y aguinaldos, con el fin de canalizar las emociones y sentimientos de las jóvenes obreras.[7]
4. Su construcción
La primera piedra del Patronato se puso mediante acto protocolario el 7 de agosto de 1933, motivado por la idea de Jorge Echavarría y con ocasión del décimo aniversario de inauguración de la fábrica.
“El Pbro. Germán Montoya bendijo y habló don Ramón Echavarría, gerente, también habló y repartió acciones de la empresa a los obreros que han prestado su concurso a Fabricato desde su inauguración. Hubo cerveza, leche, sándwiches y baile para los obreros y obreras hasta las 8 p.m.”.[8] El padre Montoya era Jesuita, creador del periódicoObrero Católicoy director de la Acción Social Católica, en la década del veinte. Lo que demuestra el interés de los empresarios y jesuitas por copiar un modelo exitoso en el centro fabril de Bello.

Adicionalmente a la posición e interés de la Iglesia Regional y de los Jesuitas, la elección presidencial del liberal Alfonso López Pumarejo (1934), y su programa de gobierno llamado La Revolución en Marcha, trajo una serie de medidas entre las cuales se encontraba una reforma laboral que entre otros aspectos contemplaba la reducción de la jornada laboral a 8 horas. La nueva situación llevó a Fabricato a crear un segundo turno y por consiguiente a un incremento del personal.
Este factor señalado presionó aún más la necesidad de crear un centro obrero. De ahí que se comenzó la construcción en 1935 con planos del ingeniero y arquitecto Jesús María Mejía Montoya (1903-92), para culminar tres años después con su inicio en 1938 e inauguración formal en 1940.
Mejía Montoya fue ingeniero civil de la Escuela de Minas, luego Universidad Nacional, y allí conoció como alumno aventajado al arquitecto belga Agustín Govaerts en la década del veinte. Govaerts fue un arquitecto destacado en la ciudad de Medellín, por su labor en varias edificaciones, entre ellas, el Palacio Nacional, el antiguo Teatro Junín y el edificio de la Gobernación de Antioquia, hoy Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe.

En 1929, Mejía Montoya fue seleccionado junto a varios jóvenes de familias pudientes de Medellín, por el arquitecto belga para trasladarse a Bruselas y adelantar estudios de arquitectura en La Escuela de Bellas Artes de Bruselas (1933). Su propósito era constituir una Escuela de arquitectura en el medio académico del departamento, lo que tuvo sus frutos cuando uno de los jóvenes Ignacio Vieira fundó la Facultad de Arquitectura de la Universidad Pontificia Bolivariana.[9]
A su regreso al país, el arquitecto participó en la proyección y construcción de edificios y espacios para la industria, especialmente de Fabricato, en sus diferentes instalaciones. Mejía también diseñó el primer edificio de la Facultad de Agronomía.
El resultado arquitectónico de Mejía Montoya es un edificio con espacios amplios, techos altos, un salón comedor rectangular, pequeños jardines diseñados con plantas ornamentales, una entrada en forma de plaza central, pasillos en su fachada y un par de escaleras en caracol, a través de las cuales se accede al piso superior. Igualmente dos salones de dormitorios, con varias duchas, lavaderos, roperos y pequeños saloncitos para reposo de las obreras. Así mismo oficinas para la administración, comedor y alcobas para las hermanas. La capilla fue añadida posteriormente y en ella se celebraron los diferentes sacramentos para los obreros. Entre sus reliquias estaba un calvario realizado por Constantino Carvajal y un cristo del escultor Jorge Marín Vieco, entre otros.
5. Las Hermanas de la Presentación
Los Echavarrías (Jorge y Ramón) consideraron que la administración del Patronato, si se quería tener éxito, debería estar en manos de la Comunidad de las Hermanas de la Presentación, así como ocurría con el Patronato de Medellín y de acuerdo a las políticas de la Acción Social Católica. La Comunidad poseía una amplia trayectoria en la asistencia social de los sectores populares, ya que desde su llegada al país en 1876 procedentes de Francia, se había encargado del Hospital San Juan de Dios (1880), del manicomio de Medellín (1898), la casa de mendigos (1915), el orfanato de San José (1915), la clínica Noel (1916) y las salas-cunas y guarderías (1918). Paralelamente habían fundado el colegio de la Presentación y casas dormitorios para obreras como la Casa de Jesús, María y José (1930), cuyo objetivo era regenerar “jóvenes caídas” y habían comenzado a administrar el Patronato de María Inmaculada y de San Francisco Javier, es decir, el Patronato de Medellín a partir de 1923.[10] Su labor allí les permitió extenderse posteriormente a otros municipios donde existía concentración industrial y por ende de obreros como Itagüí, Envigado y Bello.

La primera madre superiora del Patronato fue la hermana San Andrés, que poseía una personalidad “espiritual, activa y fervorosa”. Otra hermana administradora, Julia Delfina, se destacaba porque tenía una “aquilatada virtud, modesta, sencilla, su única preocupación es conservar a gran altura la dignidad y moralidad de las jóvenes que le han sido confiadas, y para tener este fin ha hecho ignorados y costosos sacrificios”.[11]
La comunidad religiosa de las hermanas también hizo parte activa de las políticas de la Acción Social Católica, al destinar una de sus representantes a la divulgación y enseñanza de los principios cristianos establecidos por la organización, es así como la hermana Berenice estuvo cada domingo impartiendo conferencias a las obreras en el Patronato.
6. El Internado de Jóvenes Obreras
En el Patronato existieron dos entidades sociales: el Internado de señoritas obreras y el Centro Cultural de Fabricato, dirigido a los obreros. Nos ocuparemos a continuación del primero. En sus primeros años, las industrias fabriles antioqueñas dependieron, generalmente de la mano de obra de muchachas campesinas, quienes reunían una serie de características deseables: subordinación, trabajo constante y delicado, y disciplina.[12]

La misión social cristiana del internado era ayudar a las jóvenes que abandonaban su hogar por necesidad o por prestar una ayuda a su familia, con un nuevo hogar agradable y cómodo. Uno de los primeros internados para niñas (y donde comenzó el Patronato para obreras), fue en la residencia construida por las hermanas en el actual colegio de la Presentación, en especial durante la administración de la hermana Inés, quien tuvo bajo su cuidado y vigilancia 25 obreras internas hacia 1920 y las cuales fueron trasladadas posteriormente hacia la sede nueva del Centro Obrero.
El número de internas se fue incrementando, pues para 1946 contaba ya con 185 y en los años 50 llegó a tener su máxima ocupación con 250 internas. La mayoría de estas jóvenes obreras eran inmigrantes, procedían de varias partes del departamento, en especial de pueblos y veredas que comunicaba el Ferrocarril de Antioquia. Estas jóvenes al llegar al internado deseaban trabajar en la fábrica, obtener buenos ingresos y liberarse de la tutela de sus casas o ahorrar para traer sus familias a vivir a la ciudad. Allí encontraron un hogar agradable, cómodo, con sana alimentación, educación y diversión; a pesar de la disciplina y vigilancia constante de las hermanas. En algunas entrevistas realizadas para esta investigación, varias internas expresaron sus sentimientos de agradecimiento, beneplácito y alegría al recordar sus tiempos de estadía, lo que demuestra el ambiente familiar y confort que se respiraba en el internado.

La fábrica a través de las Hermanas ejercía un control estricto del tiempo libre de las jóvenes internas, a fin de mantener una mano de obra en permanente direccionamiento de sus políticas e intereses productivos. Un estudio contratado por la empresa en 1965 con la firma privada Centro de Investigaciones Sociales, daba cuenta del ambiente que se respiraba en el internado:
“El patronato es un verdadero internado para adolescentes. Permisos para salir, llegada a la seis de la tarde, misa diaria (asistencia voluntaria), rosario de aurora. Los primeros sábados (voluntario), retiro espiritual cada mes (voluntario) y otras actividades religiosas que aunque todas se presentan con un carácter voluntario y libre, la presión y el control del grupo son tan fuertes que las pueden hacer aparecer como actividades obligatorias para los miembros del intra-grupo. Aunque el número de trabajadoras en el patronato es pequeño, tal vez sea aquí, uno de los sitios en donde más se aprecia la intromisión de la Empresa, por conducto de las Hermanas, en la vida privada de las trabajadoras. Este ambiente de internado, prolonga la adolescencia en adultos que deberían ser responsables, conscientes y libres. Nos prueba esto, por ejemplo, que en la preparación de un paseo colectivo, se les diga a muchachas entre los 25 y los 30 años, que no pueden ir de pantalones o “slacks”.[13]
En función de la intencionalidad de ese control del tiempo libre, el Patronato implementó en sus instalaciones una serie de actividades de enseñanza y recreación dirigidas a las internas con el fin de crear un ideal de mujer católica. Igualmente, se creó un grupo de secciones a imitación del Patronato de Medellín, con el fin de cumplir las políticas de la Acción Católica.
La historiadora de la mujer en Fabricato, Luz Gabriela Arango comenta que los destinos que les esperaban a las obreras eran tres: El matrimonio, la vida religiosa o la soltería. No había espacio para otro proyecto de vida independiente pues la sociedad antioqueña (dirigentes empresariales, Iglesia, partidos políticos), fomentaba y esperaba la continuación de unos modelos sociales, implícitos a la tradición cultural regional.
En la investigación se encontró que la labor de las Hermanas representó varias significaciones en el medio social femenino de la ciudad, en especial la motivación de sus jóvenes internas hacia las vocaciones religiosas, pues varias de ellas eligieron pertenecer a su comunidad religiosa, pasando primero por el noviciado, ubicado en el barrio Los Ángeles, nororiente de Medellín; o ingresando a otras comunidades similares en diferentes ciudades del país: Comunidad de las Hermanas de los Pobres de San Pedro Claver (Cartagena y Barranquilla), Misioneras de Yarumal, Terciarias Dominicanas (Popayán) o Hermanas de la Enseñanza en Medellín.[14]
Otras jóvenes obreras formaron nuevos hogares al contraer matrimonio en la capilla con obreros y empleados de la Fábrica. Ellas habían aprendido diferentes actividades artísticas durante su estancia en el internado como comedias y dramas, canto de coplas, zarzuelas; y las habían manifestado en veladas con los patrones (en particular a Ramón Echavarría), en las ceremonias religiosas o presentaciones especiales en el Patronato.
8. El reglamento del internado.
El reglamento tenía el sentido de crear una disciplina en el grupo de obreras y hacerlas más adaptables al ritmo de la fábrica en el cumplimiento del horario, en la racionalidad en el uso del tiempo, en la adaptación a las funciones propias del sitio de trabajo y al cumplimiento de la jornada. Estos aspectos obedecían a la doctrina taylorista, traída por los ingenieros de la Escuela de Minas de Inglaterra. Por otra parte, el patronato ayudaba al adiestramiento del personal, al inculcar el sentido del deber, del cumplimiento laboral, del acatamiento a las normas y autoridades de la empresa. En resumen, el propósito del Patronato era inculcar en las jóvenes obreras la nueva disciplina del tiempo y los hábitos de trabajo.
Igualmente, la vida cotidiana y la rutina implementada en el Patronato perseguían el objetivo de crear hábitos conducentes a asimilar el nuevo régimen fabril. Cada norma estaba determinada para moldear la conducta. A continuación se relaciona las ocho normas del reglamento:
- “Deben levantarse al toque de la campana, hacer el aseo de su persona, y dirigirse inmediatamente a la Capilla para asistir a la santa misa. Si alguna se sintiere muy indispuesta pedirá permiso a la Hermana de vigilancia para quedarse en cama. En el dormitorio se tendrá todo en el más perfecto orden.
- Deben prestar su ayuda para el aseo y arreglo de los dormitorios, trabajo que toda mujer hacendosa tiene el cuidado de desempeñar en su casa. Con el concurso y buena voluntad de todas se hará de una manera fácil.
- En el comedor guardarán las reglas de la urbanidad y comerán de todo lo que se les presente. Esta regla tendrá excepción cuando la salud requiera algunos cuidados ordenados por el médico. Las que no se acomoden con la alimentación a que tienen derecho, pueden pedirla de primera clase, o retirarse; en todo caso, no deben mortificar a las Hermanas con exigencias que no se pueden conceder y que perturbarían el buen orden.
- Las que tengan sus pretendientes, pueden recibirlas todos los días de la semana, después de almuerzo.
- No deben salir de la casa sin permiso
- se recomienda llegar a tiempo a la Capilla, el dormitorio y el comedor. En este último no habrá servicio fuera de las horas reglamentarias.
- Cuando tengan inconvenientes para ir a la Fábrica deben avisarlo.
- Las faltas de respeto a las Hermanas, son motivo para perder el puesto”.[15]
Para tener una imagen más completa del sistema reglamentario y de vida cotidiana, doña Ninfa Calle, cuenta su experiencia en la institución:
“Había muchas internas, fuera del personal del servicio, era un internado maravilloso, a todas las muchachas que se colocaban en la empresa y tenían sus familias lejos, ahí en ese internado se alimentaban. Era un paraíso, tenían una alimentación especial y arreglo de dormitorios. Había internas de las tres empresas, Fabricato, Pantex y Fábrica de Bello. Hubo personal de 290 internas en un tiempo. Las de Pantex y Fabricato, para tener servicio en los baños tenían que levantarse a las 2 de la mañana, y eso que había como treinta baños. En el dormitorio había 10 servicios y otros dos afuera en el salón. Se organizaban y se iban a trabajar, turnos de 5:20 a.m. a 1:20 p.m. Cuando salían (de trabajar) había unos salones para descanso, donde se plancha la ropa, la que quería acostarse a dormir, hacía su siesta. Y las obreras que entraban a la 1:20 p.m. se levantaban a la hora que le provocara. A las 6 de la mañana había hora de misa. Por la mañana o en la tarde, tenían permiso de subir al parque o para ir al centro. Pero había la hora estricta de las 6 de tarde, la que se pasara tenía sus sanciones: No la dejaban salir hasta en quince días. Las monjas eran muy estrictas. Las monjas se turnaban en la noche para vigilarnos mientras dormíamos. Daban ronda toda la noche. Nos teníamos que acostar como ellas organizaran, es decir, dormir de lado, no permitían boca arriba y boca abajo. Las que madrugaban, iban desfilando al dormitorio a las 7:30 u 8:00 p.m. a veces se despistaban por ahí, iban al ropero a escuchar radionovelas al escondido. A veces nos denunciaban y el regaño era tremendo. Eran radionovelas de amor. El sábado en la noche empezaban las serenatas de los novios, desde la una hasta las cinco de la mañana. (Esas serenatas se escuchaban) por el lado de la cocina, pues, los dormitorios lindaban con la calle de la proveeduría. Al otro día, la novedad era mirar las tarjetas para saber quien había sido. Las visitas de los novios eran en las noches: la muchacha parada adentro del salón y afuera el muchacho en el corredor conversando. Los domingos se sentaban uno al lado del otro. También se divertían en la terraza, bailando al son de la música de parranda de Buitrago. Las monjas solo se sentaban a mirar. En la fabrica si resultaba alguna en embarazó, la despedían. El pecado acusa, y si alguna muchacha resultaba embarazada se hacía liquidar de la empresa y se salía del Patronato”.[16]
Se aprecia que además del control del espíritu, se daba el control del cuerpo, tanto a la hora de dormir como en las relaciones de noviazgo, al establecer horarios y formas de contacto con los pretendientes. La supervisión de las relaciones sentimentales se daba como forma de mantener la moral sexual y preservar la honra de las jóvenes a su cargo. Por eso las diversiones eran estrictamente vigiladas por las hermanas, permitiendo en ocasiones que tuvieran pequeños bailes en la terraza, pero entre ellas, descartando bailes mixtos en días de fiesta. Los dirigentes de la Acción Social Católicafomentaban la prohibición de aquellos pues como expresan en el periódico El Obrero Católico: “debe reprimirse la ola de bailes entre los jóvenes estudiantes, los bailes incitan a los jóvenes al uso del alcohol. Las niñas deshacen en una noche, la labor de años”.[17]
9. Secciones del Patronato
La Cruzada Eucarística tenía como fin favorecer las vocaciones sacerdotales entre los obreros. Fue fundada por el padre Damián Ramírez a principios de 1943. Ya contaba con 400 socios para 1946, quienes contribuían con cinco centavos mensuales para patrocinar las vocaciones. Su actividad cotidiana era la comunión general los segundos domingos de cada mes, donde oraban por los sacerdotes. También tenía 22 celadoras encargadas de recoger la limosna y hacer apostolado con “los socios de su coro”, hacia el final del año se rifaban 20 pesos entre sus socios.
En marzo de 1962 se dio comienzo a la Biblioteca en un salón del Patronato, donde se establecieron mesas de lectura, sillas y una estantería con una capacidad de cinco mil libros. Esta biblioteca fue el germen de la que fue conocida como la Biblioteca de Fabricato, y donde varias generaciones se formaron con sus lecturas. La obra fue apoyada por la empresa sin condicionamiento alguno, con el fin de que el obrero pasara sus ratos de ocio, para encontrar un material que le ayudara a mejorar su trabajo y pudiera llevarlo a casa con el fin de que su familia igualmente se educara. Su organizador Luis Floren, director de la Escuela Interamericana de Bibliotecología, comentaba al respecto:
“un esfuerzo por parte de la empresa que merece toda nuestra gratitud y reconocimiento, pues sin regatear los fondos ni imponer normas o criterios, estamos haciendo algo que nos llena de orgullo, porque una Biblioteca como la de Fabricato, planeada desde sus cimientos pensando en el personal de toda clase y condición en la empresa, es única en el país y merece destacarse”.[18]
Con la creación de diferentes comités de enseñanza como música (tiple, guitarra, bandola), costura, culinaria, coro, las hermanas de la Presentación y los directivos de la fábrica, querían apartar a las jóvenes obreras del riesgo peligroso que implicaba la ciudad.
10. La resignificación de la fiesta del trabajo.
Desde la fundación de los partidos comunistas y socialistas en Colombia en la década del 20, se instaló el 1º de mayo como fiesta nacional del trabajo, con toda la significación y simbolismo que ello conllevaba. El empresario antioqueño, en especial el de Fabricato, asumió esta fiesta como una de las estrategias para manipular la mentalidad del obrero, hacerlo más maleable a los intereses de la empresa, convertir al trabajo como valor religioso de fidelidad y aceptación unánime sin cuestionamiento alguno. Las reivindicaciones y contradicciones entre obreros y patronos, se ocultaban tras telones de religiosidad y adoctrinamiento. Los ritos y prácticas apuntaban a mantener sumisa una masa con el fin de hacerla más productiva.
Desde el punto de vista patronal, la jornada fue establecida como una fiesta religiosa de San José Obrero, más acorde con los valores y la mentalidad que la empresa deseaba inculcar en el medio obrero. Como bien decía una Hermana de la Presentación: “El 10 de mayo de este año, se celebró por segunda vez la fiesta de José Obrero convirtiendo así una fiesta de carácter profano en fiesta verdaderamente cristiana para hacer frente al comunismo que de día en día se apodera más y más de las masas obreras”.[19]

Para ello, el patronato fue el punto de apoyo de la empresa, pues se comenzó a efectuar allí la elección de una reina entre sus trabajadoras, estableciendo varias candidatas que llenaran los requisitos: “todos buscan la más bonita, la más castiza, la más elegante, la más virtuosa, la más trabajadora”.[20] El comité organizador estableció que por cada voto se donara cinco centavos, con el fin de financiar los gastos de coronación y rifas para el personal. Las hermanas de la Presentación decoraban el Patronato y lo ponían al punto para ser el escenario de la ceremonia de coronación.
La Fiesta Cristiana del Trabajo se iniciaba en el Patronato en horas de la mañana, con una santa misa y con asistencia de todo el personal. La ceremonia era oficiada por el arzobispo de Medellín Félix Henao Botero con gran pompa y solemnidad, transmitida en directo por la radio en La Voz de Antioquia. En el día de coronación se rifaban premios en dinero y un concurso en la confección de vestidos con telas de la empresa.
Antes de la coronación se realizaba un desfile por las calles de la ciudad, en carros alegóricos, decorados para la ocasión, y acompañados de bandas marciales. El sentido del desfile era crear en la mentalidad local un nuevo referente, de fiesta comunista a fiesta cristiana, de identificar la primera como símbolo de la esclavitud y a la segunda como representante de la libertad. Era un despliegue simbólico e ideológico, con el ánimo de crear la exaltación de un ideal de mujer obrera, entregada a su trabajo y a su Empresa. Una descripción contemporánea, expresa el sentido del acontecimiento:

“Se inició el desfile de carrozas por las calles de Bello, encabezaban las bandas de guerra del colegio Manuel José Caicedo de Bello y la del colegio San Ignacio (Medellín), quienes hicieron gala de elegancia y cortejaron a las reinas. Luego desfilaron en medio de los aplausos de las gentes que se agolpaban en todas las direcciones, las carrozas que representaban el himno Antioqueño y que tenían por títulos: la libertad, la esclavitud, los bambuqueros, y la apoteosis. Todos soberbiamente arreglados. Cerraba el desfile y los acordes de música marciales, la Góndola Veneciana que llevaba a la reina Adela y su corte real. Un grupo de lindas muchachas de las fábricas hacían de las gondoleras y formaban cuadros armónicos con sus liras. Recordamos entonces los famosos carnavales de Venecia, la reina del Adriático, trasladados a Fabricato en todo su esplendor”.
La reina elegida se hacía cargo durante mayo del “Imperio” (como se decía simbólicamente a la empresa), dominando pasiones, inculcando deberes, disipando conflictos, y como bien decía el discurso de coronación de Javier Restrepo (1947):
“En vuestras manos firmes y mínimas, el Imperio que os entregamos hoy estará seguro. No habrá tropiezos en vuestro gobierno espiritual y vuestro pueblo, como un rebaño manso a la hora del crepúsculo, os seguirá al aprisco. Con solas vuestras miradas, despejareis los oscuros nubarrones que enturbiaren el cielo, con vuestras claras y diáfanas sonrisas podréis calmar las tempestades que azotaren vuestro pueblo”.
La fiesta del trabajo solo duró tres años hasta el asesinato de Gaitán en abril de 1948, pues su muerte causó una reacción popular en contra del conservatismo y de la Iglesia contra el establecimiento, partidos tradicionales, prensa, industrias en varias ciudades del país. Es así como la Fábrica no continuó su Fiesta Cristiana del Trabajo a nivel local, pero sí continuó con el apoyo a la Acción Católica, al participar en el reinado de la Juventud Obrera Católica de Medellín, en que cada empresa de la ciudad enviaba su representante. En 1959 Fabricato mandó a Berta Nydia Tamayo, trabajadora del Departamento de terminación y quien fue escogida entre diez y ocho finalistas.[21]
11. El Centro Cultural de Fabricato.
La disciplina moral de la fábrica dependía de la disciplina desplegada fuera de ella, por tanto, a la par de las actividades de la Iglesia local, el Patronato intentó inculcarla en sus múltiples actividades programadas en la sede, pues como bien decía el capellán de Fabricato, Juan Bautista Bedoya, en su editorial del periódico El Telar: “Únicamente el temor de Dios es capaz de imponer el orden y la paz; únicamente el alma de convicciones religiosas puede pronunciarse en contra de las provocadoras invitaciones del vicio; la religiosidad es el único muro de contención para detener el arrollador oleaje de inmoralidad que nos amenaza; únicamente el espíritu religioso puede contener las pasiones y mantenernos en el recto cumplimiento del deber”.[22]
El Patronato se constituyó desde un principio en el centro religioso por excelencia de Fabricato. El capellán dirigía los retiros espirituales desde allí. Los confesionarios y misas de domingo, los matrimonios entre los obreros, las primeras comuniones de los hijos, los desfiles en semana santa, desde y hacia el Patronato; todas fueron un conjunto de actividades que mantenían al día el cumplimiento de una ejemplar vida cristiana.

En este sentido, el Patronato fue un centro religioso muy importantepues a través de varios comités (el de caridad, mariano, de las misiones, congregación hijas de María, eucarístico, de cruzada y catecismo para los hijos de los obreros) se inculcaba el “verdadero ejemplo de vida cristiana” con sus valores entre la población; adicionalmente financiaban y fomentaban las vocaciones sacerdotales y el ingreso de las jóvenes a las comunidades religiosas.
12. El fin del patronato
En 1974 se cierra definitivamente el internado de las jóvenes obreras, manteniéndose solo el restaurante para los obreros y la pequeña capilla. A ello contribuyeron varios factores:
a. Desde principios de la década de 1960, se venían dando circunstancias desfavorables para la institución social del Patronato. La Iglesia venía perdiendo terreno en el control social y religioso que ostentaba, pues desde la coronación del papa Juan XXIII y su encíclica Populorum Progresum, se venían dando a su interior serios debates sobre el papel que el sacerdocio debía cumplir en medio de la situación social y económica deplorable de América Latina. En 1968 se produjo el Manifiesto de Golconda, en el cual un grupo de sacerdotes disentían de la posición oficial de las altas jerarquías. El capellán de fabricato Ismael Mejía firma ese manifiesto, circunstancia que demuestra la distancia que había tomado y la pérdida de la importancia social y religiosa de esa figura dentro de la Fábrica. Mejía había conformado un grupo de trabajadores de la empresa y en los retiros espirituales, introducía sus inquietudes sociales y políticos del momento.
b. Por otro lado, la crisis de 1974 sumió a la empresa en unas condiciones económicas difíciles para continuar asumiendo los beneficios sociales a los trabajadores. En efecto, durante la administración de Alfonso López Michelsen, se declaró por primera vez en el país la Emergencia Económica, con el fin de conjurar el escandaloso déficit gubernamental, el contrabando de telas, insumos industriales, electrodomésticos, licores y cigarrillos, el freno a la producción nacional con la caída de las exportaciones, entre otros aspectos.
c. El cambio de mentalidad de los accionistas de la empresa, quienes veían en el Patronato, una pesada carga difícil de llevar, y ya no surtía los mismos efectos entre la población fabril como en otras épocas. Fue el resultado de un relevo generacional de los empresarios antioqueños, pues pasaban de un pensamiento paternalista, de divulgación del ideal de vida cristiana, de alianza con la Iglesia Católica; a un pensamiento técnico de influencia norteamericana, que se inspira en una nueva metodología de administración.
d. Una secularización social creciente en la sociedad bellanita. Un síntoma de esto era el crecimiento de las voces de las obreras en el sentido de cuestionar y manifestar su descontento ante la disciplina rígida y la religiosidad obligatoria. Por otra parte, el sindicato de la Empresa, de clara tendencia anapista y quien se había desafiliado de la UTC, acusaba a las hermanas de espionaje.[23] Todo este clima configura pues una nueva situación que pone en entredicho la esencia misma del Patronato: disciplinar, moldear, cristianizar, domesticar una masa de trabajadores al servicio de Fabricato.
Finalmente, el Centro de Historia de Bello espera que el presente trabajo sea un impulso a la protección de este importante Patrimonio Arquitectónico, que se encuentra deteriorado en su estructura, descuidado en su conservación y olvidado por los bellanitas. Es también la oportunidad para divulgar la historia de sus protagonistas, de cada mujer obrera que participó de su desarrollo y de los beneficios sociales y culturales que difundió a la población. Igualmente es dar a conocer la obra social de Fabricato, apoyado en la Comunidad Religiosa de la Presentación, que influyó en varias generaciones de obreros, con su restaurante industrial, su internado y su Centro Cultural.[24]
NOTAS
[1] Citado por OSPINA, E. Livardo, En: Los Hilos Perfectos: crónica de Fabricato en sus 70 años. Edición Fabricato, Medellín: Editorial Colina Ltda, 1990, páginas 28-29.
[2] MAYOR, Alberto. Ética, trabajo y Productividad en Antioquia.Medellín: Tercer mundo editores, 1989, Notas 59, 60, página 343
[3] Sobre el padre Rogelio Arango, se afirma en la Crónica del Patronato que “mientras se obtenía capellán, suplió durante seis meses, venía todos los días a dar la Sagrada comunión y los domingos celebraba la Santa Misa”.Bedoya fue capellán de la fábrica y dirigió el periódico El Telar, durante sus últimos años.
[4] Revista Fabricato al Día, No. 4, septiembre de 1959, paginas 30-31.
[5] Periódico El Telar, titular: “Centro Cultural Fabricato”, No 61, 15 de diciembre, 1947, página 7.
[6] Suramericana de Seguros. Historia de Medellín. Medellín: Suramericana, Tomo II, página 419.
[7] MAYOR, Alberto. Op.cit., página 262 y pies de páginas.
[8] Revista Fabricato al Día, No. 45, agosto de 1963, “Apuntes Históricos”, páginas 20-21.
[9] MOLINA, Luís Fernando y VAN BROECK, Anne Marie. “La Presencia belga en Colombia: ciencia, cultura, tecnología y educación”. En:Boletín Cultural y Bibliográfico, Banco de la República, No. 44. Vol. XXXIV, 1997. Ver también: “Agustín Goovaerts: representante de la arquitectura modernista en Colombia”. Ibid, No. 34, Vol. XXX, 1993. En: Folleto Palacio de la Cultura. 1990.
[10] LONDOÑO, Patricia. “Religión, Iglesia y Sociedad, 1880-1930”.En: Historia de Medellín, Tomo II, pág. 417.
[11] Crónica del Patronato. 1938 – 1946. Anónimo. Sala Histórica de Fabricato.
[12] Por ejemplo, entre 1916 y 1928 la proporción de las obreras textiles que venían de fuera de Medellín aumentó del 50% al 71.9% (Ospina Vásquez, informe del Secretario de Gobierno de Antioquia 1929. En: MAYOR, Alberto. Op.cit. página 255.
[13] Centro de Investigaciones Sociales. “Estudio sobre Desarrollo y Relaciones Industriales”. Bogotá, 1965, página 87.
[14] Ibíd. En la Crónica se mencionan varias personas: Martina González, Inés Tamayo (hermana Benilda), Flor Munera (hna Flora), Teresa Carmona (hna María Isidoro del Carmen), Olga Moreno (hna. Beatriz), Aura Restrepo, Carmen Botero, Esperanza Lujan, Alicia Vanegas, Carmen Varela, Ninfa Bonilla, Pastora Delgado, Carlina Zapata, Isabel Uribe, Isabel Uribe, María del Carmen Ramírez, entre otras.
[15] Crónica del Patronato. 1938 – 1946. Anónimo. Sala Histórica de Fabricato.
[16] Entrevista a Ninfa Calle, noviembre de 2007.
[17] ARANGO, Luz Gabriela. Mujer, religión e industria. Fábricato: 1923-1982. Medellín: Editorial U. de A., abril 1991. Cita de Periódico del 14 de octubre de 1950, página146.
[18] Revista Fabricato al Día, No. 28, octubre, 1961. “Hablan los bibliotecarios”. pagina 29.
[19] Crónica del Patronato. 1938 – 1946. Anónimo. Sala Histórica de Fabricato.
[20] Periódico El Telar, 18 de abril de 1947, No. 50, año V, página 1.
[21] Revista Fabricato al Día, No. 3 agosto de 1959, página 10.
[22] Editorial del Periódico El Telar, No. 50, Bello, viernes 18 de abril de 1947, página 3.
[23] ARANGO, Luz Gabriela. Las Obreras en la industria textil (1960-70). En: Historia de Medellín, Tomo II,pagina 495.
[24] Agradecemos especialmente a la Directora del Centro de Publicaciones de Fabricato, Alba Lucía Marín Henao y su Secretario Porfirio Escobar, quienes contribuyeron al acceso del material de la Sala Histórica.
